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| Construida sobre la colina de la Sabika, de gran verdor,
la Alhambra domina el Albaicín y la ciudad. Los árabes la denominaron al-Qala
al-Hamra, el castillo rojo, por el color de la arcilla que se empleó para la
edificación, y del que toma su nombre al-Hmra, Alhambra. Desde Muhammad ben
Yusuf en 1238, pasando por Yúsuf I y Mohamed V...
y hasta después de la reconquista con Carlos V, se le fueron añadiendo construcciones
hasta convertira en la mayor ciudadela del occidente musulmán. Su Historia
Construida sobre la colina de la Sabika, de
gran verdor, la Alhambra domina el Albaicín y la ciudad. Los árabes denominaron a esta
fortaleza al-Qala al-Hamra, el castillo rojo, por el color de la arcilla que se
empleó para la edificación del conjunto procedente de la colina sobre la que se emplaza.
La derivación de al-Hamra en castellano dio Alhambra, nombre que recibe esta
impresionante ciudadela.
La historia de la Alhambra comienza hacia
el s IX con la conquista de la fortaleza que se asentaba en el lugar en el que hoy día se
encuentra la Alcazaba. El conquistador de esta fortificación, y fundador de la Alhambra,
fue Muhammad ben Yusuf ben Nasr en el año 1238.
Comienza así la dinastía nazarí y el
Reino de Granada, pero pronto a sus sucesores la Alcazaba se les quedará pequeña y
empezarán la construcción de palacios, baños, escuelas, mezquitas... para llegar a
convertirse en el mayor centro político y aristocrático del occidente musulmán. Dicho
esplendor se debió especialmente a Muhammad ben Nasr, quien defendió su reino con un
juego de treguas que requería de una importante actividad diplomática. Pero fueron otros
reyes los que impulsaron verdaderamente la construcción de la Alhambra: Yusuf I y
Muhammad V. Éstos dieron a la construcción el aspecto que hoy podemos admirar.
A
Yúsuf I (1333-1353) y Mohamed V (1353-1391) les debemos la inmensa mayoría de las
construcciones de la Alhambra que han llegado a nuestra época. Desde la reforma de la
Alcazaba y los palacios, pasando por la ampliación del recinto amurallado, la Puerta de
la Justicia, la ampliación y decoración de las torres, construcción de los Baños y el
Cuarto de Comares, la Sala de la Barca, hasta el Patio de los Leones y sus dependencias
anexas. De los reyes nazaríes posteriores no se conserva prácticamente nada |
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| Ya a finales del s.XV, y siendo rey Boabdil El Chico,
los Reyes Católicos darán por finalizada la multisecular Reconquista con la toma de la
Alhambra en1492. Las causas de la caída del reino granadino se debieron, según muchos
historiadores, a la ociosa vida de Boabdil, lo que provocó la relajación en sus tareas
defensivas. Prueba de ello puede ser que al entregar Boabdil la llave de la ciudad a los
Reyes Católicos, y mientras derramaba algunas lágrimas, fue su propia madre quien le
dijo: No llores como mujer lo que no has sabido defender como hombre. Tras arrebatar el último reducto de la dominación
musulmana a Boabdil, el rey moro y su séquito fueron desterrados de Granada y les fue
cedido un pequeño territorio en las áridas Alpujarras, donde aguantarían aún unos
años. Camino de su destierro, Boabdil no osó girar la mirada hacia Granada, y sólo
cuando estuvo a mucha distancia, sobre la colina conocida por El Suspiro del Moro
se detuvo y observando por última vez su palacio... suspiró.
De la época de los Reyes Católicos hasta
nuestros días podemos destacar la demolición de parte del conjunto arquitectónico por
parte de Carlos V para construir el palacio que lleva su nombre, la construcción de las
habitaciones del emperador y el Peinador de la Reina y el abandono de la conservación de
la Alhambra a partir del siglo XVIII. Durante la dominación francesa fue volada parte de
la fortaleza y hasta el siglo XIX no comenzó su reparación, restauración y
conservación que se mantiene hasta la actualidad.
La Ciudadela y sus Leyendas
El mejor camino para acceder al Conjunto
Monumental es la Cuesta Gomérez que se inicia en Plaza Nueva. Al final de esta cuesta el
viajero encuentra la puerta de las Granadas, obra de Pedro Machuca, arquitecto del Palacio
de Carlos V. Es paso franco hacia los bosques de la Alhambra donde se escucha el rumor del
agua en las acequias y fuentes que salen al paso.
Cuenta la leyenda que tal era la
magnificencia de esta entrada a la Alhambra, que se aseguraba que no existía caballero
que, montado en su cabalgadura y portando su lanza, consiguiese tocar con la punta de
ésta la mano esculpida en lo alto del arco exterior... Tan convencidos estaban de ello,
que aseguraban que quien consiguiese tal proeza conquistaría el trono de la Alhambra.
Cabe tener en cuenta que esta era una leyenda muy extendida debido a la condición de inexpugnable
de la que siempre gozó la Alhambra, y la cual hoy día nadie pone en duda. |
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| Otro relato legendario nos habla de que la dedicación puesta en
la construcción de la Alhambra, tanto en lo decorativo como en lo arquitectónico. Se
asegura que tan sumamente recia era su construcción que, aún recibiendo el ataque de mil
ejércitos enemigos, jamás caería. Así pues, el día que la llave del arco interior de
la Puerta de la Justicia y la mano de su arco exterior se unan... ¡habrá llegado el fin
del mundo!, pues esto significaría que la Alhambra estaría en ruinas. La Alhambra, por otra parte, puede considerarse como
un gigantesco reloj de sol. Esto se debe a que a la hora del mediodía solar todas
las dependencias quedan divididas justamente por la mitad debido a la sombra. De la misma
manera que en un reloj solar se puede seguir el paso de las horas por el corrimiento de la
sombra en cada una de sus estancias. Este hecho es más fácil de observar en invierno,
debido a la baja órbita del Sol.
La Alcazaba es la edificación más antigua
del recinto y su construcción se remonta al siglo XI. De carácter militar, es
independiente del resto del conjunto. En uno de sus vértices se halla la Torre de la Vela
desde la que se abarca un gran horizonte. Las torres del Homenaje y Quebrada se alzan en
el lado opuesto. Desde la Alcazaba se accede al Palacio Real a través de la Puerta del
Vino, una bella entrada con doble arco de herradura datada en tiempos de Muhammad II.
Después, se franquea un pequeño patio de ingreso del que únicamente quedan los restos y
se entra en el patio de Machuca, donde guardaba sus planos y diversos materiales el
arquitecto Pedro Machuca. En tiempos árabes, éste era el patio del Mexuar.
Tras este patio, se encuentra el Mexuar
(1356). Este era el lugar donde el monarca recibía a sus súbditos y se reunía el
consejo de ministros. En la puerta a la Sala de Mexuar, entrada a los Palacios Nazaríes,
existía un azulejo en el que podía leerse: Entra y pide. No temas pedir justicia, que
hallarla has. Se explica esta frase por la cualidad judicial que poseía el sultán en
su época, conocido por sus justas e imparciales sentencias.
Desde el Mexuar se accede al Cuarto Dorado;
su fachada sur resalta por su gran belleza y muestra tres arcos peraltados en la planta
baja y una doble ventana con columna de mármol en la planta alta. Frente al Cuarto
Dorado, que muestra una bella techumbre renacentista, puede admirarse la fachada del
Palacio de Comares. El visitante llega por un pasillo al patio de Comares conocido
también como de la Alberca y de los Arrayanes. Su alberca, de 34 m de largo por 7 m de
ancho, está enmarcada por dos pórticos de siete arcos y columnas de mármol. |
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| Atravesando el pórtico norte de este patio se encuentra la Sala
de la Barca -o de barahka que significa bendición. La bóveda que el
visitante puede contemplar en la actualidad en este lugar es posterior a 1890, año en que
un incendio hizo desaparecer la original. Un pasadizo nos conduce a la Sala de Comares,
una de las más grandes de este palacio y donde se estableció el salón del Trono,
también conocido como salón de Embajadores por ser éste el lugar donde se recibía a
las delegaciones extranjeras. Posee nueve balcones que en su día estuvieron decorados con
vidrieras y los arcos centrales son gemelos que descansan sobre una columna de mármol.
Asimismo, muestra un zócalo de azulejos esmaltados y las paredes están recubiertas de
yesería. Una escalera nos lleva a
la sala de Baños que conjuga la sala de Baños y la sala de las Camas, restaurada ésta
última en el siglo XIX. Tampoco hay que dejar de visitar el Peinador de la Reina, una
torre alzada al norte de la muralla. Atravesando un pasadizo que parte de la sala de
Comares se accede al Cuarto de los Leones, lugar que perteneció al originario Palacio
Real, y que rodea el Patio de los Leones, el más famoso de la Alhambra. El conjunto fue
impulsado por el rey Muhammad V. La fuente de los Leones es un ejemplo universal de
estética, equilibrio e imaginación constructiva. En su lado norte se halla la sala de
Dos Hermanas con el techo de mocárabes y una puerta comunica con el bello mirador de
Daraxa. Cercana, en la magnífica sala de los Abencerrajes, con su fuente de mármol,
todavía resuenan los ecos de la dramática matanza de los guerreros de esta familia
aristocrática.
El nombre de Abencerrajes
perteneció a una muy importante familia de la nobleza de la época, que tenían sus
viviendas en el interior de la Alhambra. Dice la leyenda que esta familia tenía como
rival político a otra llamada Zenetes, los cuales decidieron acabar con sus
oponentes mediante una conspiración... Así, inventaron una relación amorosa entre la
sultana y uno de los Abencerrajes, para conseguir despertar los celos y la ira en el
sultán. El sultán, cegado por la consternación, y en ocasión de una fiesta en la sala
que lleva el nombre de la familia, hizo decapitar sobre su fuente a los 37 caballeros que
llevaban el nombre de Abencerrajes. Se cuenta que el color rojizo que aun hoy día se
puede contemplar en la taza de la fuente, y en el canal que lleva su agua hasta la Fuente
de los Leones, se debe a las manchas de la sangre de los caballeros asesinados... Aunque
en este caso es difícil discernir donde acaba la historia y donde empieza la leyenda.
En las cúpulas de los aposentos de la Sala
de los Reyes, al oriente del patio de los Leones, se conservan pinturas sobre cuero que
representan a diferentes monarcas nazaritas. Veintidós son las torres que se alzan sobre
las murallas del conjunto de la Alhambra, entre ellas destacan: las Torres Bermejas
construidas en 1240, de las Damas -junto al Partal-, de la Cautiva, de las Infantas, de
los Picos, del Candil, de Hierro, de Siete Suelos, de la Justicia o de las Granadas. Junto
a la Puerta del Vino se alza el palacio de Carlos V, obra realizada por Pedro Machuca en
el siglo XVI y concebida como residencia de este emperador. Es un edificio de dos plantas
y muestra portada almohadillada. En la actualidad, tiene su sede en el mismo el Museo de
la Alhambra y el de Bellas Artes con muestras de pintura y escultura de la escuela
granadina.
El palacio del Generalife se halla sobre el
cerro del Sol y frente a la Alhambra. Data de principios del siglo XIV como indica la
lápida dedicada a Ismail I. De reducidas dimensiones, es un palacio con una excepcional
combinación de jardines en terrazas, estanques, fuentes y surtidores organizados
alrededor del patio de la Acequia que muestra vistosos juegos de agua. Desde el patio del
Ciprés de la Sultana es posible disfrutar del olor de jardines perfumados y de la vista
de la escalera del Agua o de las Cascadas. El teatro del Generalife acoge la celebración
del Festival Internacional de Música y Danza. El cercano convento de San Francisco, hoy
Parador de Turismo, guardó durante algún tiempo los restos de los Reyes Católicos. |
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| Más allá del Generalife, cuando se observa desde
la Alhambra, puede observarse una desnuda y pelada colina que está coronada por unas
ruinas. Aún hoy día esta colina es conocida como La Silla del Moro. Esto se debe
a que, debido a una insurrección en la Ciudad de la Alhambra, el rey Boabdil tuvo que
buscar refugio en este monte. Fue desde allí donde se sentó tristemente a contemplar su
amotinada Alhambra... Las
leyendas, relatadas por Washington Irving en Cuentos de la Alhambra,
diplomático, historiador y viajero norteamericano, que la visito a principios del s
XIX muestran el hechizo y las leyendas más allá de su momento, incluiso una vez
expulsado el rey boabid, como pone de manifiesto la leyenda del Soldado Encantado.
Existió en la antigüedad, nos relata la leyenda, un estudiante de Salamanca que durante
el verano se dedicaba a viajar y, cantando al son de su guitarra, conseguía fondos para
pagar sus estudios. Llegado a Granada, y celebrando la víspera de San Juan, reparó en la
presencia de un extraño soldado ataviado de lanza y armadura. Preguntándole a éste por
su identidad, el soldado dijo estar padeciendo un encantamiento desde hacía 300 años: un
alfaquí musulmán le conjuró a montar guardia al tesoro de Boabdil por toda la
eternidad, dándole sólo licencia para salir de aquel escondrijo una vez cada 100
años...
Preguntó el estudiante cómo podía
ayudarle. El soldado le ofreció la mitad del tesoro por él custodiado si le ayudaba a
romper el hechizo: se precisaba de un sacerdote en ayuno y una joven cristiana. La joven
no fue difícil de hallar, pero el único cura que encontró era un obeso adorador de los
manjares, por lo que mucho le costó convencerlo, y sólo con la promesa de riqueza
aceptó ayudarle.
Subieron aquella noche hasta el escondite,
sito en la Alhambra, portando una cesta de comida para que el párroco saciase su gula una
vez acabado el trabajo. Llegado ante una torre, las piedras de su pared se abrieron a la
orden del soldado, dejando al descubierto una estancia con el formidable botín... Una vez
dentro, y mientras realizaban el sortilegio, el hambriento cura se abalanzó sobre la
cesta y devoró un grueso capón. De repente estudiante, muchacha y sacerdote se
encontraron en el exterior de la torre y la entrada sellada... ¡el hechizo se había roto
demasiado pronto! Fue así como el soldado perdió la oportunidad de escapar de tan
cruel castigo, y los demás sus sueños de riquezas. Aunque al estudiante le pesaban los
bolsillos, lo que le permitió vivir en paz y amor con la bella joven cristiana... |
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