01. |
Salimos al
mundo a la búsqueda de nuestros sueños e ideales, pese a saber que a menudo
imaginamos en lugares remotos lo que en realidad está al alcance de nuestras
manos. Cuando descubrimos el error, nos damos cuenta del largo tiempo que
perdimos buscando tan lejos aquello que teníamos tan cerca. Nos dejamos
entonces atormentar por el sentimiento de culpa, por los pasos errados, la
vana búsqueda y el dolor que causamos.
No debería
ser así: aunque el tesoro que anhelas esté enterrado en tu casa, sólo lo
encontrarás cuando te alejes. Si el hijo pródigo no lo hubiese abandonado
todo, su padre jamás lo habría recibido a su vuelta con tan gran regocijo.
Existen en
nuestras vidas ciertas cosas marcadas con un sello que reza: sólo cuando
me hayas perdido y recuperado, apreciarás mi valor. De nada sirve
intentar acortar este camino. En Japón, fui invitado a visitar el templo zen
budista de Guncan-Gima. Al llegar allí, me sorprendió que la bellísima
estructura, situada en medio de un bosque inmenso, estuviera junto a un
gigantesco terreno baldío.
Cuando le
pregunté al encargado por aquel terreno, me explicó: Es el lugar de la
próxima construcción. Cada 20 años destruimos este templo que está usted
viendo, y lo volvemos a construir al lado. De esta forma, los monjes
carpinteros, pedreros y arquitectos pueden siempre ejercer sus habilidades,
y enseñárselas, a través de la práctica, a sus aprendices. También mostramos
con ello que nada en la vida es eterno, pues incluso los templos están en un
proceso de constante cambio y perfeccionamiento.
Si el camino
que recorres es el de tus sueños, comprométete con él. No dejes abierta la
puerta de salida, con la excusa de que esto es más
o menos, pero no es lo que busco. Esta frase tan utilizada guarda dentro
de sí la simiente de la derrota.
Asume tu
camino. Aunque hayas de dar pasos en falso, aunque tengas que destruir y
construir constantemente, aunque sepas que puedes dar más de ti. Si aceptas
tus posibilidades en el presente, con toda certeza mejorarás en el futuro.
Al maestro
Achaan Chah le dieron una hermosa parcela para que construyese en ella un
monasterio. Chah debía emprender un viaje y ausentarse por un tiempo, así
que dejó la construcción en manos de sus discípulos.
A su vuelta,
cinco meses más tarde, las obras no habían empezado todavía. Los discípulos
habían encargado varios estudios a los arquitectos locales. Uno de ellos le
preguntó a Chah: ¿Cuál de los proyectos debemos llevar adelante? ¿Cómo
proceder para tomar la decisión acertada?
Chah
respondió: Cuando se quiere el bien, los resultados son siempre buenos.
Liberados así
del miedo a errar, tomaron una decisión y el resultado fue magnífico.
De la misma manera, afronta tu camino con valentía, no temas la
crítica de los demás. Y sobre todo, no dejes que tu
propia crítica te paralice.
IMAGENES
01: Buscando el
camino perdido. |