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Sus
enseñanzas, que a la manera de los yoguis reúnen un sistema filosófico y una gimnasia
del cuerpo y del espíritu, optaban por el Cuarto Camino. Al margen de la
renuncia ascética, su opción preservaba para el hombre moderno la
búsqueda del conocimiento y el crecimiento personal en la misma cotidianidad de sus
vidas. El eneagrama o las danzas sagradas complementaban así una vía
que perseguía domeñar al ego para ponerlo al servicio de la conciencia.
Gurdjieff nació en Alexandropol, provincia de Kars (Rusia) el 1 de enero de
1877. El padre Borsch, deán de la catedral de Kars se encargó de su educación con miras
a que fuera sacerdote y médico. Mientras se preparaba para estas carreras, el muchacho
adquirió destreza en varios oficios. Durante el período siguiente, que abarca unos
veinte años, Gurdjieff prácticamente desapareció, recorriendo Asia Central con
un grupo de compañeros. Estos años fueron cruciales en la formación de su personalidad
y en su obra Meetings with remarkable men, que puede ser considerada una
autobiografía psicológica, se refiere a sus peregrinajes y nos hace conocer algunos de
sus acompañantes en esta singular aventura. También habla de su incesante búsqueda de
un real y universal conocimiento aunque nunca revela el secreto de las verdades
descubiertas
Reapareció en Rusia en 1913 y se dedicó a enseñar sus teorías a varios
grupos de discípulos en Moscú, San Petesburgo y Tiflis. De esta época data su encuentro
con el matemático ruso P.D. Ouspensky, quien llegó a ser su principal discípulo y el
más lúcido exponente de sus doctrinas. Posteriormente, huyendo de la revolución rusa,
se refugió en Constantinopla, y en 1922, después de visitar Inglaterra, fundó en Avon
(Fontainebleau), cerca de París, el Instituto para el Desarrollo Armonioso del Hombre,
que fue visitado por muchas personalidades deseosas de conocer al extraño filósofo.
Viajó después a Estados Unidos para difundir sus teorías y organizar
una filial para el instituto. A su regreso, en 1924, sufrió un serio accidente
automovilístico que le hizo abandonar sus planes de impartir enseñanzas personales.
Redujo entonces la actividad del Instituto y se dedicó a escribir algunos trabajos.
Su sistema, llamado el Cuarto Camino, pretende actuar
simultáneamente sobre los aspectos físico, emocional y mental. A diferencia de los tres
caminos de desarrollo que se consideran tradicionales: el del fakir, el monástico y el
yoga, que parten de una renuncia a todo lo que es de este mundo, la opción de Gurdjieff
preserva para el hombre moderno la búsqueda del conocimiento y el crecimiento persona en
la condicion cotidiana de su vida orinaria.Sirviéndose para ello, en su parte práctica,
de métodos psicológicos y entrenamientos que incluyen danzas derviches del Asia
Central, pruebas de respiración y posturas. El ocultista más extraño del siglo XX
falleció el 29 de octubre de 1949 en París, Francia.
NUESTRA VIDA CON GURDJIEFF. DE LAS MEMORIAS DE THOMAS DE HARTMAN
Demasiado humano para ser el diablo, demasiado inhumano para ser un santo,
Gurdjieff se llevó consigo el secreto de su naturaleza al morir en noviembre de 1949, a
la edad de ochenta y tres años, porque ya no estaba decidido a vivir, dejando
una obra voluminosa y oscura titulada All and Everything (Todo y el Todo ).
Georges Ivanovich Gurdjieff nació en Alejandropol (hoy Leninakan ) en Armenia, alrededor
de 1866. Sus padres eran griegos del Asia Menor, y su padre parecía poseedor de una
cultura muy antigua. Es verosímil que desde su infancia Gurdjieff se haya bañado en la
atmósfera de ritos adivinatorios propios de la antigua Rusia. Sus primeros años, informa
Ouspensky, transcurrieron en una atmósfera de cuentos de hadas, de leyendas y de
tradiciones. A su alrededor, lo milagroso había sido un hecho real. Predicciones oídas
por él y a las cuales sus allegados acordaban fe completa, se llevaron a cabo y le
abrieron los ojos respecto a muchas cosas.
Fue preceptor del Dalai Lama
Después de seguir cursos de preparación para el sacerdocio en el
seminario de Alejandropol (cuyos muros albergaron también a Stalin), Gurdjieff opta por
estudios de medicina y ejerce, sin duda un año o dos, antes de abandonar el Cáucaso para
emprender viajes que cubren un período de veinte a veinticinco años, durante los cuales
sus huellas se vuelven más inciertas.
Atraído por el Oriente de los magos y los sabios, visita los sitios
máximos del Conocimiento: el Chitral, el monte Athos, escuelas en Persia, en Bojara y en
el Turquestán oriental. Según sus propias declaraciones, formó parte de un grupo que
incluía a sacerdotes, sabios, médicos, eruditos que se habían tomado la tarea de
recorrer el mundo en busca del conocimiento cuya revelación esperaban tener por medio del
estudio de prácticas y doctrinas esotéricas del Oriente. Esta búsqueda, siempre según
las afirmaciones de Gurdjieff, lo llevaron a codearse con derviches de diferentes
órdenes. De todos modos, parece que sus desplazamientos tuvieron otro fin, secundario tal
vez, y no menos turbador. Según Rom Landau, Gurdjieff habría sido el principal agente de
informaciones ruso del Tibet, encargado por las autoridades tibetanas de diversos puestos
de control financiero y del armamento de las tropas. Su cultura espiritual lo habría
elevado al grado de preceptor del Dalai Lama, a quien habría acompañado en su fuga
cuando los ingleses invadieron el Tibet. Esta última circunstancia explicaría cierta
desconfianza a su respecto de parte del gobierno inglés.
En cambio, sus actividades de agente secreto le habrían valido la
benevolencia de Poincaré, que autorizó personalmente su instalación en Francia. Sea
como sea, cuando regresó a Rusia alrededor de 1914, a la edad de 46 años, Gurdjieff
llevaba consigo un conocimiento profundizado de los bailes, música y doctrinas de las
religiones iniciáticas orientales, y nada impide pensar que pudiera estar encargado por
alguna sociedad secreta, de llevar la buena palabra al Occidente. En los cafés de Moscú
y San Petersburgo comenzó a formar adeptos, y en junio de 1917, tras una breve estadía
en Alejandropol, se instaló en Essentuki, en el Cáucaso, con algunos discípulos.
Sus enseñanzas, que a la manera de los yoguis reúnen un sistema
filosófico y una gimnasia del cuerpo y del espíritu, extrae su gran originalidad del
hecho de que los productos antiguos del saber humano, y los métodos del espíritu
occidental, se hallan estrechamente mezclados. Entre otras cosas se trata de conducir a
los discípulos a la toma de conciencia de sí y al dominio perfecto del cuerpo, por medio
de métodos que se remontan a una psicología de vanguardia, tanto como a las antiguas
disciplinas. La difusión del Eneagrama -que también se le atribuye- como método de
autoconocimiento es originario de Persia y Afganistán, penetrando posteriormente entre
los circulos musulmanes. Tenía como objeto conocer nuestras compulsiones, nuestro
carácter o nuestra personalidad, con el objeto de trabajar sobre ellas hasta obtener
nuestra libertad.
Mientras tanto, se desencadena la guerra civil, y la marea revolucionaria
alcanza poco a poco el sur de Rusia, obligando constantemente a Gurdjieff y a sus
compañeros a replegarse, primero a Tiflis, donde será fundado el primer Instituto para
el Desarrollo Armónico del Hombre; luego a Constantinopla, Berlín, Londres y por fin a
Fontainebleau. Es en esta última localidad, en el Priorato de Avon, será donde comienza
en 1922 su verdadera carrera pública. Las giras por Norteamérica alternan con
representaciones en París del gran ballet La Lucha de los Magos, que preparó
minuciosamente. Discípulos llegados de todos lados se unieron en esta extraña colonia,
donde se aprende a conocerse dedicándose veinte de cada veinticuatro horas a
labores de excavación, albañilería, así como a una extraña gimnasia y ejercicios de
concentración.
Los psicoanalistas se codean con ex-astros y mujeres de letras. Se hablan los
idiomas más diversos. Juntos tiemblan bajo la férula del maestro, en una atmósfera de
hipnosis colectiva. Sobre este período y sobre los años que siguen, se poseen numerosos
testimonios, entre ellos los de René, Barjavel, Louis Pauwels, Pierre Schaeffer,
Georgette Leblanc, Dorothy Carrruse, Katherine Mansfield y numerosas personalidades más.
¿Pero qué se han hecho de los discípulos de la primera hora? En su mayor parte, parecen
haber desaparecido. Sobre las actividades de Gurdjieff en París, y sobre la odisea que
debía conducirlo a París -donde murió en 1949, en el hospital norteamericano de
Neuilly- el diario de Thomas de Hartman, que con los escritos de Ouspensky es quizás el
único documento existente, proporciona valiosas indicaciones.
Extraordinario ascendiente
La cuestión es la siguiente: con su nivel actual de existencia, el
hombre no posee un alma inmortal e indestructible. Pero, con cierto trabajo, el mismo se
puede forjar un alma inmortal, de manera que este conjunto alma-cuerpo, recién formado,
no quede subordinado a las leyes del cuerpo físico y pueda continuar existiendo después
de la muerte de dicho cuerpo físico. Pero hay algo que quizás los desconcierte. Por lo
general, se supone que el conocimiento elevado se dispensa gratuitamente; sin embargo, en
este caso, si su esposa y usted quieren unirse a esta tarea, deberán pagar cierta suma de
dinero. Se trataba de unos 1.000 dólares.
Era el otoño de 1916. Rusia hacía la guerra y se incubaba la lIamarada
revolucionaria. Mientras tanto, los dos hombres que filosofaban en Tzarskoie-Selo tomando
el té, tenían preocupaciones muy diversas de la política contemporánea. El objetivo de
su vida era la búsqueda espiritual, y buscaban a Dios, una fe, un hombre o tal vez
simplemente a sí mismos. Zaharoff, un matemático distinguido, que acababa de hablar,
daba a entender que había descubierto un camino. Su interlocutor, Thomas de Hartman, un
joven compositor ya célebre, que pertenecía al cuerpo de oficiales de reserva de la
guardia zarista, ardía por enrolarse a su vez cualesquiera fuesen las condiciones. Luego
de esta entrevista, Zaharoff prometió organizar una entrevista con el que poseía las
Ilaves del Conocimiento. Thomas de Hartman esperó varios meses este momento, hasta que
finalmente fue fijado un encuentro en San Petersburgo, en un bar bastante dudoso de la
avenida Nevski. Más tarde confesaría : Si alguien se hubiera enterado de mi
presencia allí, me habría visto obligado a abandonar el regimiento. Pero también
reconoce que sin duda Gurdjieff había querido probar hasta que punto era capaz de hacer
abstracción de las convenciones sociales. Gurdjieff llegó con dos acompañantes. Thomas
de Hartman (como más tarde otras personas), lo identificó rápidamente por sus ojos de
profundidad y penetración poco comunes. El joven compositor jamás se había encontrado
con tal mirada.
La fisonomía de Gurdjieff era la de un apuesto oriental, de cráneo
afeitado, piel oscura, bigote retorcido y negro. Sus orejas eran asombrosamente
puntiagudas, y su boca, que nunca estaba del todo cerrada, descubría los dientes. La
conversación fue breve. Gurdjieff planteó algunas preguntas, a las cuales Hartman
respondió que sin progreso interior no se sentía vivir, y que él y su esposa
buscaban un medio para desarrollarse. Se decidió que Hartman iría a instruirse casa
de Ouspensky. Volvió a ver a Gurdjieff recién en febrero de 1917, en ocasión de una
reunión en cuyo transcurso le presentó a su esposa Olga.
Mientras tanto, estallaba la Revolución, cuyo centro fue Petrogrado. El
marxismo, el colectivismo y la planificación estaban en marcha. El ejército blanco,
desorganizado por los agitadores, sé desvanecía poco a poco. Gurdjieff se encontraba
entonces en el Cáucaso. Hartman que acababa de escapar de un motín de soldados, pidió
ser enviado a Rostov, en el sur de Rusia, todavía no alcanzado por la Revolución, y
partió con su esposa hacia Essentuki. Se encontraron con Gurdjieff y algunos discípulos
en una casa pequeña, muy sencilla, y el trabajo comenzó desde la primera tarde. Una vez
que todos tomaron té, Gurdjieff ordenó que retiraran la mesa, e hizo poner a los
concurrentes en fila, en medio de la pieza. A su orden de marchen, todos se
pusieron a marchar, a dar medias vueltas, a correr y a ejecutar toda clase de ejercicios
durante largo rato. Al día siguiente, Gurdjieff decidió, según parece, ocuparse de los
dos recién llegados y, tras una marcha forzada a paso gimnástico a través de la aldea,
los hizo participar en una especie de concurso de muecas. Gurdjieff daba el
ejemplo; se trataba de imitarlo. Luego ordenaba detenerse. Todos debían conservar la
expresión fijada en su rostro en ese preciso momento, y Gurdjieff no dejaba de hacerles
notar que repugnantes o chocantes eran los resultados obtenidos.
Fatigaban los cuerpos hasta el agotamiento
Sin embargo, desde aquella segunda noche, Gurdjieff comenzó a hablar de
una próxima partida para Persia, lo cual desesperó a los esposos Hartman. Aunque estaban
un poco perplejos y desorientados por el Trabajo con el maestro, no deseaban separarse tan
pronto de él. Pero, por otra parte, Persia era un país extranjero y Hartman no podía
salir entonces de Rusia sin ser considerado un desertor. Finalmente, decidieron acompañar
a Gurdjieff tan lejos como pudieran, y este último aceptó. En previsión del viaje,
Gurdjieff había adquirido una pequeña carreta y dos caballos jóvenes. Previno a sus
compañeros de ruta que no debían llevar consigo más de lo estrictamente necesario, una
valija pequeña por persona. No obstante cuando los equipajes fueron apilados en la
carreta, no quedó sitio más que para el conductor, el mismo Gurdjieff. Se convino que
este último partiría por la ruta principal, mientras su esposa, los Hartman y algunas
personas más tomarían un atajo a través de las montañas.
Esta primera jornada de viaje fue agotadora. Sin embargo al llegar, el
maestro les participó su intención de seguir la marcha. Entonces comenzó para los
viajeros un verdadero esfuerzo, que no tardó en convertirse en un suplicio. El viaje ya
había durado casi doce horas. Los pies les sangraban; la carreta iba a buen paso. Además
Gurdjieff había anunciado que deseaba cumplir una etapa más, pero sin decir dónde ni
cuando pensaba detenerse. De tal modo, la incertidumbre se sumaba a los tormentos de los
neófitos, y tal cosa era bien propia del maestro que más tarde, en el Priorato de Avon,
obligaba a sus discípulos a trabajar hasta la fatiga extrema, sin fijar hora de descanso.
Aquella noche, cuando por fin Gurdjieff decidió acampar, en pleno bosque y bajo la
lluvia, sus acompañantes todavía debieron ocuparse de los caballos, del fuego y de otros
mil detalles, antes de tener derecho al sueño, con excepción del infortunado Hartman,
que se vio designado para montar guardia y no durmió esa noche.
Al día siguiente, después de haber despertado a sus compañeros al alba
para una nueva jornada de marcha, Gurdjieff, sin consideración por su fatiga, pidió a
Hartman como favor especial que trepara en la carreta y se sentara sobre los equipajes,
posición muy incómoda que no le permitía cerrar sus ojos, pues amenazaba caer.
La enseñanza comenzaba por pisotear el Yo
Cosa sorprendente, durante toda esta expedición, que duró varios días a
través del Cáucaso, y pese al humor aparentemente fantástico y terriblemente
autoritario del jefe, ninguno de los participantes parece haber tenido el menor movimiento
de revuelta. Algunos de los que visitaron siete u ocho años más tarde, la colonia de
Fontainebleau-Avon, sostuvieron que los discípulos de Gurdjieff, sometidos a condiciones
de vida inverosímiles, eran mantenidos en estado hipnótico. Sentía -escribió
Hartman- que todo lo que ocurría era como un cuento de hadas, en el cual era
necesario hacer las cosas más imposibles para alcanzar su fin. |
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El
objetivo de aquella primera expedición resultó ser, después de muchas pruebas, una
bonita casa oculta entre las rosas, cerca de Sochi, a orillas del Mar Negro, donde
Gurdjieff comenzó a enseñar a sus alumnos ejercicios de concentración y de
auto-observación. Ya no se hablaba de ir a Persia, y podía suponerse que Gurdjieff
jamás había tenido la intención de ir allá. Hablando de ir a Persia, escribe
Hartman, creando toda clase de dificultades emocionales y físicas, había suscitado un
extraño ambiente de obstáculos progresivos que era necesario sobrepasar para obtener
cierto haced en vosotros mismos, cierto yo hago a escala de nuestro desarrollo general.
Sin embargo, agotado por el viaje y por las durísimas labores a que lo sometía
Gurdjieff, Hartman no tardó en contraer la fiebre tifoidea, y tuvo que esperar a estar
convaleciente para reunirse con el maestro en el Cáucaso, donde entretanto había vuelto
aquél.
Finalmente, el grupo volvió a reunirse en Essentuki, donde Gurdjieff
había convocado antiguos discípulos de Moscú y Leningrado, con quienes debía echar las
primeras bases del Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre. Entonces comenzó el
verdadero trabajo. Según su costumbre, Gurdjieff se dedicó a obligar a sus compañeros
para ejecutar labores para las cuales eran especialmente ineptos y a prohibirles toda
clase de costumbres adquiridas. Hartman se vio obligado a privarse de azúcar (que le
gustaba) y a vender en el mercado objetos heterogéneos, trozos de seda y tela
alquitranada, mientras su esposa habituada a ciertos refinamientos, debía comer en un
plato común con otras personas y renunciar a las joyas que más apreciaba (y que, por lo
demás, Gurdjieff le devolvió luego).
Era un estallido de la personalidad por choques sucesivos y un tratamiento
muy eficaz de la voluntad, que complementaba otra forma de enseñanza. Cada noche.
después de cenar, los miembros del grupo se reunían en la habitación de Gurdjieff. El
piso y las paredes estaban cubiertos de tapices. Habitualmente Gurdjieff se instalaba en
una especie de diván; sus discípulos, sentados en esteras, frente a él, se ejercitaban
en mantenerse con las piernas cruzadas a la manera oriental. Por lo general, el maestro
hablaba poco, y nadie debía formular preguntas.
La gimnasia sagrada debía desarrollar la voluntad
Se organizaban igualmente sesiones colectivas, era la gimnasia sagrada.
Esta gimnasia, que empezaba con ejercicios relativamente sencillos, desembocaba en
prácticas de concentración y dominio de la memoria que absorbían al individuo todo.
Otros ejercicios consistían en que los participantes se dejaran caer en montón y se
retorcieran a la manera de un nudo de serpientes, en un entresijo inverosímil de brazos y
piernas. Cuando Gurdjieff gritaba basta, todos debían inmovilizarse en la
posición del momento, lo cual producía composiciones escultóricas de gran belleza.
Al cabo de cierto tiempo, Gurdjieff decidió un período de ayuno
experimental. Separó a los hombres de las mujeres y les prohibió hablarse, salvo una
hora por semana, durante la cual estaban autorizados a salir y pasearse juntos. Además,
les había enseñado cierta cantidad de movimientos especiales para brazos y piernas, cada
posición correspondía a una letra del alfabeto y era ese el único lenguaje permitido en
el interior del Instituto.
Mientras tanto en Rusia aumentaba la confusión política. Los bolcheviques
extendían su poder, y Gurdjieff, que parecía haber tenido cierta premonición de los
sucesos -a menos que haya estado muy bien informado- comenzaba a considerar una segunda
expedición, que debía permitir a su grupo escapar a la zona dominada por los soviets.
Dando prueba de gran habilidad en esa circunstancia, maniobró ante el Soviet de Essentuki
y finalmente obtuvo una autorización y material para una expedición científica al monte
Induc, en el Cáucaso. Gracias a su estratagema, sus compañeros y él mismo se hallaron
en posesión de dos clases de documentos de identidad: unos afirmaban su fidelidad al
nuevo régimen; los otros atestiguaban su pertenencia al antiguo.
Paralelamente a estas tratativas, se preparaban con minuciosidad los detalles
prácticos para esta expedición. Gurdjieff entrenaba, no solamente a los hombres,
obligándolos a llevar a espaldas bolsas repletas de piedras, sino también a sus
caballos, puesto que el viaje incluía etapas por tren y marchas por la montaña. El
Soviet de Piatigorski proporcionó un equipo completo: carpas, hachuelas, picas y un gran
cinturón rojo de bombero, que Gurdjieff se ciñó y que no se quitó durante todo el
viaje. De igual manera se distribuyeron brújulas, y quienes no conocían los astros
aprendieron a reconocer la estrella Polar. Por otra parte, impuso a todos reglas de
disciplina dragonianas y exigía una obediencia ciega. Thomas de Hartman, que temía por
su esposa las fatigas excesivas de esta nueva expedición, vaciló en unirse al grupo,
pero finalmente venció la adhesión de la pareja a Gurdjieff. Partieron y sin duda
salvaron así su vida, puesto que tres semanas más tarde se instaló el reino del terror
en Essentuki donde los antiguos oficiales de la guardia fueron fusilados al borde de la
fosa que se les obligó a cavar. El verdadero objetivo de la nueva expedición era llegar
a Sochi, atravesando una vez más todo el Cáucaso donde, según los azares de la guerra
civil, las poblaciones estaban en manos, ya de los bolcheviques ya de los cosacos blancos.
En la confusión del momento, a veces era difícil adivinar el color político de las
patrullas, y Gurdjieff se había reservado la delicada tarea de identificarlas. Según se
retorciera uno u otro lado del bigote, sus acompañantes sabían que tenían que mostrar
sus antiguos pasaportes zaristas o los que acababan de obtener de los soviets.
Aparentemente, esta técnica jamás falló, y tras muchas privaciones y marchas forzadas,
todos los miembros de la expedición llegaron sanos y salvos a la bonita aldea a orillas
del Mar Negro.
Entonces Gurdjieff anuncio que la expedición concluía, que ya no tenia
dinero, que el grupo quedaba disuelto y que, por su parte, el había decidido quedarse en
Sochi. La mayor parte de los participantes se disperso, a excepción de Thomas y Olga de
Hartman, que permanecieron fieles a Gurdjieff. Para ellos era el comienzo de una nueva
vida. Prácticamente arruinados por la revolución, debieron hacer frente a dificultades
de orden material, para las cuales felizmente los había preparado la ruda escuela del
maestro. La señora de Hartman se acostumbró a las labores domésticas. Thomas de Hartman
volvió a su anterior profesión de música y se dedicó a ofrecer conciertos. En cuanto a
Gurdjieff, organizaba partidas de naipes en el Club de los Oficiales Circasianos, lo cual,
entre otras cosas, le permitía mantenerse al tanto de los movimientos de los ejércitos.
Sin duda, fue luego de una partida de naipes especialmente interesante cuando,
alrededor de mediados de enero, decidió embarcarse con la pareja. Hartman en un incómodo
carguero que los desembarcó en Poti, donde tomaron el tren a Tiflis.
La vida en la capital de Georgia, donde aún reinaba el antiguo régimen, se
organizó pronto bajo la dirección del maestro. Thomas de Hartman escribía críticas
musicales, su esposa cantaba. Gurdjieff, con ayuda de madame de Salzmann (que dirigía una
escuela de baile según las reglas del método Dalcroze) organizaba con éxito las
primeras representaciones de Bailes y Gimnasias Sagradas. En fin, abría su primer Centro
de Trabajo: el Instituto por el Desarrollo Armónico del Hombre, cuyos primeros miembros
fueron cierto doctor S., los matrimonios Salzmann y Hartman. Después de haberse
asegurado un local de vastas dimensiones, Gurdjieff adquirió un piano, al teclado del
cual se instaló Thomas de Hartman.
A decir de este último, el piano no era muy bueno, pero el maestro le
hizo notar que en un buen instrumento puede tocar cualquiera. Y comenzaron las
sesiones de gimnasia, que atrajeron un número creciente de alumnos. Entonces Gurdjieff se
dedicó a dictar el texto de La Lucha de los Magos y luego a preparar su música con la
ayuda de Thomas de Hartman.
En 1922 se instaló en Francia y partió a la conquista de
Occidente
Sin embargo, y pese a sus numerosas ocupaciones, el maestro no perdía de
vista la evolución de los acontecimientos. Se hacía cada vez más evidente que la
Revolución se instalaba, que las resistencias de Koltchak y Wrangel se debilitaba. Antes
que nada, envió a la señora de Hartman a Essentuki, provista de un visado, con el sólo
fin de recobrar los efectos personales de la pareja y unos tapices de muy alto valor que
le pertenecían; luego una noche de verano, sin el menor aviso previo, anunció a los
esposos que debían estar listos para partir hacia Constantinopla. Una semana más tarde
los tres se hallaban en Batum, desde donde se embarcaron a Turquía, y pronto llegaron a
destino, algo deslumbrados por la mezcla de lujos y miseria características de la vida
más oriental de Europa. Aunque los emigrantes llegaron sin dinero, Gurdjieff parecía
confiar siempre en su estrella; que por esta vez se llamó Ouspensky. En efecto, éste
había llegado al lugar y preparado el terreno con el fin de abrir un Instituto. Una vez
más, Hartman comenzó a ofrecer conciertos.
Por su lado, Gurdjieff se ocupó de tratar enfermos por el método
psicológico. Poco a poco, los antiguos alumnos de Tiflis, ellos también emigrados,
fueron a reunirse con ellos y se reanudó el Trabajo. Fue creada la danza de los
derviches, y en la primavera siguiente Gurdjieff se dedicó a trabajar sobre toda clase de
fenómenos extranaturales, tales como el hipnotismo, la acción a distancia y la
transmisión de pensamiento. Según especifica Hartman, sólo era un comienzo, pues más
tarde este programa debía desarrollarse en el castillo del Priorato en Francia. Pero
Gurdjieff pensaba abandonar Turquía. Conduciendo a su equipo, no tardó en tomar su rumbo
a Berlín, donde descansó desde la primavera de 1921 al verano de 1922. A partir de este
momento, Gurdjieff se lanzo a la conquista de occidente.
Su método, reservado hasta entonces a algunos iniciados, iba a enfrentar la
despiadada luz de los reflectores y de la critica, que llego a ver en él un destructor
consciente del pensamiento occidental. Tras haber renunciado a instalarse en Londres,
donde las condiciones no eran favorables, Grujieff decidió fundar su instituto en
Francia, con fondos ingleses. Los discípulos llegaron a París el 14 de julio de 1922, y
enseguida recibieron el encargo de buscar un local adecuado. El Priorato de Avon, cercano
a Fontainebleau estaba en venta por un millón de francos, y para sorpresa general,
Gurdjieff decidió adquirirlo sin haberlo visto. Era un vasto edificio, bastante húmedo e
incómodo, situado en un gran parque abandonado que había pertenecido a Labory, abogado
de Dreyfus. Allí instaló Gurdjieff su colonia, que no tardó en ponerse muy de moda. En
esa época, sus discípulos eran principalmente rusos e ingleses, hombres de letras,
médicos e intelectuales de buena voluntad que aspiraban a la superación o buscaban una
mística. Con el objeto de llevarlos a una toma de conciencia de sí mismos mediante su
sistema de choques sucesivos, Gurdjieff los empleaba en construir baños turcos, aparejar
antiguos galpones que luego servirían para sala de baile, cortar árboles y cuidar el
ganado, vacas, cerdos y cabras. A veces, incluso, las labores exigidas no tenían fin
alguno, las zanjas cavadas a la siesta eran vueltas a llenar por la noche sin haber sido
utilizadas para lo que fuera. Ciertas tareas duraban indefinidamente, y si por ventura
alguien se habituaba a una labor y comenzaba a experimentar satisfacción al cumplirla,
pronto se veía Ilamado para un trabajo del todo diferente. En el Priorato se acostaban
tarde, se levantaban temprano y todos pisoteaban su yo.
La vida en los priorato de Avon era más dura que entre los
trapenses
Dice Thomas de Hartman que a las 6 de la mañana un alumno recorría los
corredores con una campanita y era preciso levantarse con rapidez, bajar al comedor,
tragar café a toda prisa, con un pedacito de pan e ir derecho al trabajo. Gurdjieff
debía distribuirlo de modo que no se perdiera un momento. El trabajo en el exterior
duraba hasta las 7 o hasta la noche, con una breve interrupción para almorzar. A veces
hasta se trabajaba a la luz de lámparas eléctricas. Gurdjieff observaba con severidad a
quien se demoraba en el comedor para fumar o conversar. Por la noche, cuando sonaba la
campana grande, había que cambiarse rápidamente para la cena. La comida se componía de
carne con alubias, arvejas o papas, pan y café. A las 8 se reunían en la sala de trabajo
y hacían gimnasia sagrada.
Gurdjieff inventaba nuevos ejercicios destinadas a desarrollar la
atención, tales como tres movimientos diferentes y simultáneos para la cabeza, los
brazos y las piernas, ejecutados contando, cuyo resultado era el de sustraer al individuo
del flujo de asociaciones de ideas. Según otros testimonios, se practicaban igualmente
ejercicios de contracción de un solo músculo, con exclusión de todos los demás, y
cálculos rápidos como: 2x1=6; 2x2=12; 2x3=22; o incluso 2x2=1; 4x4=13; 5x5=22; obtenidos
agregando o sustrayendo una cifra creciente o constante al resultado (en el primer caso se
agrega 4 al primer producto, 8 al segundo, 16 al siguiente y así; en el segundo caso, se
sustrae 3 a los resultados).
El trabajo era un esfuerzo cotidiano. Gurdjieff daba a ciertos elegidos
directivas relativas a la concentración del pensamiento, el control de la respiración y
de la energía sexual, pero les exigía que guardaran silencio sobre ellas. En una
entrevista acordada a Denis Saurat, en 1923, Gurdjieff resumía así su doctrina: Pocos
seres humanos tienen alma. Ninguno tiene alma al nacer. Se debe adquirir un alma. Quienes
no lo consiguen mueren; sus átomos se dispersan, no queda nada. Algunos se fabrican un
alma parcial y quedan así sometidos a una especie de reencarnación que les permite
progresar. Y por fin, una cantidad muy pequeña de hombres han llegado a tener almas
inmortales. Pero esta cantidad es muy pequeña; apenas algunos. La mayoría de quienes han
conseguido algo, no tienen todavía mas que almas parciales... Para el trabajo físico,
quiero volverlos dueños del mundo exterior. No es más que una fase temporaria. Trato de
darles todos los poderes. No hay diferencia entre los poderes ocultos y los otros. Los
ocultistas de hoy se equivocan todos. Mientras tanto, Gurdjieff no limitaba sus
actividades a la instrucción de los discípulos del Priorato. Proseguía la redacción de
su obra Relatos de Belcebú y ofrecía re-presentaciones de La Lucha de los
Magos, tanto en Estados Unidos como en el teatro de los Campos Elíseos en Paris.
Los archivos de prensa nos proporcionan dos críticas de estos espectáculos:
una es la francesa; la otra norteamericana: Las danzas comienzan bajo la dirección de
Gurdjieff. Son danzas lentas, con sus participantes situados bastante lejos unos de otros.
A ciertas órdenes, todos se inmovilizan en la posición en que se hallan en ese instante,
y así deben quedar hasta la orden de volver a ponerse en movimiento. Los que se
encuentran en equilibrio inestable, cuando se les ordena detenerse, no deben concluir el
movimiento comenzado, y caen con todo su peso por el efecto normal de la gravitación. Una
vez caídos, no deben moverse... La atmósfera perfumada, las luces, los ricos tapices,
los movimientos extraños: es el romanticismo de los orientales, realizado por fin sobre
la tierra. En cuanto a la segunda: primero tuvieron lugar danzas ejecutadas por
un grupo de hombres y mujeres vestidos con ropajes amplios y zapatos de suela flexible.
Era realmente fantástico, pues cada persona bailaba de manera distinta. Una orquesta
dirigida por un hombre llamado Hartman producía una música extraña, donde predominaban
los redobles de un tambor: Los movimientos eran simbólicos, pero de ningún modo
sensuales, pues parece que estamos en presencia de manifestaciones de un culto donde la
sensualidad no figura para nada. Imposible describir estas danzas, que parecen pertenecer
a las religiones antiguas. Una dama explicó que en otra época las danzas tenían por
objeto hacer cumplir al ser actos reales de gracia, de alabanza o súplica. Se nos
presentó la danza vertiginosa del derviche. Gurdjieff dirigía a los bailarines dando la
orden de comenzar mediante un balanceo de brazos, y los detenía bruscamente. Entonces
ellos conservaban el equilibrio en la posición en que los había detenido, semejantes a
estatuas de madera. Parecían hallarse bajo el hechizo de un poder hipnótico. La música
es una especie de jazz llevado al extremo. Sus armonías y melodías han sido transcriptas
por el señor de Hartman; según indicaciones de Gurdjieff, quien las conservó en la
memoria luego de haberlas escuchado en diversos monasterios y sectas del Oriente durante
su búsqueda de la verdad. Este último afirma que esas músicas datan de la más grande
antigüedad, y que son transmitidas mediante inscripciones en ciertos templos.
Sus últimas palabras: En que situación os dejo.
Algunos pensionados abandonaron el Priorato, decepcionados al no encontrar el
desarrollo espiritual al que aspiraban, mientras otros parecían descubrir allí la paz y
la armonía, como Katherine Mansfield, quien murió de tuberculosis, pero con el alma
apaciguada. Gurdjieff, víctima de un accidente de automóvil en julio de 1924, se
desinteresa poco a poco del Priorato de Avon. Sus allegados advierten en él un cambio
profundo. En 1929, Thomas y Olga Hartman se separan de este hombre por quien conservarán
siempre una profunda veneración, sin dar motivos de esta ruptura. En 1934, el maestro
vende el Priorato y se instala en París, en la calle Colonel-Renard, cerca de Etoile.
Aunque se acelera el reclutamiento, Gurdjieff deja la enseñanza a cargo de instructores.
¿Seguía buscando un hombre, o lo había hallado? ¿0 acaso todo está resumido en las
parábolas de Belcebú ? Gurdjieff no lo ha dicho. Ante sus fieles, reunidos en 1949
alrededor de su lecho de muerte en el hospital norteamericano de Neuilly, este gran
aventurero o gran sabio pronunció estas palabras ambiguas y un tanto diabólicas: En
que situación os dejo. |
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