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Mientras Maslow en EE UU intuía las limitaciones de una Psicología que
había dirigido su mirada a las áreas del hacer, del poder
o del tener, soslayando el tema del Ser, el
significado y la trascendencia,
un psicoanalista
checoslovaco,
Stan
Grof,
se lanzaba a la tarea de cartografiar nuevos espacios del
inconsciente. Pocos años después, invitado por el gobierno de los Estados
Unidos a dirigir un instituto de investigaciones psiquiátricas en Maryland,
termina conociendo a Maslow en el mismo Esalen, fundado ambos
dos, junto con
Anthony Sutich, la Psicología Transpersonal.
Más allá
de la satisfacción afectiva y profesional, lo personal
parecía esconderse siempre en un fondo de insatisfacción
vinculado a la percepción intuitiva de una especie de
desarraigo cósmico. La
persona se percibe perdida en un
mundo carente de sentido, provocándole
graves trastornos psicológicos.
Precisamente, las
técnicas aportadas por
las culturas tradicionales tenían
como meta el acceso a estados no ordinarios de conciencia,
dentro de los cuales, la orfandad cósmica se transmutaba
en una profunda experiencia de integración con la totalidad de
la creación, paliando cualquiera de los aspectos de ansiedad derivados de su
perdida de sentido inicial.
Habiendo
sido fundada a fines de los años 60, contando con antecedentes aún más antiguos
y formando parte de los programas de grado, de post-grado y de los proyectos de
investigación de las más importantes universidades del mundo, la Psicología
Transpersonal sigue siendo todavía, para muchos psicólogos, objeto de
desconocimiento o, en el peor de los casos, de prejuiciosos rechazos.
Por esta razón,
puede resultar útil acceder a su estudio mediante un enfoque histórico, que nos
permita conocer su origen y significado dentro de la evolución de la Psicología
académica. Abraham Maslow acostumbraba describir
la historia de la Psicología como desplegándose a lo largo de cuatro grandes
fuerzas o movimientos de pensamiento. Cada uno de éstos aportó elementos
fundantes de la Psicología contemporánea y todo modelo psicológico actual debe
honrar estas raíces si pretende enriquecer el saber de nuestra ciencia.
Estos cuatro
grandes movimientos estuvieron marcados por la aparición, en orden cronológico,
de la Psicología Experimental, la Psicología Clínica, la Psicología Humanística
y la Psicología Transpersonal, estando integrados, cada uno de estos
movimientos, por numerosas escuelas de Psicología y/o Psicoterapia.
La Psicología
Experimental
La mayoría de los
historiadores de la Psicología coinciden en señalar la fundación del primer
laboratorio de Psicología Experimental por parte de Wilhelm Wundt, en Leipzig,
como el nacimiento de la Psicología Científica. Otros autores, incluyendo al
mismo Wundt, consideran que el verdadero fundador de la Psicología es Gustav
Fechner, el creador de la primera ley psicológica. Ambos sentaron las bases para
el nacimiento de una Psicología basada en datos empíricos y mensurables.
Difícilmente
pueda valorarse lo suficiente el aporte de ambos, sobre todo si recordamos que
poco tiempo antes, nada menos que Kant había afirmado que la Psicología jamás se
convertiría en una ciencia empírica, puesto que su objeto de estudio nunca
podría ser cuantificado. Entre las escuelas que conformaron este primer
movimiento se destacan la Reflexología de Pavlov en Rusia, el Conductismo de
Watson y el Neoconductismo de Skiner en Estados Unidos.
La Psicología
Clínica
Un paso
gigantesco en este proceso histórico estuvo dado por el esfuerzo de introducir a
la Psicología en el ámbito de las ciencias de la salud. Es aquí la figura de
Sigmund Freud, sin duda alguna, la que se erige como señera de esta evolución.
No creo exagerar si sostengo que la psicoterapia, tal como hoy la concebimos,
sería inimaginable sin su aporte pionero.
Así como la
Psicología experimental permitió a la Psicología desprenderse de la Filosofía y
ser reconocida como ciencia autónoma, es el Psicoanálisis el que le permitió
liberarse del empirismo estrecho y abrazar el estudio de los estados interiores,
convirtiéndose así en una auténtica hermenéutica, aunque quedando, en muchos
aspectos, atada a la Medicina -no olvidemos que Freud era
neurólogo. Dentro de este movimiento se destaca obviamente la escuela
Psicoanalítica, con sus variantes freudiana, kleiniana y
lacaniana, por nombrar sólo las más tradicionales.
La Psicología Humanística
La
estrecha ligazón del Psicoanálisis con el llamado modelo médico hegemónico, así
como sus rasgos biologistas y deterministas, comenzó a generar un cierto
descontento en diversos autores europeos y americanos, que percibían al
pensamiento freudiano como excesivamente patologista, etnocéntrico y patriarcal.
Empezó a percibirse entonces la necesidad de una Psicología que no pretendiera
exclusivamente asistir a la persona relativamente sana (o neurótica moderada) en
función del estudio de la persona enferma (neurótica grave y psicótica) sino,
respetando esta vertiente, incluir también el estudio de la persona sana e
incluso de las personas sobresalientes, para, desde allí, ayudar a la persona
enferma.
Este nuevo movimiento hunde sus raíces más profundas en el mismo Psicoanálisis
(en autores que fieles a la esencia del espíritu freudiano, van más allá de sus
propias estructuras: Rank y sus trabajos pioneros sobre el psiquismo temprano,
Reich integrando la corporalidad en la psicoterapia, Jung incorporando la
dimensión trascendente, From, Horney con su planteo culturalista;
en el Existencialismo (Binswanger, May) y en el aporte de las autoras feministas
y su crítica al falocentrismo freudiano.
Comienza a
gestarse así el nacimiento del llamado Movimiento del Potencial Humano, siendo
la fundación del Esalen Institute de California el hito más importante en su
nacimiento. Aún hoy, caminando por los jardines de Esalen o asistiendo a sus
cursos, sentimos la presencia viva de aquellos pioneros que nos legaron esta
enorme revolución cultural: figuras como las de Maslow, Rogers, Alan Watts,
Murphy, Schutz, Bateson, Lowen y Perls, entre otros, generaron este movimiento
al sostener que no sólo es insuficiente asistir al paciente ya enfermo, sino que
también lo es el mero prevenir la enfermedad, puesto que no hay mejor sistema de
salud que una vida plena, creativa y caracterizada por el despliegue de las
propias potencialidades. La nueva propuesta consiste entonces en dejar de pensar
en términos de enfermedad, ya sea presente o futura, para pasar a concebir la
vida en términos de una liberación ilimitada de potenciales bio-psico-sociales.
Dentro de este
profuso movimiento se destacan diversas escuelas y autores, tales como la
Psicología Humanística propiamente dicha de Maslow; el Existencialismo; la
Terapia Gestalt de Perls; el Enfoque Personalista de
Rogers; algunos autores sistémicos como el mismo Bateson (que vivió en Esalen
hasta sus últimos días); el Análisis Transaccional de Berne y las Terapias
Corporales como la Bioenergética de Lowen y sus derivadas, por nombrar sólo unos
pocos.
La Psicología
Transpersonal
A finales de los
sesenta, ocurre un hecho inédito en este proceso histórico y es que los mismos
autores que generaron el nacimiento de la Psicología Humanística, comienzan a
percibir, en la observación de los individuos y los grupos, que el desarrollo
personal suele llegar a un límite, a un techo o quizás sería mejor decir a un
abismo, frente al cual no tiene respuestas. Una vez que el individuo ha
alcanzado un nivel elevado de desarrollo y crecimiento personal, necesariamente
comienzan a aparecer preguntas, dudas y cuestionamientos existenciales que
llevan la mirada hacia la trascendencia, hacia los temas últimos.
Comienza allí la
Psicología a reconocer que a lo largo de casi toda su historia moderna, ha
dirigido su mirada a las áreas del hacer, del poder o del tener, soslayando el
tema del Ser, el significado y la
trascendencia, y que en muchas oportunidades ha confundido la ontología
(la filosofía del Ser) con la Religión o, en el peor de los casos, la ha
reducido a un epifenómeno o a una patología encubierta.
Mientras Maslow
en Estados Unidos intuía las limitaciones del movimiento que él mismo había
creado, un psicoanalista checoslovaco, rescatando el trabajo pionero de Otto
Rank, se lanzaba a la tarea de cartografiar nuevos espacios del inconsciente,
hasta entonces inexplorados por la Psicología. Se trataba del Stan
Grof, quien pocos años después, invitado por el gobierno de los Estados Unidos a
dirigir un instituto de investigaciones psiquiátricas en Maryland, termina
conociendo a Maslow en el mismo Esalen.
Rescatando los
aportes pioneros de Jung, Assagioli y el Existencialismo, ambos, junto a Anthony
Sutich, fundan la Psicología Transpersonal -literalmente,
más allá de la personalidad. A lo largo de los años se van sumando a este nuevo
movimiento autores de la altura de Viktor Frankl, Ken Wilber, Daniel Goleman,
Joseph Campbell, Huston Smith, Charles Tart, Francis Vaughan, Roger Walsh,
Stanley Kripner y muchísimos más. De este modo, la búsqueda del
Ser, el significado y la experiencia vívida de la
trascendencia vuelven a ocupar el lugar histórico que todas las culturas de
la humanidad le habían asignado: el estudio empírico de las potencialidades
evolutivas de la conciencia humana, tanto en sus aspectos filo como
ontogenéticos, es decir, ya sea en la especie humana
como en el individuo.
La inclusión en
la Psicología del tema del Ser y la
Trascendencia, muy lejos de convertirse en una mera disquisición
filosófica o abstracta, se convierte rápidamente en una cuestión clínica de
primer orden, y el estudio de la conciencia ocupa el centro de la escena
académica. Surgen así los tres grandes campos de investigación de la Psicología
Transpersonal actual: el estudio de los estados no ordinarios de conciencia; el
estudio evolutivo de la conciencia y el intento de integración de las escuelas
psicológicas anteriores y actuales. Siendo estos tres campos tan sólo las tres
caras de una misma realidad única.
Los Estados No
Ordinarios de la Conciencia
La primera gran
observación de los psicólogos transpersonales estuvo centrada en el hecho de que
la mera adaptación y aún el éxito en el marco de lo social, no parecían aportar
no sólo la dicha, sino tampoco ninguna garantía de estabilidad emocional y salud
mental -recordemos, sin ir más lejos, que las más altas
tasas de suicidio se dan en los países más desarrollados.
Más allá,
o más acá, de la satisfacción afectiva, sexual, económica
y profesional, lo personal parecía esconderse siempre un
fondo difuso de insatisfacción vinculado a la percepción intuitiva de lo que he
denominado el síndrome de desarraigo cósmico. Los psicólogos
contemporáneos consideramos una verdad irrefutable que la enseñanza inadecuada
del uso del retrete o la insatisfacción sexual son generadores de neurosis
-y por cierto que pueden serlo. Sin embargo, nos resulta
difícil aceptar que el hecho de que una persona se perciba a sí misma como un
paréntesis entre la nada y la nada, perdida en un cosmos al que no le encuentra
sentido alguno, arrojada al mundo sin conciencia de su origen ni de su destino y
condenada al más crudo absurdo, pueda generar graves trastornos psicológicos.
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Sin desestimar la
importancia de las causas biográficas de nuestras enfermedades (básicamente el
desarrollo psicosexual), ¿podemos comparar el peso de esta etiología con la
abrumadora angustia que producen el desconocimiento de nuestros orígenes, la
infinitud del cosmos, la muerte inexorable y el absurdo?
Todas las
culturas de la humanidad, en todos los tiempos y rincones del planeta, han
percibido esta oscura sensación de orfandad cósmica, que
ha sido asociada a la aparición evolutiva, de la misma cultura, de los
homínidos, del neocortex, del lenguaje, de la civilización...
y han procurado brindar a sus miembros una respuesta; siendo nuestra cultura
tecnocrática la primera en la historia que, por el contrario, ha procurado
reprimir la pregunta misma.
Por un lado, las
culturas han ofrecido sistemas de creencias, mitos y/o dogmas que procuraban
aplacar esta inseguridad ontológica generadora de angustia. Pero desde la
Ilustración hasta nuestros días, el hombre y la mujer modernos, y más aún los
post-modernos, no encuentran ya satisfacción en estas modalidades.
Por otro lado,
afortunadamente, todas las culturas han aportado también herramientas y métodos
empíricos para sanar esta escisión. Desde este enfoque, se destaca un hecho de
enorme significación, y es que la percepción del sí mismo como una entidad
abstracta y disociada del cosmos suele estar anclada a los estados ordinarios de
conciencia, es decir, nuestro estado habitual de vigilia, dentro de las
coordenadas de tiempo y espacio euclidiano-newtonianos.
Precisamente, las
herramientas y métodos empíricos aportados por tantas culturas, tenían como meta
el acceso a estados no ordinarios de conciencia que, en muchos casos, brindaban
experiencias vívidas, empíricas y verificables de estados ampliados de
conciencia, dentro de los cuales, la orfandad cósmica transmutaba en una
profunda experiencia de integración y pertenencia indisoluble a lo que Wilber
denomina el Kosmos.
Durante muchos
años, el materialismo organicista pretendió reducir estas experiencias a meros
estados alucinatorios frutos de la sugestión, la histeria o la intoxicación
cerebral. Hoy contamos con una cantidad abrumadora de evidencias antropológicas
y arqueológicas que nos demuestran que, muy llamativamente, estos supuestos
estados delirantes y/o alucinatorios, fueron las raíces de complejos sistemas
filosóficos cuya estructura es en una infinidad de casos increíblemente similar.
Teniendo en cuenta que se produjeron en las más diversas épocas históricas y en
los más remotos puntos del planeta, sus similitudes y equivalencias son, cuanto
menos, dignas de un estudio mucho más serio y menos reduccionista.
Dado que estos
estados de conciencia expandida pueden reproducirse por medios sumamente simples
y naturales y sin necesidad de recurrir a tóxicos ni a prácticas esotéricas, la
Psicología Transpersonal los ha puesto en el centro de su atención como una
extraordinaria fuente de sanación y transformación personal, que se están
utilizando ya, no sólo en psicoterapia, sino también, por sólo dar un ejemplo,
en el tratamiento de pacientes con patologías orgánicas graves. Entre las
técnicas utilizadas para tal efecto se cuentan la Respiración Holotrópica, la
audición de música de trance, la Danza Primal, la hipnosis, la
visualización creativa, la meditación y muchísimas técnicas que sería muy
extenso explicar y aún enumerar aquí. Entre los pioneros de esta rama debo
destacar nuevamente a mi maestro, el psiquiatra checoslovaco Dr Stan Grof.
Las
Posibilidades Evolutivas de la Conciencia Humana
El estudio de los
estados no ordinarios de conciencia llevó poco a poco al convencimiento de que
la conciencia humana no constituye un fenómeno estático sino un proceso
evolutivo en permanente transformación, y que la conciencia ordinaria de
vigilia, no es más que una modalidad entre muchas otras y característica de un
estadio entre muchos otros.
La Psicología
Transpersonal se convirtió entonces en una auténtica Psicología Evolutiva.
Integrando los aportes de la psicología clínica freudiana y neofreudiana, el
cognitivismo piagetiano y neopiagetiano, la Psicología Existencial y
Humanística, la Sociología y los modelos de la conciencia de las antiguas
tradiciones de sabiduría de la humanidad, se fueron construyendo mapas de la
evolución de la conciencia, tanto en la historia del individuo como de la
especie, que hoy nos ofrecen extraordinarias posibilidades para la comprensión
de los procesos psicológicos y sociales, tanto en la salud como en la patología.
La figura más
destacada dentro de esta rama de la Psicología Transpersonal es sin duda la de
Ken Wilber, el escritor académico cuyas obras más se han traducido en toda la
historia de los Estados Unidos, quien hace tiempo viene siendo considerado el
pensador más integral y profundo de la actualidad y cuyas obras han sido
comparadas, en trascendencia, a las de Hegel y Heidegger. El mismo Wilber, junto
a otros importantes pensadores, ha fundado el Instituto de Ciencia Integral, un
espacio internacional e interdisciplinario en el que muchos trabajadores de la
ciencia, la educación y la salud estamos realizando aportes para la construcción
de una visión profundamente integral de la persona humana, la medicina, la
psicología, la política, las empresas y la educación.
Intento de
Integración de las Escuela de
Psicológica
En tanto
que Psicología Evolutiva, la Psicología Transpersonal ha demostrado con
una enorme cantidad de pruebas y con marcos teóricos sólidos y sofisticados que
el consuetudinario enfrentamiento entre las diversas escuelas de Psicología, no
es más que el fruto de una visión muy parcializada y estrecha del fenómeno de la
conciencia.
El Espectro de
la Conciencia desarrollado por Wilber y enriquecido por muchos otros
autores, ha servido para demostrar que todas las escuelas de Psicología están en
lo cierto en determinados planos del gran fenómeno de la conciencia humana y
que, por lo tanto, la discusión no debería pasar ya por cuál escuela tiene razón
y cuál está equivocada, sino por cuál estadio de la evolución de la conciencia,
con sus correspondientes manifestaciones saludables y sus patologías, es el que
cada escuela ha estudiado y comprendido con mayor claridad.
Siguiendo este
modelo integrador de enorme poder explicativo y terapéutico, la Psicología
Transpersonal afirma que todo ser humano encarna por naturaleza un proyecto
trascendente, como ya lo demostró acabadamente Heidegger. Puede este proyecto
adquirir un aspecto existencial, religioso o espiritual, esto no es lo más
importante; lo esencial es que de un modo u otro existe incondicionalmente en
todo individuo. La Psicología Transpersonal procura entonces brindar respuesta a
este llamado a la completud que late en nuestros corazones, brindando modelos de
psicoterapia y crecimiento personal que incluyen y respetan todas las
manifestaciones y potencialidades humanas.
Siendo el último
gran movimiento de pensamiento fundado en la psicología académica, su vocación
de sintetizar y honrar todas las escuelas anteriores, lo lleva permanentemente a
sumar e integrar en lugar de criticar livianamente, dividir y restar.
Mientras muchos psicólogos siguen parapetados en la trinchera de su escuela,
lanzando críticas irresponsables a teorías, métodos y técnicas que por lo
general no conocen con profundidad, pues nunca los han estudiado ni practicado,
la Psicología Transpersonal sintetiza, entre muchas otras disciplinas, la
profunda mirada clínica y dinámica del Psicoanálisis; el trabajo corporal de
Reich y la Bioenergética o el modelo experiencial de la Gestalt, a los cuales
integra y enriquece con una visión ampliada de la conciencia y el inconsciente
humanos y con una enorme cantidad de métodos y técnicas de autoconocimiento,
sanación y trascendencia.
Es decir entonces
que la Psicología Transpersonal no constituye una mera suma de lo anterior sino
un nuevo modelo de la mente humana que integra y trasciende las grandes escuelas
del pasado, aportando, a través de estudios en todo el mundo, una
dimensión absolutamente nueva y de alcances incalculables para el desarrollo
humano.
Para terminar, es
indispensable realizar algunas aclaraciones acerca de la difusión masiva, no
científica y no académica de la Psicología Transpersonal. Dada la profundidad de
su objeto de estudio y la enorme atracción que este tema despierta en la
población, algunas personas inescrupulosas, irresponsables y sin ninguna
formación sistemática en Psicología Transpersonal, suelen arrogarse el
pseudotítulo de Transpersonales (y hasta de Psicólogos), vinculando a esta
disciplina con todo tipo de mancias y prácticas esotéricas pseudocientíficas. De
esta manera, el esfuerzo de la Psicología Transpersonal por incorporar en la
discusión científica los fenómenos transracionales (más allá de la razón
estrecha) es confundido con la intención de reivindicar los modelos
irracionales y prepersonales, que nada tienen que ver con la
expansión de la razón.
Por otra parte, estos mismos
personajes, son los que han llevado a ciertos sectores de la opinión pública a
confundir la Psicología Transpersonal con la Religión, lo cual constituye un
despropósito. Un verdadero Psicólogo transpersonal no realiza ningún tipo de
actividad evangelizadora. Sus creencias personales pertenecen a su vida
privada y no tiene porqué mezclarlas con su trabajo. Mientras el sacerdote tiene
la obligación de brindar respuestas desde su sistema de creencias, el psicólogo
tiene la obligación de no brindar respuestas y simplemente acompañar a su
paciente en sus preguntas. Su objetivo no es la conversión sino la sanación.
Para decirlo con una metáfora muy ilustrativa, un psicólogo transpersonal que
procura convencer a sus pacientes de sus creencias equivale a un psicólogo
social que busca afiliar a sus pacientes a su propio partido o a un sexólogo que
se ofrece para servicios sexuales, es decir, estamos hablando de graves faltas a
la ética, que son responsabilidad exclusiva de cada profesional y no de los
principios científicos de cada escuela.
Hechas estas aclaraciones, podemos concluir
diciendo que la Psicología Transpersonal, abrazando lo más depurado de la
ciencia contemporánea y las profundas intuiciones de las grandes tradiciones de
sabiduría de la humanidad, está trabajando intensamente para sanar la
antigua herida de nuestra cultura, producida por la lucha insensata entre los
fundamentalismos pseudoreligiosos y pseudocientíficos, y se está convirtiendo
poco a poco en una de las grandes fuentes de esperanza para la sanación y
desarrollo de nuestra civilización.
IIMAGENES
1: Carl Jung, uno de los precursores humanistas
en la psicología - 2: Abraham Maslow, fundador de la Psicología Transpersonal -
3: Stan Grof, cocreador igualmente del movimiento Transpersonal, y
Daniel Taroppio,
autor del reportaje
- 4: Ken Wilber, uno de los
autores más celebrados de esta corriente - 5: Daniel Goleman, psicólogo
transpersonal especialmente conocido por su libro Inteligencia Emocional. |

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