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La emoción de poder colaborar en alguno de los programas
internacionales de SETI, que tienen por objeto la búsqueda de señales inteligentes en
el cosmos. Relatamos aspectos tales como la banda primaria de
radiofrecuencia en la que se hacen los barridos (en
torno a los 1420 Khz de la línea de hidrógeno),
la ecuación de Drake sobre las posibles
civilizaciones comunicativas en nuestra galaxia,
menciones al Observatorio de Arecibo, desde el que se
centralizan prácticamente sus observaciones, la señal Wow captada,
presumiblemente inteligente pero desafortunadamente perdida... Un
proyecto que contando con el apoyo de la comunidad científica, fue en su día
respaldado por la NASA y actualmente patrocinado por la iniciativa privada, el
Instituto SETI y la Sociedad Planetaria, creadas al efecto. Y en el que se
puede colaborar desde casa -en alguno de sus proyectos como SETI@home-
mientras se activa el Salvapantallas de tu PC.
Era el
verano de 1967 y Jocelyn Bell, estudiante investigadora de radioastronomía en
Cambridge, tenía un mal día. Como parte de su tesis doctoral estaba utilizando
un nuevo radiotelescopio, buscando en los cielos señales de variaciones
interplanetarias y quasars. Pero mientras que la investigación iba bien, una
inexplicable interferencia aparecía en sus gráficos. Al principio, Bell y su
consejero, Tony Hewish, pensaron que la señal debía ser una especie de
interferencia terrestre. Estas molestias son normales en radioastronomía. Pero
a pesar de intentarlo de todas las maneras posibles, Bell y Hewish no podían
eliminar la señal. Venía de algún lugar de la galaxia.
Después de un análisis más detallado se encontraron con algo en la señal
todavía más sorprendente: tenía pulsos a intervalos regulares de 3 segundos y
2/3 cada uno. ¿Que fuente de radio natural en la galaxia podría enviar una
señal con una precisión tan alta? En 1967 nadie lo sabía, y los investigadores
comenzaron a sospechar la posibilidad de que el origen no fuera natural.
¿Podría ser que estuvieran recibiendo una transmisión de una civilización
alienígena? Medio bromeando empezaron a referirse a la fuente como LGM,
por little green men (pequeños hombres verdes).
Cuando la noticia del
descubrimiento se extendió, más y más astrónomos
empezaron a llegar al observatorio de Cambridge. Para satisfacer el
interés creciente, Jocelyn Bell pasaba cada vez más
tiempo siguiendo la extraña señal y buscando otras iguales. No estaba muy
contenta: Ahí estaba yo, recuerda,
intentando obtener el doctorado de una nueva técnica, y unos tontos
hombrecillos verdes escogían mi antena y mi frecuencia para comunicarse con
nosotros.
La señal LGM al final no tenía relación con civilizaciones alienígenas. En
menos de un año se detectaron varios objetos pulsantes similares. Su origen,
se aceptó ampliamente, eran estrellas de neutrotes rotando velozmente, y
fueron acertadamente denominados pulsars.
Las estrellas radioactivas de neutrones son lugares poco prometedores para
buscar vida inteligente. Aún así no es sorprendente que por un momento, Bell y
Hewish consideraran en serio la posibilidad de que la señal fuera una
transmisión de un mundo alienígena. En los años 60, después de todo, estaba en
auge la Era del Espacio. En menos de una década desde el Sputnik, los
astronautas y cosmonautas abrían nuevos caminos en el espacio, cada uno
intentando superar al otro. Se enviaban sondas a los
planetas, y la carrera a la Luna iba a alcanzar su clímax. La imaginación
popular estaba saturada con la exploración espacial, con series televisivas
como Star Trek y Perdidos en el espacio dominando las ondas. ¿Es
sorprendente que los astrónomos se preguntaran si las señales que detectaban
eran originadas por inteligencia de otros mundos?
Aun más significativo, quizás, la búsqueda de civilizaciones alienígenas se
estaba convirtiendo en científicamente respetable. Gracias a un pequeño pero
creciente grupo de científicos e ingenieros dedicados a buscar señales
extraterrestres en los cielos, hablar de civilizaciones avanzadas en otros
mundos ya no estaba reservado a las historias de ciencia ficción. La búsqueda
de inteligencia extraterrestre (SETI) se volvía una empresa científica
legítima, utilizando las tecnologías disponibles más avanzadas y apoyados por
algunos de los mejores astrónomos del mundo.
Cuando Bell y Hewish consideraron el origen de la señal, no necesitaron buscar
lejos : en su propio campo de la radioastronomía, SETI tenía una presencia
importante y creciente. Habría sido sorprendente si no se hubieran preguntado
si la señal que habían encontrado accidentalmente no podía ser la señal que
sus colegas buscaban tan afanosamente. ¿Como fue esta transformación? ¿Como
algo de ciencia ficción pudo volverse un asunto de ciencia real pura?
El
momento del nacimiento de SETI
Es, por supuesto, muy difícil determinar la fecha exacta del nacimiento de
SETI. La fascinación con otros mundos y sus habitantes es una larga
historia, desde la antigüedad. Incluso la búsqueda de señales de radio del
espacio se inicia con los experimentos de los pioneros en los primeros días
de la radio. Pero la historia moderna de SETI tiene un claro principio. En
1959 Philip Morrison y Giuseppe Cocconi eran jóvenes físicos de la
Universidad de Cornell interesados en los rayos gamma. Un día de
primavera de 1959, recuerda Morrison, mi ingenioso amigo Giuseppe
Cocconi vino a mi oficina e hizo una pregunta original: Los rayos gamma,
preguntó, ¿No serían el mejor medio de comunicación entre las estrellas?
Morrison estuvo de acuerdo que
los rayos gamma funcionarían, pero sugirió que deberían considerar las
posibilidades de todo el espectro electromagnético.
El resultado de esta discusión
fue un breve artículo de dos páginas, publicado en la revista Nature el 19
de Septiembre de 1959. Titulado Buscando
Comunicaciones interestelares, está considerado el documento fundacional
del SETI moderno.
En el artículo Morrison y Cocconi admiten que es imposible estimar la
probabilidad de la existencia de civilizaciones alienígenas orbitando
estrellas distantes. Pero basados en el único ejemplo disponible -el de los
humanos en la Tierra- argumentan que no se puede desestimar que
pudieran haber muchas sociedades alienígenas
tecnológicas ahí fuera. Muchas de ellas, argumentan, podrían ser mucho más
antiguas que las sociedades humanas y mucho más avanzadas tecnológicamente.
Los extraterrestres, además, considerarían nuestro Sol como una estrella
candidata a la formación de una civilización tecnológicamente avanzada, e
intentarían contactar con ella. La pregunta principal, según Morrison y
Cocconi, es ¿Que medios usarán?
Ellos consideran que las ondas electromagnéticas (ondas de radio, de luz...)
son la elección evidente. Solo estas, viajando a la velocidad de la luz,
pueden cruzar las fantásticas distancias necesarias sin dispersarse en algo
parecido a una cantidad de tiempo práctica. Esto nos lleva a la siguiente
pregunta: ¿En que frecuencias transmitirían los alienígenas su señal?
Las frecuencias más razonables para comunicación entre las estrella, decían
Morrison y Cocconi, estaban entre 1 y 10,000 Mhz. Estas son las frecuencias
en las que la atmósfera planetaria interfiere menos con las señales
electromagnéticas, y donde el ruido de la radiación de nuestra galaxia es
mínimo. Algunos años después se descubrió que estas eran también las
frecuencias en las que era menor la interferencia con la Radiación Cósmica
de Fondo, pero esto no se sabía en 1959.
Un rango de frecuencias de
10,000 Mhz es todavía demasiado amplio para realizar una búsqueda
sistemática. Morrison y Cocconi aventuraron una idea que ha marcado el
curso de la investigación de SETI hasta hoy: Los alienígenas,
dijeron, probablemente emitirán en la frecuencia de 1420 Mhz,
longitud de onda de 21 cm. Es la frecuencia de emisión del átomo del
elemento más común en el universo -el hidrógeno. Esta frecuencia se
sugeriría porque sería conocida para cualquier observador en el universo.
Cualquier búsqueda sistemática debería empezar aquí.
Los autores hicieron entonces otra observación que ha tenido un impacto
profundo en la manera en que se realizan las búsquedas SETI: una señal
enviada desde el planeta en órbita de los alienígenas hacia nuestro planeta
en órbita forzosamente mostrará un desplazamiento de su frecuencia original.
Este es el resultado del efecto Doppler, familiar para cualquiera que haya
oído el cambio del tono del silbido
de un tren al pasar, del agudo al grave.
Debido a que la velocidad a la que se mueven los planetas relativamente el
uno del otro cambia constantemente, la frecuencia de transmisión
inevitablemente variará con el tiempo. La búsqueda de una señal alienígena
debería de tener en cuenta este desplazamiento, y buscar una transmisión
cuya frecuencia varíe ligeramente.
Morrison y Cocconi concluyeron su artículo con un reto a los lectores
escépticos. Muchos, admitieron, dirán que esta clase de especulación
pertenece más a la ciencia ficción que a la ciencia. No es así: su
argumento, explicaron, muestra que la presencia de una señal extraterrestre
es consistente con todo lo que actualmente conocemos. Concluyeron con un
reto que se ha convertido en el grito de todos los entusiastas de SETI:
La probabilidad de éxito es difícil de estimar: pero si nunca buscamos, la
probabilidad de éxito es cero.
Una
base para SETI
El breve artículo de Morrison y Cocconi se convirtió en la base de la
mayoría de los proyectos SETI realizados en los
últimos 40 años. La sugerencia de que las señales electromagnéticas eran
las más prometedoras para comunicaciones interestelares se convirtió en la
asunción detrás de todas las búsquedas, incluidas las ópticas. La asunción
de que cualquier señal alienígena mostraría el desplazamiento Doppler
también se ha incorporado en todos los proyectos SETI, que invariablemente
comprueban las señales en diferentes desplazamientos de frecuencia.
Pero lo más importante de todo fue su sugerencia de una frecuencia
universal que los alienígenas probablemente usarían en sus
transmisiones. 1420 Mhz se ha mantenido como la frecuencia más popular
usada por los proyectos SETI hasta hoy.
Años más tarde otro pionero SETI, el vicepresidente de Hewlett Packard
Bernard Oliver, añadió otra frecuencia mágica, 1,662
Khz, la frecuencia de emisión de otra molécula muy común -OH, o hidróxilo.
El hidrógeno y el hidróxilo se combinan para formar H20 -agua- el
componente básico de la vida, tal y como la conocemos. Como 1,662 Khz
comparte las ventajas de 1420 Mhz por estar en una región relativamente
silenciosa del espectro, Oliver creyó que la banda entre ellas era
prometedora para detectar una señal alienígena: Probablemente la banda
entre las resonancias de los productos de la disociación del agua está
situada en un lugar ideal y poético para que una forma de vida basada en
el agua buque a otras de su clase, escribió Oliver en 1971. ¿Donde
nos encontramos? En el agujero de agua, ¡por
supuesto!. Desde entonces el término agujero de agua se ha
utilizado para referirse a las búsquedas en la frecuencia de emisión del
hidrógeno o sus alrededores.
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El artículo de Morrison y Cocconi fue una llamada a la acción, y esperaban
poner su teoría a prueba. Cocconi contactó Sir Bernard Lovell en el
observatorio de radio de Jodrell Bank, el mayor disco del mundo en esa
época, y sugirió dedicar tiempo del telescopio a la búsqueda de una señal
extraterrestre. Sir Bernard era, sin embargo, escéptico, y nada salio de
este intento. El lanzamiento de la primera búsqueda en radio de una señal
alienígenas se dejó para otros.
Los
orígenes del proyecto OZMA
Al mismo tiempo que Morrison y Cocconi especulaban sobre las señales
alienígenas, un joven astrónomo llamado Frank Drake realizaba sus
propias investigaciones de comunicaciones interestelares. Drake era
miembro del Observatorio Nacional de
Radioastronomía (NRAO) en Green
Bank, West Virginia. En aquella época, la recién constituida NRAO estaba
en la difícil extraña situación de ser un observatorio de radio sin
radiotelescopio. El disco de 140 pies planeado estaba en sus primeras
fases de lo que sería una construcción muy problemática. No se
completaría hasta años más tarde. Como medida provisional, el NRAO
compró un radiotelescopio de 85 pies, que estuvo operativo en Abril de
1959.
Como miembro reciente de Green Bank, Drake tomó parte en muchos de los
proyectos de radioastronomía del NRAO. Su fascinación, en cambio, era la
búsqueda de civilizaciones alienígenas. Como estudiante de
radioastronomía en Cornell, Drake detectó una vez
una fuerte señal aparentemente artificial procedente de la dirección de
las Pléyades. Después de semanas de análisis, Drake llegó a la
conclusión de que la señal estaba originada en la Tierra, pero la
posibilidad de detectar una señal extraterrestre de radio permaneció en
su mente.
En Marzo de 1959 Drake calculó que si una señal fuerte de radio se
enviara desde la Tierra, utilizando la tecnología existente, podría ser
detectada a una distancia de 10 años luz con un disco de 85 pies. En
otras palabras, el nuevo radiotelescopio de Green Bank debería ser capaz
de detectar señales de hasta 10 años luz de distancia, incluso si los
transmisores no fueran más potentes que los disponibles en la Tierra.
Drake observó que habían varias estrellas similares al Sol en una
distancia de 10 años luz de la Tierra. Estas, razonó, eran buenas
candidatas para empezar la búsqueda de inteligencia extraterrestre.
Un día, durante la comida en una tasca no muy lejos del observatorio,
Drake trató el tema con sus colegas. ¿Sería posible utilizar el nuevo
telescopio, que se estaba aún construyendo, para buscar extraterrestres?
Fue, sin duda, una suerte para Drake que a diferencia del observatorio
de radio de Jodrell Bank, que había rechazado a Morrison y Cocconi, el
de Green Bank no estaba todavía operativo, y por eso su planificación
futura era flexible. También tuvo la suerte de que Lloyd Berckner, el
director provisional del NRAO, estaba presente en aquella comida, y dió
el visto bueno a la propuesta de Drake. Drake le dió el nombre de
Proyecto Ozma, por la Princesa Ozma de Oz, del cuento de Frank L.
Baum.
Los siguientes meses hubo mucho trabajo en Green Bank. Pero incluso
cuando el nuevo radiotelescopio estuvo operativo y comenzó a recolectar
datos, Drake y sus colegas continuaron trabajando en el proyecto Ozma.
Por razones de coste decidieron concentrarse en la banda de 1420 Mhz del
hidrógeno. Esta era la frecuencia en la que la mayoría de los
radiotelescopios trabajaban normalmente, así que se requerían menos
alteraciones en el equipo existente. Al final, el precio de las piezas
exclusivas de Ozma no fue más de 2000 dólares.
Dos sucesos combinados
aceleraron el proyecto Ozma en 1959. Uno fue la designación de Otto
Struve como primer director permanente del NRAO. Struve era famoso por
su trabajo en la medición de rotación estelar, que según él podría
indicar la presencia de planetas orbitando estrellas lejanas. En la
mente de Struve, era sólo un pequeño salto desde los planetas
extrasolares a la inteligencia extraterrestre: apoyó
a Ozma fervientemente. Además aportó al esfuerzo sus numerosos contactos
y su don para las relaciones públicas. Mientras Drake y sus colegas
temiendo por su respetabilidad académica y paz mental escogieron
mantener el proyecto como secreto, Struve lo hizo público inmediatamente
en una conferencia en el MIT. Es perro había salido de la bolsa,
recordaba Drake años más tarde. Mirándolo ahora, todo fue positivo al
hacerlo público. Conforme se extendía la publicidad del proyecto,
llegaba el apoyo del público y valiosas donaciones en dinero y equipo.
El otro suceso fue la publicación del artículo de Morrison y Cocconi en
Nature en Septiembre de 1959. Drake se alegró de que investigadores tan
importantes trabajaran en líneas similares a la suya. En concreto, el
artículo de Morrison y Cocconi daba apoyo teórico en la misma frecuencia
que Drake había escogido para ahorrar costes: 1420 Mhz. Struve, de todas
formas, estaba preocupado de que el equipo Ozma fuera desprovisto del
tiempo prometido, y urgió a Drake para que empezara la búsqueda lo antes
posible.
Proyecto OZMA: La búsqueda
Para
su época, Ozma disponía de la última tecnología. Utilizó un
amplificador paramétrico experimental, donado por Microwave Associates,
y de la reciente tecnología maser. Combinándolos con un disco de 85
pies, Drake y su equipo eran capaces de alcanzar un grado de
sensibilidad miles de veces mayor que cualquier intento anterior. El
mecanismo de salida era convencional -una cinta grabadora y y una
impresora de gráficos. En el último momento el personal de Ozma añadió
tambien un altavoz ... por si acaso.
Ozma empezó a operar el 8 de Abril de 1960, con el objetivo de buscar
señales procedentes de dos estrellas cercanas similares al Sol : Tau
Ceti y Epsilon Eridani. Durante la primera mañana el disco de 85 pies
siguió a Tau Ceti y grabó las emisiones de radio que parecían venir de
esa dirección en la línea del hidrógeno o cerca. A pesar de la
excitación inicial no se detectó ninguna señal significativa. Por la
tarde el radiotelescopio se apuntó hacia Epsilon Eridani.
En una entrevista de 1981 Drake narraba lo que sucedió a continuación:
Pasaron unos minutos. Entonces ocurrió. ¡Wham! De repente los
gráficos empezaron a salirse de la escala. Oímos un ruido procedente
del altavoz ocho veces por segundo, y los gráficos alcanzaban el
límite ocho veces por segundo .... nos mirábamos los unos a los otros.
¿Podría ser tan fácil?"
No era tan fácil. La señal desapareció, y no se volvió a oír durante
varios días. Cuando reapareció de repente, el equipo Ozma estaba
preparado: La señal, se percataron, era igual de fuerte en una antena
sencilla situada fuera de la ventana del gran telescopio. Era
claramente una señal de origen terrestre, probablemente emitida por
algún avión militar realizando ejercicios.
El proyecto Ozma funcionó durante un mes, descansó durante otro mes, y
regreso finalmente para un último mes de operaciones. En total, dedicó
200 horas de observación a sus dos objetivos, Tau Ceti y Epsilon
Eridani. Registró 7,200 canales divididos a partes iguales entre las
dos estrellas, cada uno con una banda de 100 Hz. Toda la búsqueda se
realizó entorno a la frecuencia central de 1,420 Mhz, con
desviaciones
en los dos sentidos para buscar desplazamientos Doppler en la
frecuencia de transmisión debidos al movimiento relativo de la Tierra
y el supuesto planeta de origen. A pesar de no encontrar una señal de
una sociedad extraterrestre, ozma se convirtió en un modelo para la
mayor parte de los futuros proyectos SETI.
El Encuentro de los Delfines en Green Bank
En
Noviembre de 1960, un grupo muy selecto de físicos e ingenieros se
dirigió a las remotas colinas de West Virginia para una pequeña
conferencia informal. El encuentro se realizó en Green Bank bajo los
auspicios de la Academia Nacional de las Ciencias, para discutir una
pregunta que estaba sólo empezando a ganar respetabilidad científica:
¿Cuales son las posibilidades de establecer contacto con otros
mundos? Una manera de darse cuenta de lo arriesgado que era el teman
es que se decidió no anunciar la conferencia y no se hizo ninguna
publicación oficial después del encuentro.
La conferencia fue organizada por J.P.T. Pearman de la Junta
Científica de la Academia Nacional de las Ciencias. Los otros diez
asistentes incluían a Dana Atcheley, presidente de Microwave
Associates, que donó el amplificador paramétrico del Proyecto Ozma,
Melvin Calvin, un renombrado biólogo a nivel mundial que estudiaba
los orígenes de la vida, Bernard Oliver, Vicepresidente de
Investigación y Desarrollo de Hewlett-Packard, Carl Sagan, entonces
un joven astrónomo de Cornell, Phillip Morrison y Giuseppe Cocconi,
autores del artículo en Nature que supuso el lanzamiento de SETI,
Frank Drake, del famoso proyecto Ozma, Su Shu Huang, astrónomo y
experto en planetas extrasolares y su antiguo profesor Otto Struve,
director del observatorio de Green Bank y anfitrión de la
conferencia, y finalmente John Lilly, que recientemente había
publicado su controvertido libro Hombres y Delfines, argumentando
que los delfines eran una especie inteligente. Fue en tributo al
famoso trabajo de Lilly que los asistentes a la conferencia se
llamaban a si mismos La Orden de los Delfines.
Para el desarrollo de SETI, el encuentro fue un suceso memorable.
Por primera vez, la posibilidad de comunicación con civilizaciones
alienígenas se discutía seriamente entre algunos de los científicos
más importantes del mundo. Tan importantes de hecho, que uno de
ellos, Melvin Calvin, fue galardonado con el premio Nobel de Química
durante la conferencia. Fue maravilloso, comentaba Sagan en una
entrevista en 1993, esos grandes científicos diciendo que no
carecía de sentido pensar sobre este asunto. Había tanto
razonamiento en el aire que finalmente traspasamos la ridícula
barrera... Era como girar 180 grados desde el oscuro secretismo y la
vergüenza. De repente se volvió respetable.
El Nacimiento de la Ecuación de Drake
El
encuentro de Green Bank fue tambien importante porque en el se
realizó el primer uso de la famosa fórmula que acabó siendo
conocida como la Ecuación de Drake. Cuando Drake mostró la
fórmula, elaborada ya en el seno del proyecto
Ozma, no pensaba que se volvería un una base para los teóricos
de SETI durante las décadas siguientes. De hecho, el pensó en ella
como una herramienta organizativa -una forma de ordenar los
diferentes temas a discutir en la conferencia de Green Bank, y
permitir que se centraran en la cuestión central de la vida
inteligente en el universo. |
La gran cuestión del número de civilizaciones comunicativas en
nuestra galaxia podría, desde el punto de vista de Drake,
reducirse a siete cuestiones menores :
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(R*)
El índice de formación de estrellas en nuestra galaxia
en la época en que nuestro Sistema Solar se formó. |
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(fp)
La fracción de estrellas que tienen planetas alrededor. |
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(ne)
El número de planetas por estrella que son capaces de sostener
vida. |
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(fl) La fracción de planetas en ne en los que la vida
evoluciona. |
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(fi)
La fracción de fl en los
que la vida inteligente evoluciona. |
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(fc) La fracción de fi que comunicaría
mediante mensajes inteligentes propios de una especie
tecnológica. |
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(L)
El tiempo de vida de una civilización comunicativa
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(N= R* fp ne fl fi fc L) Si llamamos N al número de civilizaciones comunicativas en
nuestra galaxia, y multiplicamos los diferentes elementos,
obtenemos la famosa Ecuación de Drake. |
La ecuación sirvió bien a su propósito en la conferencia de Green
Bank. Ofreció un entorno que permitía a los diferentes
investigadores, que tenían diferentes formaciones y
especialidades, trabajar sobre su conocimiento especializado, y al
mismo tiempo contribuir a la cuestión principal del encuentro.
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Pronto, en cambio, para sorpresa de Drake se convirtió en muco más
que eso. La breve fórmula matemática era irresistible para los
promotores de SETI: Reducía una cuestión especulativa enorme y
casi inmanejable a una serie simple de cuestiones específicas.
mientras que la gran cuestión parecía demasiado larga y
especulativa, sus siete componentes aparentemente se dirigían a
cuestiones científicas. Y no menos importante, puesta como una
fórmula, la cuestión parecía matemática y cuantitativa. ¿Que mejor
forma de ganar respetabilidad científica que formular una ecuación
matemática?.
El encuentro de Green Bank sopesó cada uno de los elementos de la
ecuación, y generalmente llego a estimaciones optimistas. El
índice de formación estelar (R*) era el único elemento de que
existía información fiable, y la conferencia se baso en una
estimación conservadora de una estrella por año. Otto Struve era
el experto residente en planetas extrasolares (ne),
y Calvin y Sagan sugirieron que en los planetas adecuados la vida
acabaría apareciendo (fl). Lilly dió una opinión optimista
sobre la probabilidad de que la inteligencia emergiera en un
planeta con vida (fi), basado en su trabajo con los
delfines. Si al menos dos especies inteligentes emergieron en la
Tierra, ¿No sugería que la inteligencia era común? Los puntos de
vista de Lilly, sin embargo, fueron altamente controvertidos, y a
menudo ignorados por los principales biólogos. Incluso la
simpática audiencia de Green Bank rápidamente hizo notar que los
delfines no eran una especie tecnológica, y no podrían enviar
ondas de radio al espacio.
Los dos elementos finales en la ecuación estaban en el campo de
las ciencias sociales: ¿Cual era la probabilidad de que seres
inteligentes se comunicaran con otras civilizaciones (fc),
y cuanto durarían estas civilizaciones (L)? Curiosamente,
no había científicos sociales en Green Bank. Pero aunque
lamentando su ausencia, Morrison señaló que incluso los
especialistas no podrían dar respuesta a tan grandes preguntas. En
su ausencia, sugirió que basándose en la experiencia de la Tierra,
las civilizaciones era probable que desarrollaran tecnología
avanzada, y que la curiosidad y la necesidad de comunicarse debían
de ser universales. Además, sugirió, si las civilizaciones eran
capaces de superar los peligros de la autodestrucción nuclear,
probablemente se mantendrían durante períodos muy largos de
tiempo.
Resumiendo sus discusiones, la conferencia llegó a la conclusión
de que el número de planetas comunicativos podría ser desde menos
de cien a más de mil millones. La mayoría de ellos pensaron que el
número mayor sería la estimación más probable. Sobre esta base
pidieron una intensa búsqueda de inteligencia extraterrestre por
ondas de radio, usando un disco de 300 pies, grandes computadores,
y paciencia para buscar como mínimo durante 30 años.
Las Nuevas Búsquedas
Una
de las curiosidades de la historia de SETI es que a pesar del
interés creciente del público en los extraterrestres, y de una
literatura cada vez más abundante sobre el tema, pasó toda una
década antes de que la llamada a la acción de la conferencia de
Green Bank fuera respondida. Mientras se realizaron algunas
búsquedas SETI en la Unión Soviética bajo el liderazgo del
radioastrónomo Iosif S. Shklovskii, no hubo un sucesor inmediato
al proyecto Ozma en Occidente. Aunque los miembros de la Orden
de los Delfines, veteranos de la conferencia de Green Bank,
continuaron negociando intensamente para una búsqueda constate
por radio, no fue hasta 1971 que se realizó finalmente una nueva
búsqueda.
Los 60 fueron una década de generación de ideas para los
investigadores SETI. Durante este tiempo las ideas de SETI
fueron ganando terreno en la comunidad científica, y hubo vivos
debates sobre los temas más básicos de este campo emergente :
Que clase de civilizaciones podrían contactarse, que tipo de
señales debíamos buscar, donde buscar, y como. Un programa
actual de SETI requería una fuerte convicción sobre el tipo de
inteligencia alienígena que se buscaba, y un compromiso con una
estrategia específica de búsqueda. En los 60 este campo todavía
estaba buscando un acercamiento adecuado y ampliamente aceptado.
Lo que surgió de los debates fue lo que el físico Freeman Dyson
llamó El punto de vista ortodoxo de la vida en el universo:
La vida es común en el universo. Hay muchos planetas
habitables, cada uno acogiendo su conjunto de criaturas vivas.
Muchos de los planetas habitados desarrollan inteligencia, y un
interés por comunicarse con otras criaturas inteligentes. Por lo
tanto tiene sentido escuchar mensajes de radio de ahí afuera, y
transmitir mensajes en respuesta. No tiene sentido pensar en
visitar sociedades alienígenas más allá de nuestro sistema
solar, o pensar en ser visitados por ellos. El máximo contacto
entre sociedades alienígenas es un lento y benigno intercambio
de mensajes, un contacto que llevaría sólo información y
conocimiento alrededor de la galaxia, no conflictos y tumultos.
Además, había un creciente consenso de que las búsquedas
deberían realizarse cerca de la frecuencia de emisión del
hidrógeno (1420 MHz, o 21 cm) y quizás en el agujero de agua -la banda entre 1420 y 1660 MHz. La mayoría -aunque no todas-
de las búsquedas realizadas desde entonces aceptaron estas
suposiciones básicas y siguieron alguna versión de esta
estrategia básica.
OZPA: Una Búsqueda Escéptica
Los
detalles sobre como realizar una búsqueda no estaban todavía
claros en el primer proyecto SETI post-Ozma en los Estados
Unidos. Tanto que el mismo director de la búsqueda, G.L.
Verschuur del NRAO, expresó serias dudas sobre el propósito
del proyecto : Es la creencia del autor, escribió en un
artículo describiendo el proyecto, que cualquier detección de
señal de otra civilización será probablemente accidental en el
sentido de que captaremos señales no destinadas a nosotros.
Por esta razón es poco probable... que una longitud de onda de
21cm sea la longitud de onda en la que debamos buscar.
Estas son de hecho serias objeciones, procedentes de la
persona que debía dirigir la búsqueda.
Aún así, Verschuur continuó con su programa. Concebido como
una continuación del proyecto de 1960 de Drake, estaba
situado, como Ozma, en Green Bank, West Virginia. Mientras
Drake se tuvo que contentar con usar un radiotelescopio de 85
pies, Verschuur utilizó uno de 300 pies y otro de 140, además
de equipo sensitivo más avanzado. Durante 1971 y 1972
Verschuur apuntó sus instrumentos a nueve estrellas cercanas,
incluyendo las apuntadas por Ozma, escuchando en la frecuencia
de la línea del hidrógeno y corrigiendo el efecto Doppler. En
algunos aspectos era un Ozma expandido y mejorado, pero en
otros era un proyecto más pequeño: mientras el equipo de Drake dedicó 150 horas a sus observaciones durante 3 meses,
Verschuur y sus colegas sólo pasaron 13 horas de observación
en el período de dos años. Aún así las similitudes eran tantas
que el equipo de búsqueda de Verschuur fue popularmente
conocido como Ozpa.
A Ozpa le siguió una búsqueda mayor y continuada por el NRAO
llamada Ozma II, que exploró 674 estrellas durante más de
500 horas entre 1972 y 1976. Durante las tres siguientes
décadas, se realizaron más búsquedas. La mayoría de
ellas eran
pequeñas y limitadas en observación, dependiendo de la
disponibilidad de tiempo de telescopio en los observatorios, y
diseñadas para probar las hipótesis de un investigador en
particular. Algunas, en cambio, eran mayores y más constantes,
y algunas de estas las mencionaremos aquí.
Wow
!
La búsqueda más larga, y una de las más famosas, se realizó
con el radiotelescopio gigante Big Ear en la Universidad
Estatal de Ohio. Big Ear no era un radiotelescopio
habitual: En lugar del familiar disco, estaba compuesto
de una superficie plana de aluminio del tamaño de tres
campos de fútbol, con un reflector gigante en cada extremo,
uno plano y otro parabólico. Su sensitividad era equivalente
a la de un disco de 175 pies. Desde 1973 hasta que fue
desmantelado en 1998 (para dejar lugar a un campo de golf),
su misión más importante era una búsqueda SETI continua
dedicada, en la línea del hidrógeno.
El momento más famoso en la historia de Big Ear, con el que
se ganó un lugar de honor en los anales de SETI, llegó la
noche del 15 de Agosto de 1977. Como todas las noches,
mientras Big Ear buscaba una señal alienígena en los cielos,
sus observaciones quedaban registradas en un listado de
impresora: una larga lista de letras y números que crecía
continuamente, una larga lista para cada uno de los 50
canales examinados por el telescopio. Una de las listas
parecía registrar una transmisión inusual en la frecuencia
del canal 2: 6EQUJ5. Esto llamó la atención del
voluntario de Big Ear Jerry Ehman, un profesor de
la
Universidad Franklin de Columbus, que comprobaba las
lecturas esa noche. Dibujó un círculo en el código para
posteriores observaciones y añadió un simple comentario en
los márgenes: Wow!
Esta era, por supuesto, la famosa señal Wow!, que
inmediatamente entró en la historia de SETI. Las series
6EQUJ5 describen la fuerza de la señal recibida en un
corto periodo de tiempo. En el sistema usado entonces en Big Ear, cada número del 1 al 9 representaba el nivel de señal
sobre el ruido de fondo. Para poder extender la escala, el
personal añadió letras, de la A a la Z, representando
incrementos de niveles de señal más fuertes. 6EQUJ5
representa una señal que creció en potencia hasta el nivel
U y después gradualmente se redujo. En notación más
familiar, la señal subió desde cero a 30 sigmas sobre el
ruido de fondo, y descendió de nuevo a cero, en el espacio
de 37 segundos.
Dos aspectos de esta señal inmediatamente llamaron la
atención de Ehman y del director del proyecto John Kraus,
que vio los resultados la mañana siguiente. En primer lugar,
37 segundos era precisamente el tiempo que necesita Big Ear
para registar un punto determinado del cielo. Debido a esto,
cualquier señal procedente del espacio seguiría precisamente
el patrón de la señal Wow! -incrementándose y decreciendo
en 37 segundos. Esto eliminó prácticamente la posibilidad de
que la señal fuera el resultado de una interferencia de
radio procedente de la Tierra.
En segundo lugar, la señal no era continua, sino
intermitente. Kraus y Ehman lo sabían, debido a que big Ear
tiene dos receptores separados que registran el mismo área
sucesivamente, con varios minutos de diferencia. Pero la
señal apareció en sólo uno de los receptores y no en el
otro, indicando que había sido apagada entre los dos
registros. Una señal fuerte, enfocada e intermitente
procedente del espacio exterior: Podría ser que Big Ear
hubiera detectado una señal alienígena.
Desde 1977 se han realizado varios intentos para encontrar
la señal Wow! de nuevo. Hasta hoy se desconoce la fuente
de la señal más fuerte y clara que jamás haya sido detectada
con una búsqueda SETI. Como era sin ninguna duda artificial,
y prácticamente seguro de origen celeste, Jerry Kraus
especula que podría venir de una sonda espacial (de origen
humano, claro) que él y el personal del Big Ear
desconocieran. Ciertamente así será una señal inteligente
espacial, pero no alienígena. Y todavía queda la posibilidad
de que fuera algo más -una auténtica señal de una
civilización extraterrestre. A no ser que la detectemos de
nuevo, nunca lo sabremos seguro.
Llega la NASA
y el Proyecto Cyclops
Mientras
que la mayoría de las búsquedas SETI eran modestas y
locales, esto no fue siempre así. La más ambiciosa de
todas las búsquedas SETI fue realizada por la NASA, que
tenía acceso a financiación y recursos a una escala
completamente diferente a cualquiera de las otras
búsquedas. De hecho, el involucrarse la NASA en SETI fue
decisivo, tanto para ganar respetabilidad para la búsqueda
de extraterrestres, como para avanzar la tecnología de
búsqueda hasta niveles jamás soñados por los pioneros de
Ozma. Al mismo tiempo, la búsqueda de la NASA tambien
demostró los riesgos de la dependencia de la financiación
gubernamental: Debido a recortes presupuestarios en
Washington, el proyecto SETI se volvió demasiado
vulnerable a los cambios de viento políticos.
En 1970 John Billingham del Ames Research Center de la
NASA en Mountain View, california, convenció al director
del Ames Henry Mark para iniciar un pequeño estudio de
estrategias SETI y sobre las posibilidades de contactar
una civilización alienígena. El resultado fue el Proyecto Cyclops, un programa de la universidad de verano de 1971
patrocinado por la Universidad de Stanford y el Ames Research Center de la NASA.
El espíritu inquieto tras el proyecto era Bernad M.
Oliver, el directivo de Hewlett Packard que ya formó parte
de la conferencia de 1961 en Green Bank. La propuesta que
surgió del estudio, bajo el liderazgo de Bernard, era
ambiciosa. Proponía un bosque de antenas de 100 metros,
ocupando un área de 10 kilómetros de diámetro. Si
recordamos que diez años antes el proyecto Ozma fue
realizado con un sólo disco de 85 pies (unos 30 metros),
podemos hacernos una idea de la escala del proyecto que
proponían. Ozma costó 2000$, y
Cyclops pedía una inversión de 10 mil millones de dólares.
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La escala del proyecto estaba mucho más allá de lo que la
NASA pudiera o quisiera hacer. Su misión principal era
lanzar naves, y una búsqueda SETI sería siempre algo
secundario para la NASA. Pero incluso un pequeño programa
para NASA podría proporcionar muchos más recursos que
cualquier programa SETI anterior.
En los diez años siguientes, NASA continuó patrocinando
talleres y estudios sobre la viabilidad de SETI.
Gradualmente emergieron dos estrategias principales. Un
acercamiento, seguido por el Ames Research Center de NASA,
favorecía la búsqueda tradicional orientada. Como la
mayoría (aunque no todas) de las búsquedas anteriores, la
idea era seleccionar ciertas estrellas, que eran similares
a nuestro Sol y relativamente cercanas, y escuchar
atentamente en busca de señales procedentes de ellas.
Estas estrellas, decía su argumento, son las que ofrecen
más posibilidades de establecer un contacto con una
civilización alienígena.
El otro acercamiento proponía una búsqueda de todo el
cielo, y era liderado por Bruce Murray, director del Jet
Propulsion Laboratory (JPL) de Pasadena. Según Murray era
inútil especular cuantas civilizaciones alienígenas se
podrían encontrar. Tampoco tenía sentido asumir en que
frecuencias podrían transmitir. Esto es algo, insistía
Murray, que simplemente no sabemos. La única ruta
razonable es buscar sistemáticamente en todo el cielo en
todo el cielo en el rango más amplio de frecuencias
posible. Esta búsqueda no sería tan sensible como una
búsqueda orientada, pero funcionaría debido a su amplitud.
En 1979 la NASA ya había trazado las líneas de un plan
SETI coherente. En lugar de escoger entre los
acercamientos competitivos, la NASA decidió seguir ambos.
Una búsqueda orientada se realizaría por el Ames Research
Center, mientras que una búsqueda de todo el cielo la
dirigiría el JPL. Se estableció un programa oficial de la
NASA llamado Microwave Observing Program (MOP-Programa de
Observación de Microondas) para realizar la
búsqueda, al que siguió un período de investigación y
desarrollo.
SETI va a Washington
Desde
sus inicios, MOP se enfrentó a un camino dificultoso. Ya
en 1979 el senador William Proxmire lo galardonó con su
famoso premio Golden Fleece Award, dado a programas
derrochadores patrocinados por el gobierno federal. En
1982 Proxmire intentó cortar los fondos federales para
MOP a través de enmiendas legislativas, amenazando con
poner fin a todos los esfuerzos realizados. La amenaza
se sorteó gracias a la intervención a tiempo de Carl
Sagan, quien se encontró personalmente con el senador y
le convenció de que la búsqueda de SETI valía la pena.
Sagan presentó una petición en soporte de SETI firmada
por muchos de los mejores científicos mundiales,
incluidos siete premios Nobel. La publicidad y el
prestigio que generó Sagan mantuvieron el programa SETI
de la NASA en marcha durante otra década.
El 12 de
Octubre de 1992, 500 años después del día en que Colón
pisó el Nuevo Mundo, las dos búsquedas de NASA se
iniciaron finalmente. La búsqueda de Ames empezó a
registrar sus 800-1000 estrellas objetivo desde el
radiotelescopio de 305 metros de Arecibo, Puerto Rico,
el mayor disco del mundo. El programa de JPL empezó a
mapear los cielos usando el disco de 34 metros del Deep
Space Communications Complex en Goldstone, en el
desierto de Mojave. Las búsquedas tambien recibieron una
nueva denominación de la NASA: High Resolution
Microwave Survey (HRMS-Búsqueda de Microondas en Alta
Resolución).
Ambas búsquedas utilizaron la más avanzada tecnología
disponible. La búsqueda orientada analizaría el espectro
entre 1 y 3 Ghz buscando señales de banda estrecha. Para
conseguir esto, su Analizador de Espectro Multi Canal
(Multi Channel Spectrum Analyzer) analizaría un ancho de
banda de 20 Mhz en todo momento, partiéndolo en 20
millones de canales de 1 Hz, y buscando señales en
anchos de banda entre 1 y 28 Hz.
Al JPL se le encargó buscar en todo el cielo frecuencias
entre 1 y 10 ghz. Esta enorme banda de 9 Ghz se
analizaría con el Analizador de Espectro de Amplia Banda
(Wide Band Spectrum Analyzer), diseñado para registrar
un ancho de banda de 320 Mhz simultáneamente, y
dividirlo en dieciséis millones de canales de 20 Hz.
Crearía un mosaico de 25,000 partes que cubrieran la
totalidad del cielo nocturno. Si consideramos que 15
años antes Big Ear buscaba sólo en 50 canales,
obtendremos una idea de la magnitud de los desarrollos
tecnológicos alcanzados.
Pero menos de un año después del inicio, ambas
búsquedas terminaron de repente e irrevocablemente.,
víctimas de una nueva ola de recortes presupuestarios en
el congreso. Esta vez fue el senador Richard Bryan de
Nevada el que dirigió la carga contra los gastos
gubernamentales en SETI. La Búsqueda del Gran
Marciano, dijo, debe finalmente terminar. Hasta hoy
se han gastado millones y todavía no hemos encontrado un
solo hombrecillo verde. Ni un sólo Marciano nos ha dicho
que le llevemos a nuestro líder, y ni un sólo platillo
volante a pedido ser aprobado por la FAA.
Después de una inversión de 60 millones de dólares en 23
años, y menos de un año de operación, el proyecto SETI
de la NASA estaba inesperadamente muerto. Aún así, y a
pesar del tremendo descontento de los entusiastas de
SETI causado por la cancelación de la búsqueda más
ambiciosa jamás realizada, podemos decir que el HRMS no
murió en vano. Los enormes recursos de la NASA
permitieron importantes avances en tecnología, que
habrían sido difíciles de alcanzar sin su apoyo. Además,
el equipo usado en la búsqueda orientada de AMES no se
desperdició, sino que pasó al SETI Institute financiado
por particulares. El Instituto lo utilizó para lanzar su
propia búsqueda orientada, que todavía funciona con el
nombre de Proyecto Phoenix.
Aunque las búsquedas de la NASA fueron incompletas y de
corta vida, transformaron completamente la cara de SETI.
Comparado con los relativamente aficionados esfuerzos de
las búsquedas anteriores, SETI se convirtió en una tarea
profesional realizada por expertos con la tecnología más
avanzada disponible. El enfoque y sofistificación de las
búsquedas tambien se ha incrementado después de que NASA
participara, y aunque NASA ya no es un participante
activo en SETI, los programas SETI existentes tomaron
forma bajo la influencia de este esfuerzo impresionante.
SETI Después de la NASA
La
cancelación del programa SETI de la NASA en 1993 fue un duro golpe para la
comunidad SETI. Aunque HRMS era un pequeño programa para lo habitual en la
NASA, empequeñeció a todos los demás esfuerzos SETI combinados. Mientras
NASA era parte de SETI, estaba claro que era el jugador dominante, y su marcha
dejó un vacío difícil de llenar.
Aún así, NASA nunca fue el único patrocinador de SETI. En la sombra de HMRS
crecieron una gran variedad de grupos privados que dedicaron sus recursos a
SETI, y algunas veces unieron sus fuerzas con la NASA. Cuando HRMS fue
cancelado inesperadamente, estos grupos se movieron para salvar lo que
pudieran y preservar la investigación SETI. Dos de estas organizaciones
privadas se levantaron para ocupar un papel de liderazgo y salvar a SETI en
los tiempos difíciles: El Instituto SETI, situado en el Silicon Valley de
California del Norte, y The Planetary Society, basado en Pasadena.
El Instituto SETI se fundó en 1984 para patrocinar y realizar investigación
sobre SETI y la vida en el universo. El Instituto incluyó entre sus fundadores
y patrocinadores algunos veteranos de SETI como Frank Drake del Proyecto Ozma
y su colega Delfín Bernard Oliver. Pero tambien incluyó una nueva generación
de investigadores como Jill Tarter y Seth Shostak. La mayoría de los proyectos
iniciales del Instituto eran financiados por la NASA, y jugó un papel
importante en el programa de búsqueda orientada que se situó en el cercano
Moffett Field del Ames Research Center de la NASA.
Cuando HRMS se canceló en 1993, el Instituto SETI se movió para salvar la
búsqueda orientada, y se convirtió en su principal sponsor. Rápidamente
adquirió gran parte del equipo SETI de la NASA, y estableció su propio
proyecto con fondos privados. En Febrero de 1995 lanzaron su Proyecto Phoenix,
una búsqueda orientada muy avanzada basada en el difunto programa de la NASA.
Para su búsqueda, los científicos de Phoenix recopilaron una lista de las 1000
estrellas con más probabilidades de albergar civilizaciones alienígenas. Eran
en su mayoría estrellas similares al Sol a distancias de menos de 200 años
luz de la Tierra y con más de tres mil millones de años, así como las
estrellas más cercanas sin importar el tipo. Cuando se descubre que una
estrella tiene planetas, tambien se añade a la lista. Cada estrella apuntada
se puede registrar en busca de señales en cualquier longitud de onda entre
1000 y 3000 Mhz. Por comparación, el ahora popular SETI@home busca una banda
de frecuencias de sólo 2,5 megahercios, que es sólo una milésima de la
capacidad de Phoenix. Los computadores de Phoenix analizan este enorme ancho
de banda con una resolución muy fina, y pueden reconocer una señal con un
ancho de sólo 0.7 Hz. Esto es crucial para reconocer señales inteligentes,
porque no se conocen señales naturales con una amplitud menor a 300 Hz.
El proyecto Phoenix es una operación móvil. Su avanzada electrónica, hecha
a medida, se guarda en un gran camión, que puede desplazarse a cualquiera de
los grandes observatorios de radio del mundo. Su primera parada fue el disco
de 64 ms en el Observatorio Parkes, en Australia, y en Septiembre de 1996
se trasladó al National Radio Astronomy Observatory en Green Bank, West
Virginia. Allí compartió el tiempo durante un año y medio en el disco de 43
metros, a muy poca distancia del disco de 85 pies (26 metros) que utilizó
Frank Drake en el pionero Proyecto Ozma. Desde 1998 el Proyecto Phoenix está
situado en Arecibo, Puerto Rico, donde utiliza el radiotelescopio de 305
metros, el mayor del mundo.
Como búsqueda orientada, Phoenix puede controlar estrellas particulares con
una precisión no igualada por otras búsquedas. Trabajando en tiempo real con
otros observatorios alrededor del mundo, puede ofrecer una verificación
inmediata de cualquier señal que detecte. Esto es importante porque ayuda a
eliminar posibles interferencia terrestres, y porque las señales del espacio
profundo pueden desaparecer rápidamente debido a la variaciones
interestelares. Su mayor limitación es que tiene que compartir tiempo de
observación con otros proyectos de radioastronomía en los grandes
observatorios. En Arecibo, por ejemplo, sólo puede ejecutarse en 20 sesiones
de 12 horas cada 6 meses, lo que significa que sólo funciona una parte del
tiempo. Aún así, después de casi 7 años de observación, el Proyecto Phoenix
es cada vez más fuerte.
Mientras el instituto SETI continuaba la búsqueda orientada del HRMS, The
Planetary Society optó por un acercamiento a SETI diferente en los años
post-NASA. Incluso antes de la cancelación de HRMS , The Planetary Society
había mostrado claras preferencias por la búsqueda de
todo el cielo en lugar
de la búsqueda orientada. Esta aproximación reflejaba el punto de vista de
Bruce Murray, el futuro presidente de The Planetary Society, que argumentaba
que no deberíamos dar nada por hecho sobre la naturaleza de
las
civilizaciones alienígenas, y que por ello no deberíamos limitar nuestra
búsqueda sólo a estrellas que nuestra sensibilidad humana considerara
habitables. Como director del Jet Propulsion Laboratory de 1976 a 1982
Murray fue el mayor responsable de establecer el concepto de búsqueda por
todo el cielo en el proyecto SETI del JPL.
The Planetary Society, a diferencia del Instituto SETI que concentra sus
esfuerzos en una única búsqueda altamente sofisticada, reparte sus recursos
entre varios grupos que intentan diferentes técnicas. Desde principios de los
80 la Sociedad ha apoyado varios intentos SETI dirigidos por Paul Horowitz de
la Universidad de Harvard. En Octubre de 1995, con la financiación de The
Planetary Society, Horowitz inició el proyecto BETA -una búsqueda de todo el
cielo en el rango de frecuencias de el agujero de agua. BETA, del inglés Ensayo Extra
Terrestre de un Billón de canales, está situado en el Observatiorio Harvard-Smithsonian
en la ciudad de Harvard, Massachusetts, donde utiliza el radiotelescopio de 26
metros. BETA había completado varias exploraciones del cielo visible de
Harvard cuando el disco resultó dañado por una tormenta en marzo de 1999,
hoy día ya reparado.
Desde 1996 The Planetary Society ha apoyado tambien al proyecto
SERENDIP, una búsqueda por
radio de todo el cielo dirigida por Dan Werthimer de la U.C. Berkeley. Al
igual que el proyecto Phoenix, el receptor de SERENDIP está situado en el
Observatorio de Arecibo, pero a diferencia de Phoenix no necesita esperar las
costosas franjas de observación. En lugar de ello, está permanentemente
situado sobre el disco de Arecibo, buscando en la misma parte del cielo hacia
la que apunta el disco y moviéndose por el cielo con la rotación de la Tierra.
Aunque este método no es adecuado para una búsqueda orientada, funciona bien
para una exploración completa del cielo.
Una derivación de SERENDIP es el exitoso
Proyecto SETI@home -el
proyecto de computación distribuida que envía paquetes de señales de radio a
millones de usuarios de todo el mundo, que utilizan sus computadores
personales para analizar los datos en busca de una señal alienígena. Cuando
los fundadores de SETI@home buscaban un esponsor en 1998, The Planetary
Society se adelantó y ofreció el dinero necesario. Desde entonces la Sociedad
ha sido el esponsor principal. SETI@home utiliza los datos captados por el
receptor de SERENDIP, pero se centra en un ancho de banda muy estrecho,
centrado en los 1420 Khz de la línea de hidrógeno. Con más de tres millones de
computadores personales a su disposición, SETI@home puede analizar sus datos
con una profundidad impensable con métodos más convencionales. Como SERENDIP,
el proyecto está situado en la UC. Berkeley y es dirigido por el director
David Anderson y el jefe científico Dan Werthimer.
The Planetary Society tambien ha ido más allá de las búsquedas por radio,
financiando proyectos de SETI Óptico que buscan señales de láser concentrado
provenientes de las estrellas. En 1998 comenzó a apoyar dos búsquedas
orientadas, situadas en Harvard y en UC Berkeley, que buscan breves cambios en
la luz procedentes de las estrellas candidatas. La
Sociedad ha complementado estos proyectos financiando la construcción del
mayor observatorio del mundo dedicado a SETI Óptico, en
Harvard, Massachusetts, en el 2002. |
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