Cuando Sri Aurobindo nació, en Calcuta
(India), el 15 de agosto de 1872, la
reina Victoria se preparaba para coronarse emperatriz de la India.
El docto Krishnadhan Ghose, padre de Aurobindo, había estudiado medicina
en Inglaterra, convirtiéndose a tal punto a la cultura inglesa, que rechazó la
sola idea de que sus tres hijos se contaminasen del misticismo retrógrado y
embriagador en que su país parecía hundirse. Era tan extrema su oposición, que
quiso evitar que su familia siquiera conociese las tradiciones de la India.
Así las cosas, al pequeño le fue dado un nombre
ingles (Akroyd), una
institutriz inglesa (Miss Pagget) y, a la edad de cinco años, fue enviado a una
escuela de monjas irlandesas en Darjeling, donde inició sus estudios con los
hijos de los administradores británicos. Dos años más tarde, los tres hijos del doctor Ghose
fueron enviados a Inglaterra, y confiados a un pastor anglicano en Manchester
con instrucciones estrictas de que no conociesen a ningún hindú ni se expusiesen
a ninguna influencia india.
Durante trece años Aurobindo no volverá a pisar patria, ni verá a sus padres.
Y este desgarro es tan drástico que, cuando por fin regresa, completados sus
estudios superiores, ya no verá vivo a su padre, y hallara a su madre enferma a
tal punto que apenas lo reconoce al verlo.
Así debió vivir, desarraigado de su cultura, su medio ambiente y su familia.
Entre otras instrucciones, el doctor Ghose había ordenado al pastor Drewett que
no diese ninguna educación religiosa a sus hijos, a fin que ellos mismos
pudiesen escoger, si querían y cuando tuviesen edad de decidir, su propia
religión.
Pero la madre del pastor, quien se propuso salvar
el alma a los tres pequeños, no estuvo dispuesta a seguir esta indicación. Un
día llevó a Aurobindo, de diez años, a una reunión de pastores no conformistas.
Una vez hecha las plegarias -relata después Aurobindo-
vino la hora de las convenciones. Yo me aburría
en extremo. Después, un pastor se aproximó a mí y me hizo algunas preguntas. No
respondí nada. Entonces todos exclamaron: ¡Está salvado! ¡Está salvado! y se
pusieron a orar por mí y a dar gracias a Dios.
Este tipo de experiencias lo llevarían a sostener
que la religión y la espiritualidad no son sinónimos. La verdadera teocracia,
como escribirá mas tarde, es el reino de Dios
en el hombre, no el reino de un Papa, de una iglesia o de una casta sacerdotal.
El Indio Erudito
A los doce años debió trasladarse a Londres para ingresar al St Paul´s
School. A esa edad ya había aprendido a fondo el latín y la lengua francesa. El
director del colegio se mostró tan sorprendido por el talento de su alumno, que
decidió darle él mismo las lecciones de griego.
Su capacidad de aprendizaje era tan alta que al cabo de tres años podía
tomarse la libertad de no asistir a la mitad de los cursos, y dedicarse por
completo a la lectura, su ocupación favorita. Lee a Shelley, a los poetas
franceses, a Homero y Aristófanes; y muy pronto todo el pensamiento europeo
-porque tempranamente supo lo suficiente de alemán y de italiano para leer a
Dante y a Goethe en su lengua original- pueblan su soledad.
Durante ese período no cultiva una vida social, ni trata de establecer
relaciones de amistad, lo que contrasta con Mono Mohan, el segundo de sus
hermanos, quien llegaría a distinguirse en la poesía inglesa, y que deambulaba
en esa época por Londres con su amigo Oscar Wilde.
Al egresar del colegio, en 1890, una beca le permitió ingresar al Cambridge
King´s College. Su familia había dejado de enviarle dinero casi por completo, y
la beca era muy baja para poner remedio al frío y al hambre, más aún porque los
hermanos mayores participaban también, de aquella ayuda. Tenia entonces dieciocho años y permanecía obediente a los designios de su
padre. Pero eso no se prolongaría por mucho tiempo.
En Cambridge, continuó demostrando su capacidad académica, y desde el primer
año acumuló todos los premios de poesía griega y latina. Pero su corazón no
vibraba por ello; en medio de ese ambiente brillante de la universidad comenzó a
inclinarse por lecturas que le mostraban la otra cara de Europa. Juana de Arco,
Mazzini, la revolución americana, la historia de los marginados, de los
rebeldes, desfilan ante sus ojos ávidos. Comienza a configurarse en él un
espíritu libertario, que lo lleva a soñar -a él, que no recordaba muy bien lo
que era un indio, y menos aún un hindú, y que casi no había vivido en su propia
tierra- en la liberación de su país, en la independencia de la India. Esta
intempestiva vocación política no lo abandonaría durante los siguientes veinte
años.
Invadido por este nuevo espíritu, se hizo secretario de la Indian Majlis,
asociación de estudiantes indios de Cambridge. El niño solitario se convirtió en
un joven lleno de entusiasmo; el erudito vio inflamada de pasión su sabiduría, y
comenzó a realizar un fuerte activismo estudiantil. Pronunciaba discursos
revolucionarios, repudió su nombre británico, y en un paso audaz se afilió a la
sociedad secreta Loto y Puñal. Todo ello lo llevó a convertirse en un sospechoso
para la institucionalidad británica, y pronto figuró en las listas negras, lo
que no le impidió obtener finalmente su licenciatura en las Letras Clásicas.
Regreso a la India
Tiene veinte años cuando, en 1892, se embarca con rumbo a su tierra natal.
Sus títulos y su calidad académica permitieron que a su llegada a Bombay el
Maharajá de Baroda le confiriera el puesto de profesor de francés. Con ello
resolvía la primera urgencia de contar con ingresos suficientes para subsistir.
Más tarde obtuvo el puesto de profesor de lengua inglesa en el College del
Estado, del que muy pronto llego a ser director adjunto. Al mismo tiempo
desempeñó las funciones de secretario particular del príncipe.
La corte y la enseñanza absorben su tiempo, pero
Aurobindo traía en sus maletas la preocupación por la suerte de la India. Ello
lo impulsó a realizar numerosos viajes a Calcuta, donde se interiorizó de la
situación política y comenzó a escribir artículos del yugo británico, y
criticaba vivamente la política pordiosera del Congreso indio: Nada de reformas, nada de
colaboración, argumenta. Se formuló entonces el propósito de estimular las
energías de la nación con miras a una acción revolucionaria.
Pronto hubo de reconocer que los artículos del periódico no bastaban para
despertar a su país. Entonces se entregó a actividades políticas secretas que le
llevarían hasta los umbrales de la horca. Durante trece años Sri Aurobindo jugó
con fuego, la misma cantidad de años que duró su formación en Inglaterra.
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Lo paradójico, sin embargo, es que su misma vocación revolucionaria se
convertirá en el detonante de su acercamiento al mundo espiritual. No buscó la
soledad, ni se sentó con las piernas cruzadas, ni se hizo discípulo de ningún
maestro. Los templos no le interesaban. Cuando un amigo le aconsejó el yoga, él
se opuso: el yoga que exige que yo abandone el mundo,
no esta hecho para mí; el solitario que deja al mundo entregado a su suerte es
una cosa casi repugnante. Pero la fuerza del espíritu y el camino del yoga llegaría hacia él, porque
son misteriosas las maneras en que se realiza un destino.
La Acción Revolucionaria
En 1906, Aurobindo ejerce como director del diario de Calcuta
Bande Matarm
(Salud a la Madre India), desde allí predica la causa del nacionalismo con
fervor de auténtico misionero. El diario es el primero en declarar en forma
pública el propósito de la independencia total, contribuyendo de manera poderosa
al despertar de la India. Paralelamente se convertía en director del primer National College de Calcuta.
Dirige tras bambalinas una organización secreta
de alcance nacional, que se preparaba para cuando llegaría el día del
levantamiento armado, al tiempo que se dedica a redactar un programa estratégico
que completa cuatro puntos centrales: despertar en la India la noción de
independencia; Mantener a la gente en estado de rebelión permanente; Transformar
el Congreso indio y sus tímidas reivindicaciones en un movimiento extremista, declarando sin ambages el ideal
de independencia completa y, por último, organizar en forma secreta una
insurrección armada.
Con su joven hermano Barin, comenzó a preparar grupos de guerrilla en
Bengala, bajo la fachada de asociaciones deportivas o culturales, e incluso
envió a Europa un emisario para que aprendiera a fabricar bombas.
Su promoción pública del nacimiento extremista convirtió al joven poeta en el
hombre más peligroso de la India. Ello hizo que tras el asesinato de las señoras
Pringle Kennedy en Muzzaferpore a manos de los revolucionarios exaltados, Sri
Aurobindo fuera detenido, acusado de conspiración, y encarcelado en régimen de
incomunicación en la prisión de Alipur.
El Milagro Espiritual
En una ocasión, en medio de su dedicación a la actividad revolucionaria
previa a la prisión, el hermano mayor y colaborador de Aurobindo, Barin, enfermó
de gravedad. Casualmente, pasó mendigando frente a su casa un monje errante,
pidiendo de comer según era costumbre, cuando vio a Barin temblando de fiebre.
Sin decir palabra, pidió un vaso de agua, trazó sobre el joven enfermo un signo
y, pronunciando unas palabras desconocidas, le dio de beber. Luego desapareció
tal como había llegado. No alcanzaron a pasar más de cinco minutos, cuando la
fiebre de Barin se había normalizado por completo.
Aurobindo ya había oído hablar de los extraños poderes de tales ascetas, pero
era la primera vez que tenia una experiencia directa. Reflexionó entonces que el
yoga podía servir para algo más que evadirse del mundo. Había en mí un
agnóstico, había un ateo, un escéptico. Yo no estaba siquiera seguro de que dios
existiese... Sólo sentía que alguna poderosa verdad debía existir en alguna
parte de ese yoga. Decidí pues practicarlo, a fin de comprobar si mi idea podía
justificarse, dirigiendo esta plegaria: Si tú existes, tu conoces mi corazón...
Bien sabes que no pido la liberación –mukti. Nada pido de lo que reclaman los
demás. Solo quiero la fuerza necesaria para sublevar a esta nación, no pido sino
poder vivir y trabajar por este pueblo que amo.
Abierto a explorar ese camino, en
medio de reuniones políticas y de su trabajo en el periódico, y bajo la amenaza
constante de la policía secreta, le sobrevino un encuentro fundamental. El 30 de
diciembre de 1907 conoció al yogui Vishnú Bhaskar Lelé. Tras saludarlo, le
planteó directamente: Yo quiero practicar el yoga para actuar, no para
renunciar, ni siquiera por el Nirvana, al mundo. Lelé respondió: Para
usted no debería ser difícil, porque es un poeta. Tras esta inesperada
respuesta, se retiraron ambos a un aposento aislado y permanecieron allí durante
tres días.
El primer resultado -escribió Aurobindo-
fue una serie de experiencias muy poderosas y radicales cambios de conciencia
que eran completamente contrarios a mis propias ideas, y me hicieron ver el
mundo con prodigiosa intensidad.
En tres días quedé libre. A
partir de ese momento, el ser mental en mí se convirtió en una inteligencia
libre, una mente universal. Ya no era un ser limitado al círculo estrecho de los
pensamientos personales, como un obrero en una fabrica de pensamientos, sino un
receptor de conocimiento que recibía centenares de reinos del ser, libre de
elegir lo que quisiere en ese vasto imperio de visión, en ese vasto imperio de
pensamiento.
En Prisión
En el amanecer del 4 de mayo de
1908, la policía británica llego para despertarlo, pistola en mano. Acababa de
fallar un atentado; la bomba había sido fabricada en el jardín donde Barin, su
hermano, entrenaba a algunos
discípulos. Ninguna responsabilidad le cabía en el fallido intento pues
en sus principios, la organización de la lucha rebelde nada tenia que ver con
los actos individuales de terrorismo, lo que quedó demostrado por su posterior
absolución; pero se le retuvo un año en prisión en espera del veredicto.
Cuando fui detenido... mi fe
se sintió vacilante, no conseguía penetrar Sus designios... Pasó primero un día,
luego otro. Al tercer día una voz se hizo oír dentro de mí: Espera y mira, dijo.
Entonces recobre la calma y esperé... Y recordé que un mes antes de mi arresto,
un llamado interior me había ordenado abandonar la actividad y dirigir mi
atención al interior de mí mismo a fin de entrar en comunicación más estrecha
con Él. Ve adonde nadie ha ido –exclamó la voz. Cava más hondamente, más aún,
hasta la piedra inexorable del fondo y llama a la puerta sin llave.
La Nueva Vida
en Pondichery
En mayo de 1909, tras un largo
proceso, fue absuelto y puesto en libertad. Se instaló por unos meses en
Chandernagore, y en 1910 arribó a Pondichery, su lugar de destino, del que no ya
se movería.
Al comienzo de su permanencia en esta
última ciudad tiene su tercera realización. Era la visión de la Realidad Suprema
como algo simultáneamente estático y dinámico, caracterizada por el silencio y
la expresión, el vacío y la creatividad.
En junio del mismo año, comienza a editar el seminario Karma-yogui,
escrito y dirigido por él.
Sus primeros meses en esa
localidad, 170 Km al sur de Madrás, lo vivió en medio de una gran miseria.
Estaba aún bajo sospecha, su correspondencia era intervenida, y sus movimientos
vigilados por los agentes británicos. Se intentó obtener su extradición con todo
género de maniobras, las que incluyeron desde ocultar documentos comprometedores
en la casa donde vivía hasta el intento de rapto.
Pero toda esta acción era vana,
ya que él había dado un giro a su misión en la vida.
Algunos de sus compañeros de armas esperaban que su jefe reanudase la
lucha política, pero él sabia que ese ya no era su lugar. Además, había podido
comprobar que
la maquinaria funcionaba sola; el espíritu de independencia se había
despertado en sus compatriotas y los acontecimientos seguirían su curso
inevitable.
En 1914, tras cuatro años de
contemplación espiritual, retomó su actividad literaria e inició la publicación
mensual de una revista de filosofía, Arya, en la que expuso su visión del hombre
y de la historia, de su destino y del avance de la humanidad hacia la unidad y
la armonía.
Durante seis años
ininterrumpidos, hasta 1920, publicó de modo continuo casi toda su obra escrita,
más de cinco mil paginas. Escribía de manera singular; no un libro tras otro,
sino cuatro y aun seis al mismo tiempo, sobre los temas más diversos, los que
eran entregados como capítulos en la revista: La
Vida Divina, donde está su
visión espiritual de la evolución; Síntesis del Yoga,
en el que describe las etapas y las experiencias del yoga integral; los
Ensayos Sobre el Gita y su filosofía de la acción;
El Secreto del Veda, con un estudio sobre los
orígenes del lenguaje; El Ideal de la
Unidad
Humana y el Ciclo
Humano, que consideran el aspecto sociológico y psicológico de la
evolución, y las posibilidades futuras de las sociedades humanas.
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En 1920, al cabo de seis años,
estimó
completada su labor, y cerró la revista. Después, sólo
escribirá para atender su enorme correspondencia -miles
de millares de cartas con todo género de explicaciones prácticas acerca de las
experiencias yóguicas, las dificultades, los progresos-
y, sobre todo, se dedicará durante treinta años a redactar esa prodigiosa
epopeya de 23.813 versos, el Savitri, concebido como un quinto Veda,
donde expone las experiencias de los mundos de lo alto y lo bajo, sus batallas
en el subconsciente y en el inconsciente, y toda la historia oculta de la
evolución terrestre y universal, incluyendo su visión de los tiempos futuros.
La Vida Divina
La Vida Divina es
la obra metafísica y filosófica principal de Sri Aurobindo. Con más de 1.100
páginas desarrolla una teoría de la evolución de la conciencia como explicación
última de la existencia del hombre sobre la Tierra. Sri Aurobindo discrepa de la
enseñanza tanto de Buda como de Shankara, para quienes la vida es sólo dolor e
ilusión, pues para Sri Aurobindo la vida es el escenario de una evolución
espiritual en la que a partir de la inconciencia, debe manifestarse
progresivamente la conciencia divina. Pues la conciencia
es el fundamento y el origen de la creación. La evolución es para él, por tanto,
la evolución de la conciencia.
Según Sri Aurobindo detrás de las
apariencias y mirajes que constituyen el Cosmos en que habitamos, existe la
realidad de un Ser eterno e ilimitado, un Espíritu Universal, en el interior del
cual todos los seres creados están unidos, aunque en apariencia separados por
una especie de conciencia individual y una ignorancia de su esencia divina. Tal
Espíritu Universal está contenido en la materia. Sri Aurobindo postula una
evolución liberadora, más no una evolución ciega entregada al azar, sino una
evolución orientada siempre hacia planos más altos de existencia. En la creación
hay, según él, un propósito, y el hombre es el instrumento elegido para servir
ese designio.
Primero fue la materia inerte;
después apareció la vida animando esa materia aparentemente muerta: una vida
mineral primero, luego vegetal, después animal y a continuación el hombre. La
conciencia aparece en lo que parecía inconsciente, y una vez aparecida, ella es
impelida, arrastrada sin cesar a seguir creciendo cada
vez más, a desarrollarse y ensancharse. La vida vendría a ser el primer paso en
la revelación de esa conciencia; la mente, el segundo. Con el hombre aparece la
mente-inteligencia. No existe una separación radical entre estas diversas
etapas. Si la vida pudo nacer de la materia, es porque estaba ya allí latente.
Del mismo modo, si la inteligencia pudo desarrollarse de la materia viva es
porque ella ya alentaba en su interior. Pero la inteligencia no es la meta final
de la evolución de la conciencia: sus imperfecciones son demasiado evidentes
para poder aceptar tal hipótesis. Otra etapa tiene
que cumplirse, y ella ha de ser hacia el desarrollo de una Supramente en que el
espíritu domine en la conciencia del ser vivo y del hombre. Sólo entonces lo
divino podrá manifestarse enteramente en la vida, y ésta revelará su perfección.
Asimismo, cada etapa alcanzada es
capaz de influir en la etapa anterior y acelerar enérgicamente sus
transformaciones. Cuando el estado de supraconciencia espiritual, o lo que
Aurobindo denomina Supramente, aparezca en el mundo esta conciencia liberada
despertará el nacimiento del superhombre. El hombre intelectual de nuestros días
difícilmente puede entender esta nueva forma de conciencia, del mismo modo que
el mono no es capaz de aprehender y captar los mecanismos superiores de la mente
humana. Pero podemos tener un atisbo de esos procesos en los estados que ahora
llamamos intuición, inspiración y trance místico.
El hombre deberá trascenderse
a sí mismo, pero esta vez el proceso será plenamente consciente y no
inconsciente como había sido en los anteriores ascensos evolutivos. Porque el
hombre como tal ha alcanzado ya un alto nivel de conciencia que le permitirá
alcanzar la siguiente transición, cruzar el nuevo puente sobre el abismo, en
total lucidez. Al lograrlo, caerá de sus ojos el velo de la ignorancia y
desaparecerá del mundo la vida actual plagada de contrastes de luces y de
sombras. La noción de tiempo será acelerada a un ritmo que apenas podemos
imaginar, pues así como el hombre actual, gracias a su mente, puede vivir el
equivalente de mil vidas de un animal o cien mil vidas de un vegetal, del mismo
modo un ser supramental, es decir, un superhombre, podrá multiplicar por
millones su experiencia de vida y de pensamiento.
El conocimiento, por tanto, no
será ni inductivo ni analógico, como lo es al presente, sino directo y absoluto.
Toda la Creación entrará en un estado de paz, de éxtasis y de alegría perennes,
vale decir, en una Vida Divina. Tal realización sólo
podría cristalizarse mediante la práctica colectiva del Yoga Integral, una
especie de arte destinado a explorar y controlar la fuerza espiritual oculta del
hombre. Sri Aurobindo cree en la eficacia de su método
para posibilitar al ente humano su crecimiento dinámico e interno hacia una
condición divina. Cuando un hombre alcanza esta condición y recibe la Luz
Supramental, parte de ese principio es entregado también al mundo que lo rodea y
favorece la perfección colectiva de la humanidad.
La
Consolidación de la Enseñanza
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Con una admirable sincronicidad,
como ya otras veces había ocurrido en su vida, una persona que sería fundamental
para completar el proceso y consolidar su obra aparece en Pondichery en 1920. Se
trata de Madame Mirra Richard, La Madre, nacida en París el 21 de febrero
de 1878, quien había alcanzado también, por su propio camino, la visión
supramental. Desde que vi a Sri Aurobindo
-antes de verlo físicamente-
comprendí que era él quien estaba llamado a realizar la obra sobre la tierra y
que era con él con quien yo debía trabajar, escribirá la Madre.
Por su parte, Aurobindo afirma:
Cuando vine a Pondichery, me fue dictado desde dentro un programa para mi
disciplina. Lo seguí y progresé por mi parte, pero no conseguía gran cosa en
cuanto a la ayuda que debía deparar a los demás. Después vino la Madre; con su
cooperación encontré el método necesario.
Y es ella quien toma la dirección
del ashram cuando Aurobindo se retira, en 1926, a la soledad completa; también
es ella quien continua su obra después de la muerte de él, en 1950. La
conciencia de la Madre y la mía son una misma y sola conciencia, escribió.
Sri Aurobindo y la Madre se
entregaron en Pondichery a una serie de experiencias para verificar y
experimentar
lo que ambos habían descubierto sobre el cuerpo supramental... noche y día,
por muchos años, más escrupulosamente de lo que el sabio, verifica su teoría o
método en el plano físico.
Ya habían comprobado el poder de
la conciencia, que los
milagros o intervención de los poderes superiores de la conciencia no
llegaban a la esencia del ser y que eran del todo vanos considerados desde el
punto de vista de la transformación del mundo El verdadero tema no es la
modificación exterior de la materia mediante intervenciones fugaces, llamadas
sobrenaturales,
aclaró Aurobindo, sino su modificación por dentro de manera perdurable.
Se trata de establecer las bases de una física nueva. La levitación, la
conquista del sueño, del hambre, y aún de las enfermedades, no hacen sino tocar
la superficie del problema, y constituyen una acción contra el orden de las
cosas.
En este periodo, junto con
consagrarse al trabajo espiritual, recibe también a un primer grupo de
discípulos.
La Soledad
Activa
El 24 de noviembre de 1926,
inició un nuevo ciclo de su proceso, difícilmente comprensible para nuestras
mentes, pero sí bajo la aceptación de la premisa aurobindiana de la supramente.
En ese momento, evalúa como cumplida una cuarta etapa de realización de su
desarrollo espiritual, lo que determina para él una nueva misión: la de
enfrentar a las fuerzas de la inconciencia en el mundo realizando una acción
desde el plano supramental, ejecutando un yoga para la conciencia terrestre.
Para ejercerlo, determina que
debe reclutarse en una habitación de su ashram, a fin de poder realizar su
actividad con plena entrega. A ello dedicará los veinticuatro años siguientes,
hasta el fin de su vida terrena.
A pesar de estar recluido, no está aislado del mundo sino en pleno
contacto con él.
Sigue cotidianamente el acontecer
del mundo, y pone su fuerza espiritual a favor del avance de la conciencia y del
descenso de lo supramental. Esto se expresa, por ejemplo, en su declaración
explícita a favor de los aliados de la segunda guerra mundial, afirmando que
ello se ponía en juego, con un vastísimo alcance, el avance o retroceso del
desarrollo espiritual de la humanidad.
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08. |
En
1928, en mayo, rompe
excepcionalmente su reclusión y se entrevista con Rabindranath Tagore.
Recordando sus impresiones el poeta señaló: Me di cuenta desde el primer
momento que él (Sri Aurobindo) había estado a la búsqueda de su alma y que lo
había logrado, acumulando en ese largo proceso de autorrealización un silencioso
poder de inspiración. Su cara irradiaba luz interior y su serena presencia me
evidenció que su alma no estaba mutilada ni contraída a la medida de alguna de
esas tiránicas doctrinas que se solazan en infligirle daños a la vida. Sentí que
era el lenguaje de los antiguos rishis hindúes que a través de él hablaba de esa
ecuanimidad que otorga al alma humana la libertad de ingresar en el Todo.
Desde ese momento, y hasta su
muerte, Aurobindo sólo se contactó físicamente con sus discípulos tres veces
cada año, para entregar sus mensajes. Fue, por lo tanto, la Madre quien se hizo
cargo, desde 1926, de la organización de las actividades y de la dirección del
grupo de discípulos, comenzando una gigantesca tarea para la continuación de la
obra.
En 1939 revisa y publica en forma
de libro La Vida Divina. En 1940 se declara en favor de los aliados, poniendo,
desde la evacuación de Dunkirk, su fuerza espiritual detrás de tales fuerzas.
El 15 de agosto de 1947, India alcanza su liberación en el cumpleaños número 75
de Sri Aurobindo. El filósofo da su mensaje para la ocasión.
En 1950 se publica la primera parte de Savitri, poema épico de 23.813
versos, considerado la gran revelación espiritual del maestro.
Sri Aurobindo deja su cuerpo físico el 5 de diciembre de 1950.
La Obra en el
Mundo
La Madre continuó el trabajo con
los discípulos, el que se abrió cada vez a un mayor numero de personas,
constituyendo un nuevo tipo de ashram. Tradicionalmente, este consiste en una
comunidad espiritual o religiosa cuyos miembros han renunciado al mundo a fin de
consagrarse a los ejercicios yóguicos para alcanzar la liberación. En este caso,
no se planteaba como un espacio de renunciamiento al mundo, sino como un lugar
de experimentación para la evolución de una nueva forma de vida, que lleva
aparejada la posibilidad de alcanzar altos niveles de conciencia.
A partir de un puñado de
discípulos que vivían como miembros de la casa de Sri Aurobindo, con el tiempo
el ashram llegó a constituir una comunidad que alcanzó a las 1800 personas.
El dinamismo de su obra hizo
surgir un nuevo proyecto que concretó, finalmente, en febrero de 1968:
Auroville, la ciudad de la Aurora, pensada como la ciudad de la unión
humana. Construida a pocos kilómetros al norte de Pondichery, reviste la forma
de una gigantesca espinal. La UNESCO ha invitado a sus estados miembros y a las
organizaciones no gubernamentales a participar en el desarrollo de Auroville
como ciudad cultural internacional, destinada a reunir los valores de diferentes
culturas y civilizaciones en un medio armónico.
En la actualidad, unas cinco mil
personas habitan en forma permanente en la ciudad, y otras dos mil en el ashram,
que exige requisitos mayores para ingresar. A ello se agrega un flujo constante
de millares de personas que asisten a las múltiples actividades de desarrollo
espiritual que allí se ofrecen.
El ashram de Pondichery y la
ciudad de Auroville constituyen hasta hoy los cimientos del Deva Sangha,
la Comunidad de Dioses, el principio del advenimiento de la supramente, que Sri
Aurobindo concibió.
FRAGMENTOS DE SU PENSAMIENTO
El Espíritu,
Fin
Último
La esperanza de futuro reside
en una religión espiritual de la humanidad. Por ella entenderemos no lo que
suele llamarse religión universal, sistema, credo, creencia intelectual, dogma o
rito exterior. La humanidad ha tratado de alcanzar la unidad por ese medio. Pero
en ello ha fracasado y merecía fracasar, porque no puede haber sistema religioso
universal provisto de un único credo mental y de una forma vital única. No cabe
duda de que el espíritu interior es único, pero la vida espiritual es la que más
necesidad tiene de libertad, de variedad en cuanto a la expresión y a los medios
de desarrollo.
Una religión de la humanidad
supone la percepción creciente de que existe un espíritu secreto, una realidad
divina en cuyo seno todos somos uno, de que nuestro mundo es la humanidad el más
preciado vehículo de ese espíritu y de que el género y el individuo humano son
los medios gracias a los cuales esa realidad va a revelarse progresivamente aquí
abajo. Una religión de la humanidad supone un esfuerzo creciente para vivir a
fondo tal conocimiento y para instaurar en la tierra el reino de ese divino
espíritu. A medida que ese reino crezca en nosotros, la unidad con nuestros
semejantes se convertiría en el principio que gobierne toda nuestra vida y no se
tratará simplemente de un principio de cooperación sino de una fraternidad más
profunda, de un sentido real e interior de la unidad y de la igualdad, de una
vida común a todos.
La Democracia
La democracia no constituye en
modo alguno una garantía segura de la libertad. Por el contrario, hoy vemos como
el sistema democrático de gobierno se encamina inexorablemente hacia la
liquidación organizada de la libertad individual, hasta un punto que hubiera
sido difícil imaginar en los antiguos sistemas democráticos y monárquicos. Es
ciertamente posible que la democracia acabara con las formas más violentas y
brutales de opresión despótica que esos sistemas llevaban emparejadas y
permitiera a las naciones ricas implantar formas liberales de gobierno, lo que
constituye sin duda alguna un progreso considerable. Hoy sólo resurge la
opresión en épocas de revolución y de excitación. Pero en nuestros días se esta
produciendo un despojo de la libertad, aparentemente más respetable, más sutil y
más sistemático, también más moderado en sus métodos porque se apoya en una
fuerza mayor y, por ello mismo, es más efectivo y brutal.
Acerca del Camino
Nosotros ignoramos si esta o aquella experiencia forma
parte o no del camino, porque si supiésemos que progresamos, conoceríamos el
camino, ¡Y no hay tal camino! ¡Nadie lo ha recorrido nunca! No se podrá decir lo
que eso es sino hasta que este hecho. Es una aventura en
lo desconocido.
Los Grados de
Conciencia
La conciencia mental no es
sino una gama humana, y no agota todas las gamas de posibles conciencias, así
como la vista humana no agota todas las gradaciones del color ni el oído todas
las gradaciones del sonido, porque existe, arriba tanto como abajo, un gran
numero de cosas que el hombre no puede ver ni oír. De igual manera, existen
ganas de conciencia que se hallan por encima y por debajo de la gama humana, con
las que el ser humano normal no esta en contacto y que, por eso mismo, le
parecen <inconscientes> gamas supramentales y gamas submentales... En realidad,
eso que llamamos <inconciencia> es, simplemente, otra conciencia.
IMAGENES
01: Perspectiva
del Matrimandir, templo que nuclea Auroville. | 02: Sri Aurobindo. | 03: Plano
de Auroville, ciudad utópica, diseñada en espiral para 50.000 habitantes. En el
centro de la población, el Matrimandir. | 04: Panorámica del Matrimandir. | 05:
Matrimandir. | 06: La Madre, Mirra
Richard. | 07:
Acceso al Ashram de Aurobindo, en Pondincherry. | 08: Audiencias en Auroville.