Abierto a explorar ese camino, en medio de
reuniones políticas y de su trabajo en el periódico, y bajo la amenaza constante
de la policía secreta, le sobrevino un encuentro fundamental. El 30 de diciembre
de 1907 conoció al yogui Vishnú Bhaskar Lelé. Tras saludarlo, le planteó
directamente: Yo quiero practicar el yoga para actuar, no para renunciar, ni
siquiera por el Nirvana, al mundo. Lelé respondió: Para usted no debería
ser difícil, porque es un poeta. Tras esta inesperada respuesta, se
retiraron ambos a un aposento aislado y permanecieron allí durante tres días.
El primer resultado -escribió Aurobindo-
fue una serie de experiencias muy poderosas y radicales cambios de conciencia
que eran completamente contrarios a mis propias ideas, y me hicieron ver el
mundo con prodigiosa intensidad.
En tres días quedé libre. A partir de ese
momento, el ser mental en mí se convirtió en una inteligencia libre, una mente
universal. Ya no era un ser limitado al círculo estrecho de los pensamientos
personales, como un obrero en una fabrica de pensamientos, sino un receptor de
conocimiento que recibía centenares de reinos del ser, libre de elegir lo que
quisiere en ese vasto imperio de visión, en ese vasto imperio de pensamiento.
En Prisión
En el amanecer del 4 de mayo de 1908, la policía
británica llego para despertarlo, pistola en mano. Acababa de fallar un
atentado; la bomba había sido fabricada en el jardín donde Barin, su hermano,
entrenaba a algunos
discípulos. Ninguna responsabilidad le cabía en el fallido intento pues
en sus principios, la organización de la lucha rebelde nada tenia que ver con
los actos individuales de terrorismo, lo que quedó demostrado por su posterior
absolución; pero se le retuvo un año en prisión en espera del veredicto.
Cuando fui detenido... mi fe se sintió
vacilante, no conseguía penetrar Sus designios... Pasó primero un día, luego
otro. Al tercer día una voz se hizo oír dentro de mí: Espera y mira, dijo.
Entonces recobre la calma y esperé... Y recordé que un mes antes de mi arresto,
un llamado interior me había ordenado abandonar la actividad y dirigir mi
atención al interior de mí mismo a fin de entrar en comunicación más estrecha
con Él. Ve adonde nadie ha ido –exclamó la voz. Cava más hondamente, más aún,
hasta la piedra inexorable del fondo y llama a la puerta sin llave.
La Nueva Vida en Pondichery
En mayo de 1909, tras un largo proceso, fue
absuelto y puesto en libertad. Se instaló por unos meses en Chandernagore, y en
1910 arribó a Pondichery, su lugar de destino, del que no ya se movería.
Al comienzo de su permanencia en esta última ciudad tiene su tercera
realización. Era la visión de la Realidad Suprema como algo
simultáneamente estático y dinámico, caracterizada por el silencio y la
expresión, el vacío y la creatividad.
En junio del mismo año, comienza a editar el seminario Karma-yogui,
escrito y dirigido por él.
Sus primeros meses en esa localidad, 170 Km al
sur de Madrás, lo vivió en medio de una gran miseria. Estaba aún bajo sospecha,
su correspondencia era intervenida, y sus movimientos vigilados por los agentes
británicos. Se intentó obtener su extradición con todo género de maniobras, las
que incluyeron desde ocultar documentos comprometedores en la casa donde vivía
hasta el intento de rapto.
Pero toda esta acción era vana, ya que él había
dado un giro a su misión en la vida. Algunos de sus
compañeros de armas esperaban que su jefe reanudase la lucha política,
pero él sabia que ese ya no era su lugar. Además, había podido comprobar que
la maquinaria funcionaba sola; el espíritu de independencia se había
despertado en sus compatriotas y los acontecimientos seguirían su curso
inevitable.
En 1914, tras cuatro años de contemplación
espiritual, retomó su actividad literaria e inició la publicación mensual de una
revista de filosofía, Arya, en la que expuso su visión del hombre y de la
historia, de su destino y del avance de la humanidad hacia la unidad y la
armonía.
Durante seis años ininterrumpidos, hasta 1920,
publicó de modo continuo casi toda su obra escrita, más de cinco mil paginas.
Escribía de manera singular; no un libro tras otro, sino cuatro y aun seis al
mismo tiempo, sobre los temas más diversos, los que eran entregados como
capítulos en la revista: La
Vida Divina, donde está su
visión espiritual de la evolución; Síntesis del Yoga,
en el que describe las etapas y las experiencias del yoga integral; los
Ensayos Sobre el Gita y su filosofía de la acción;
El Secreto del Veda, con un estudio sobre los
orígenes del lenguaje; El Ideal de la
Unidad
Humana y el Ciclo
Humano, que consideran el aspecto sociológico y psicológico de la
evolución, y las posibilidades futuras de las sociedades humanas.
En 1920, al cabo de seis años, estimó
completada su labor, y cerró la revista. Después, sólo
escribirá para atender su enorme correspondencia -miles
de millares de cartas con todo género de explicaciones prácticas acerca de las
experiencias yóguicas, las dificultades, los progresos-
y, sobre todo, se dedicará durante treinta años a redactar esa prodigiosa
epopeya de 23.813 versos, el Savitri, concebido como un quinto Veda,
donde expone las experiencias de los mundos de lo alto y lo bajo, sus batallas
en el subconsciente y en el inconsciente, y toda la historia oculta de la
evolución terrestre y universal, incluyendo su visión de los tiempos futuros.
La Vida Divina
La Vida Divina es la obra metafísica y filosófica principal de Sri Aurobindo. Con más de 1.100
páginas desarrolla una teoría de la evolución de la conciencia como explicación
última de la existencia del hombre sobre la Tierra. Sri Aurobindo discrepa de la
enseñanza tanto de Buda como de Shankara, para quienes la vida es sólo dolor e
ilusión, pues para Sri Aurobindo la vida es el escenario de una evolución
espiritual en la que a partir de la inconciencia, debe manifestarse
progresivamente la conciencia divina. Pues la conciencia es el
fundamento y el origen de la creación. La evolución es para él, por tanto, la
evolución de la conciencia.
Según Sri Aurobindo detrás de las apariencias y mirajes que constituyen el
Cosmos en que habitamos, existe la realidad de un Ser eterno e ilimitado, un
Espíritu Universal, en el interior del cual todos los seres creados están
unidos, aunque en apariencia separados por una especie de conciencia individual
y una ignorancia de su esencia divina. Tal Espíritu Universal está contenido en
la materia. Sri Aurobindo postula una evolución liberadora, más no una evolución
ciega entregada al azar, sino una evolución orientada siempre hacia planos más
altos de existencia. En la creación hay, según él, un propósito, y el hombre es
el instrumento elegido para servir ese designio.
Primero fue la materia inerte; después apareció la vida animando esa materia
aparentemente muerta: una vida mineral primero, luego vegetal, después animal y
a continuación el hombre. La conciencia aparece en lo que parecía inconsciente,
y una vez aparecida, ella es impelida, arrastrada sin cesar a seguir creciendo
cada vez más, a desarrollarse y ensancharse. La vida vendría a ser el primer
paso en la revelación de esa conciencia; la mente, el segundo. Con el hombre
aparece la mente-inteligencia. No existe una separación radical entre estas
diversas etapas. Si la vida pudo nacer de la materia, es porque estaba ya allí
latente. Del mismo modo, si la inteligencia pudo desarrollarse de la materia
viva es porque ella ya alentaba en su interior. Pero la inteligencia no es la
meta final de la evolución de la conciencia: sus imperfecciones son demasiado
evidentes para poder aceptar tal hipótesis. Otra etapa tiene que cumplirse, y ella ha de ser hacia el desarrollo de una
Supramente en que el espíritu domine en la conciencia del ser vivo y del hombre.
Sólo entonces lo divino podrá manifestarse enteramente en la vida, y ésta
revelará su perfección.
Asimismo, cada etapa alcanzada es capaz de influir en la etapa anterior y
acelerar enérgicamente sus transformaciones. Cuando el estado de supraconciencia
espiritual, o lo que Aurobindo denomina Supramente, aparezca en el mundo esta
conciencia liberada despertará el nacimiento del superhombre. El hombre
intelectual de nuestros días difícilmente puede entender esta nueva forma de
conciencia, del mismo modo que el mono no es capaz de aprehender y captar los
mecanismos superiores de la mente humana. Pero podemos tener un atisbo de esos
procesos en los estados que ahora llamamos intuición, inspiración y trance
místico.
El hombre deberá trascenderse a sí mismo, pero esta vez el proceso será
plenamente consciente y no inconsciente como había sido en los anteriores
ascensos evolutivos. Porque el hombre como tal ha alcanzado ya un alto nivel de
conciencia que le permitirá alcanzar la siguiente transición, cruzar el nuevo
puente sobre el abismo, en total lucidez. Al lograrlo, caerá de sus ojos el velo
de la ignorancia y desaparecerá del mundo la vida actual plagada de contrastes
de luces y de sombras. La noción de tiempo será acelerada a un ritmo que apenas
podemos imaginar, pues así como el hombre actual, gracias a su mente, puede
vivir el equivalente de mil vidas de un animal o cien mil vidas de un vegetal,
del mismo modo un ser supramental, es decir, un superhombre, podrá multiplicar
por millones su experiencia de vida y de pensamiento.
El conocimiento, por tanto, no será ni inductivo ni analógico, como lo es al
presente, sino directo y absoluto. Toda la Creación entrará en un estado de paz, de éxtasis y de alegría perennes,
vale decir, en una Vida Divina. Tal realización sólo podría cristalizarse mediante la práctica colectiva del
Yoga Integral, una especie de arte destinado a explorar y controlar la fuerza
espiritual oculta del hombre. Sri Aurobindo cree en la eficacia de su método para posibilitar al ente humano
su crecimiento dinámico e interno hacia una condición divina. Cuando un hombre
alcanza esta condición y recibe la Luz Supramental, parte de ese principio es
entregado también al mundo que lo rodea y favorece la perfección colectiva de la
humanidad.
La Consolidación de la
Enseñanza
Con una admirable sincronicidad, como ya otras
veces había ocurrido en su vida, una persona que sería fundamental para
completar el proceso y consolidar su obra aparece en Pondichery en 1920. Se
trata de Madame Mirra Richard, La Madre, nacida en París el 21 de febrero
de 1878, quien había alcanzado también, por su propio camino, la visión
supramental. Desde que vi a Sri Aurobindo
-antes de verlo físicamente-
comprendí que era él quien estaba llamado a realizar la obra sobre la tierra y
que era con él con quien yo debía trabajar, escribirá la Madre.
Por su parte, Aurobindo afirma: Cuando vine a
Pondichery, me fue dictado desde dentro un programa para mi disciplina. Lo seguí
y progresé por mi parte, pero no conseguía gran cosa en cuanto a la ayuda que
debía deparar a los demás. Después vino la Madre; con su cooperación encontré el
método necesario.
Y es ella quien toma la dirección del ashram
cuando Aurobindo se retira, en 1926, a la soledad completa; también es ella
quien continua su obra después de la muerte de él, en 1950. La conciencia de
la Madre y la mía son una misma y sola conciencia, escribió.
Sri Aurobindo y la Madre se entregaron en
Pondichery a una serie de experiencias para verificar y experimentar
lo que ambos habían descubierto sobre el cuerpo supramental... noche y día,
por muchos años, más escrupulosamente de lo que el sabio, verifica su teoría o
método en el plano físico.
Ya habían comprobado el poder de la conciencia,
que los
milagros o intervención de los poderes superiores de la conciencia no
llegaban a la esencia del ser y que eran del todo vanos considerados desde el
punto de vista de la transformación del mundo El verdadero tema no es la
modificación exterior de la materia mediante intervenciones fugaces, llamadas
sobrenaturales,
aclaró Aurobindo, sino su modificación por dentro de manera perdurable.
Se trata de establecer las bases de una física nueva. La levitación, la
conquista del sueño, del hambre, y aún de las enfermedades, no hacen sino tocar
la superficie del problema, y constituyen una acción contra el orden de las
cosas.
En este periodo, junto con consagrarse al trabajo
espiritual, recibe también a un primer grupo de discípulos.
La Soledad Activa
El 24 de noviembre de 1926, inició un nuevo ciclo
de su proceso, difícilmente comprensible para nuestras mentes, pero sí bajo la
aceptación de la premisa aurobindiana de la supramente. En ese momento, evalúa
como cumplida una cuarta etapa de realización de su desarrollo espiritual, lo
que determina para él una nueva misión: la de enfrentar a las fuerzas de la
inconciencia en el mundo realizando una acción desde el plano supramental,
ejecutando un yoga para la conciencia terrestre.
Para ejercerlo, determina que debe reclutarse en
una habitación de su ashram, a fin de poder realizar su actividad con plena
entrega. A ello dedicará los veinticuatro años siguientes, hasta el fin de su
vida terrena.
A pesar de estar recluido, no está aislado del mundo sino en pleno
contacto con él.
Sigue cotidianamente el acontecer del mundo, y
pone su fuerza espiritual a favor del avance de la conciencia y del descenso de
lo supramental. Esto se expresa, por ejemplo, en su declaración explícita a
favor de los aliados de la segunda guerra mundial, afirmando que ello se ponía
en juego, con un vastísimo alcance, el avance o retroceso del desarrollo
espiritual de la humanidad.
En 1928, en mayo, rompe
excepcionalmente su reclusión y se entrevista con Rabindranath Tagore.
Recordando sus impresiones el poeta señaló: Me di cuenta desde el primer
momento que él (Sri Aurobindo) había estado a la búsqueda de su alma y que lo
había logrado, acumulando en ese largo proceso de autorrealización un silencioso
poder de inspiración. Su cara irradiaba luz interior y su serena presencia me
evidenció que su alma no estaba mutilada ni contraída a la medida de alguna de
esas tiránicas doctrinas que se solazan en infligirle daños a la vida. Sentí que
era el lenguaje de los antiguos rishis hindúes que a través de él hablaba de esa
ecuanimidad que otorga al alma humana la libertad de ingresar en el Todo.
Desde ese momento, y hasta su muerte, Aurobindo
sólo se contactó físicamente con sus discípulos tres veces cada año, para
entregar sus mensajes. Fue, por lo tanto, la Madre quien se hizo cargo, desde
1926, de la organización de las actividades y de la dirección del grupo de
discípulos, comenzando una gigantesca tarea para la continuación de la obra.
En 1939 revisa y publica en forma de libro La Vida Divina. En 1940 se declara en
favor de los aliados, poniendo, desde la evacuación de Dunkirk, su fuerza
espiritual detrás de tales fuerzas. El 15 de agosto de 1947, India alcanza su liberación en el cumpleaños número 75
de Sri Aurobindo. El filósofo da su mensaje para la ocasión.
En 1950 se publica la primera parte de Savitri, poema épico de 23.813 versos,
considerado la gran revelación espiritual del maestro. Sri Aurobindo deja su cuerpo físico el 5 de
diciembre de 1950.
La Obra en el Mundo
La Madre continuó el trabajo con los discípulos,
el que se abrió cada vez a un mayor numero de personas, constituyendo un nuevo
tipo de ashram. Tradicionalmente, este consiste en una comunidad espiritual o
religiosa cuyos miembros han renunciado al mundo a fin de consagrarse a los
ejercicios yóguicos para alcanzar la liberación. En este caso, no se planteaba
como un espacio de renunciamiento al mundo, sino como un lugar de
experimentación para la evolución de una nueva forma de vida, que lleva
aparejada la posibilidad de alcanzar altos niveles de conciencia.
A partir de un puñado de discípulos que vivían
como miembros de la casa de Sri Aurobindo, con el tiempo el ashram llegó a
constituir una comunidad que alcanzó a las 1800 personas.
El dinamismo de su obra hizo surgir un nuevo
proyecto que concretó, finalmente, en febrero de 1968: Auroville, la ciudad
de la Aurora, pensada como la ciudad de la unión humana. Construida a pocos
kilómetros al norte de Pondichery, reviste la forma de una gigantesca espinal.
La UNESCO ha invitado a sus estados miembros y a las organizaciones no
gubernamentales a participar en el desarrollo de Auroville como ciudad cultural
internacional, destinada a reunir los valores de diferentes culturas y
civilizaciones en un medio armónico.
En la actualidad, unas cinco mil personas habitan
en forma permanente en la ciudad, y otras dos mil en el ashram, que exige
requisitos mayores para ingresar. A ello se agrega un flujo constante de
millares de personas que asisten a las múltiples actividades de desarrollo
espiritual que allí se ofrecen.
El ashram de Pondichery y la ciudad de Auroville
constituyen hasta hoy los cimientos del Deva Sangha, la Comunidad de
Dioses, el principio del advenimiento de la supramente, que Sri Aurobindo
concibió.
FRAGMENTOS DE SU PENSAMIENTO
El Espíritu, Fin
Último
La esperanza de futuro reside en una religión
espiritual de la humanidad. Por ella entenderemos no lo que suele llamarse
religión universal, sistema, credo, creencia intelectual, dogma o rito exterior.
La humanidad ha tratado de alcanzar la unidad por ese medio. Pero en ello ha
fracasado y merecía fracasar, porque no puede haber sistema religioso universal
provisto de un único credo mental y de una forma vital única. No cabe duda de
que el espíritu interior es único, pero la vida espiritual es la que más
necesidad tiene de libertad, de variedad en cuanto a la expresión y a los medios
de desarrollo.
Una religión de la humanidad supone la
percepción creciente de que existe un espíritu secreto, una realidad divina en
cuyo seno todos somos uno, de que nuestro mundo es la humanidad el más preciado
vehículo de ese espíritu y de que el género y el individuo humano son los medios
gracias a los cuales esa realidad va a revelarse progresivamente aquí abajo. Una
religión de la humanidad supone un esfuerzo creciente para vivir a fondo tal
conocimiento y para instaurar en la tierra el reino de ese divino espíritu. A
medida que ese reino crezca en nosotros, la unidad con nuestros semejantes se
convertiría en el principio que gobierne toda nuestra vida y no se tratará
simplemente de un principio de cooperación sino de una fraternidad más profunda,
de un sentido real e interior de la unidad y de la igualdad, de una vida común a
todos.
La Democracia
La democracia no constituye en modo alguno una
garantía segura de la libertad. Por el contrario, hoy vemos como el sistema
democrático de gobierno se encamina inexorablemente hacia la liquidación
organizada de la libertad individual, hasta un punto que hubiera sido difícil
imaginar en los antiguos sistemas democráticos y monárquicos. Es ciertamente
posible que la democracia acabara con las formas más violentas y brutales de
opresión despótica que esos sistemas llevaban emparejadas y permitiera a las
naciones ricas implantar formas liberales de gobierno, lo que constituye sin
duda alguna un progreso considerable. Hoy sólo resurge la opresión en épocas de
revolución y de excitación. Pero en nuestros días se esta produciendo un despojo
de la libertad, aparentemente más respetable, más sutil y más sistemático,
también más moderado en sus métodos porque se apoya en una fuerza mayor y, por
ello mismo, es más efectivo y brutal.
Acerca del Camino
Nosotros ignoramos si esta o aquella experiencia forma parte o no del
camino, porque si supiésemos que progresamos, conoceríamos el camino, ¡Y no hay
tal camino! ¡Nadie lo ha recorrido nunca! No se podrá decir lo que eso es sino
hasta que este hecho. Es una aventura en lo desconocido.
Los Grados de Conciencia
La conciencia mental no es sino una gama
humana, y no agota todas las gamas de posibles conciencias, así como la vista
humana no agota todas las gradaciones del color ni el oído todas las gradaciones
del sonido, porque existe, arriba tanto como abajo, un gran numero de cosas que
el hombre no puede ver ni oír. De igual manera, existen ganas de conciencia que
se hallan por encima y por debajo de la gama humana, con las que el ser humano
normal no esta en contacto y que, por eso mismo, le parecen <inconscientes>
gamas supramentales y gamas submentales... En realidad, eso que llamamos
<inconciencia> es, simplemente, otra conciencia.
IMÁGENES
1: Perspectiva del Matrimandir,
templo que nuclea Auroville - 2: Sri Aurobindo - 3: Acceso al Ashram de
Aurobindo, en Pondincherry - 4: Audiencias en Auroville - 5: Plano de Auroville,
ciudad utópica, diseñada en espiral para 50.000 habitantes. En el centro de la
población, el Matrimandir - 6: Matrimandir - 7: Panorámica del Matrimandir - 8:
La Madre, Mirra Richard.