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Desde Dharamsala, a los pies de
los Himalayas, la Pequeña Lhasa,
Tenzin Gyatso -XIV Dalai Lama del Tíbet- ha
venido testificando en todos los foros internacionales la pérdida de la
soberanía del Tíbet, sustraída por China en 1951. Pero
se ha opuesto al uso de la violencia y ha propuesto
soluciones basadas en la tolerancia y el respeto mutuo,
al punto de que se le concediera por ese motivo el Premio Nobel de la
Paz en 1989. Mi religión es el amor y la compasión,
comenta, porque estas son cualidades que todos
los seres conscientes necesitan. Independientemente de si sigue o no una
tradición religiosa, el amor y la compasión son apreciados por todos.
Los Dalai Lama
Desde 1642 hasta 1959 los
Dalai Lama ostentaron además el poder temporal en el Tíbet. Al morir
cada Dalai Lama, los monjes -llamados lamas-
del Monasterio Amarillo designan a su siguiente reencarnación en un niño
de corta edad, interpretando una serie de signos con arreglo a su
religión; no se trata, por tanto, de una dinastía de monarcas
hereditarios, sino de la máxima magistratura personal de un régimen
teocrático. En el interregno entre la muerte de un Lama y la mayoría de
edad del siguiente, el Monasterio ejerce directamente el poder
designando a un regente, al tiempo que se ocupa de la educación del
futuro jefe.
Ge-dun-grup-pa (?-1474) fue
el primero, fundador de la secta budista de los monjes amarillos y del
sistema sucesorio de la reencarnación de los lamas. Sonam Gyatso, III
Dalai Lama (1543-88) fue en realidad el primero que asumió el título de
Dalai -palabra mongola
que significa gran océano. Al convertir al jefe mongol Altan Khan
y a toda su tribu, asentó definitivamente la hegemonía de la secta en el
Tíbet, extendiendo su influencia sobre Mongolia, China occidental, Bután
y Sikkim.
Ngawang Gyatso,
el V Dalai Lama (1617-82),
fue el primero en asumir el gobierno temporal del Tíbet además del
liderazgo espiritual. Dicho cambio tuvo lugar en 1642, al destronar el
príncipe mongol Gusri Khan al rey del Tíbet y titularse él mismo rey.
En realidad, Gusri se limitó a ejercer un
protectorado militar sobre el Dalai Lama, que era quien gobernaba
efectivamente. Al morir Gusri en 1655, el Lama pasó a controlar el poder
en solitario, si bien su autoridad religiosa estaba limitada por la de
otro dignatario budista, el Panchen Lama. Fue este V Dalai Lama quien
construyó el Palacio de Potala en Lhasa, desde donde han ejercido el
poder sus sucesores hasta el siglo XX.
Su sucesor Tshangyang
Gyatso, VI Dalai Lama (1683-1707), desbarató el prestigio adquirido por
los monjes amarillos con su comportamiento disoluto y mujeriego. El
emperador chino aprovechó la ocasión para intervenir en Tíbet, poniendo
coto a su influencia espiritual sobre Mongolia y la propia China. En
1720 los chinos invadieron el Tíbet y sometieron al Dalai Lama a una
relación de vasallaje, que perduró hasta la desaparición del Imperio
Chino en 1911.
Thupten Gyatso, XIII Dalai
Lama (1876-1933), fue un gobernante despótico, cuya torpeza diplomática
le enfrentó con las grandes potencias de la zona. Jugó la baza del
acercamiento a Rusia, viéndose atacado por una expedición británica que
le obligó a refugiarse en China (1904).
Mas tarde, en 1910,
reconciliado con los británicos, sufrió el ataque de China y hubo de
refugiarse en la India. Regresó al Tíbet en 1913, al recuperar el país
la independencia por la caída de la dinastía Manchú en China (1911).
Aliado ahora de los británicos -mientras el Panchen Lama representaba
los intereses chinos-, quiso emprender una política modernizadora en
terrenos como la educación o la defensa, pero el conservadurismo de los
lamas frustró sus intentos de reforma.
Tenzin Gyatso, el actual
Dalai Lama
Al morir se identificó a su
sucesor en el niño Tenzin Gyatso, XIV y actual Dalai Lama
desde 1939, nacido
en el seno de una familia pobre de origen
tibetano, en el
pequeño poblado de Takster, al noreste del Tíbet,
en la provincia china de Quinghai (1935).
A los dos años de edad fue reconocido como la reencarnación de
su predecesor, el Décimo Tercer Dalai Lama,
y por consiguiente la encarnación de Avalokitesvara, el Buda de
la Compasión.
Los Dalai Lamas son la
manifestación del Buda de la Compasión quien escogió renacer para servir
a la humanidad. Dalai Lama significa Océano de Sabiduría; los
tibetanos por lo general se refieren a Su Santidad como Yeshe Norbu
(la Gema que Concede Todos los Deseos)
o simplemente lo llaman Kundun, la Presencia.
Cuando el Décimo Tercer Dalai Lama murió en 1935, el Gobierno Tibetano
no simplemente tenía que nombrarle un sucesor, sino que debía encontrar
al niño en quien el Buda de la Compasión habría
de encarnar. El niño no tenía que haber nacido justo en el momento de la
muerte de Su Predecesor ni tampoco muy pronto luego de ésta. Como en
otras ocasiones, se presentarían los signos
para ir a buscarlo. Por
ejemplo, cuando el cuerpo del Décimo Tercer Dalai Lama fue colocado en
el altar con el rostro hacia el sur, su cara giró hacia el este dos
veces, y hacia el este del altar un gran hongo brotó en el lado este de
una bien labrada columna de madera.
El Regente del Tíbet viajó al sagrado lago de Lhamoe Lhatso, en el cual
algunos tibetanos habían tenido visiones del futuro. Allí, entre
otras cosas, vieron un monasterio con techos de jade verde y oro y una
casa con baldosas turquesa. Una descripción detallada de la visión fue
escrita y mantenida en estricto secreto.
En 1938 Altos Lamas y dignatarios fueron enviados
por todo el Tíbet para buscar el sitio de la visión. Los que se fueron
hacia el este, fueron dirigidos por el Lama Kewtsang Rinpoché del
Monasterio Sera. En Takster, encontraron dicho
sitio y fueron a la casa con Kewtsang Rinpoché disfrazado como el
sirviente y el monje de menor rango vestido como si fuese el líder.
Rinpoché llevaba colgado un rosario del Décimo Tercer Dalai Lama y el
niñito al verlo lo reconoció y le dijo que se lo diera. El prometió
dárselo siempre y cuando adivinara quien era él. El niño respondió,
Sera aga lo que en el dialecto local significaba, un monje de
Sera. El niño fue también capaz de decirles quien era el verdadero
líder y quien era el sirviente. Luego de muchas otras pruebas realizadas
más adelante el Dalai Lama fue entronizado en 1940.
En 1950, cuando aún no había
cumplido la mayoría de edad -y teniendo todavía
que enfrentar nueve años más de intensa educación religiosa-
los comunistas chinos invadieron el país. Tenzin
Gyatso, declarado mayor de edad antes de tiempo, asumió el poder y se
refugió cerca de la frontera con la India; pero, al no recibir ayuda
exterior pese a su llamamiento a la India de Nehru y a las Naciones
Unidas, hubo de aceptar la tutela comunista, firmando en 1951 un tratado
que convertía al Tíbet en provincia autónoma de China.
En 1954 junto con una gran
cantidad de dignatarios religiosos y civiles, viajó a Pekín para
mantener conversaciones de paz con Mao Tse Tung, y
en 1956 lo hizo a la India,
donde pudo conocer al Primer Ministro Nehru, a quién le solicitó apoyo.
Pero la crisis continuó y se provocó
la primera rebelión antichina en dos
provincias fronterizas de la población tibetana.
El 10 de Marzo de 1959 Lhasa
se sublevó para reafirmar su independencia. Las demostraciones fueron
brutalmente reprimidas hasta la total ocupación
del país.
Decenas de miles de tibetanos murieron en los bombardeos o fueron
encarcelados. Considerando que la única forma de liberar a su país de la
opresión, era que su palabra y su actividad no fueran acalladas,
Su Santidad el Dalai Lama cruzó los Himalayas a
pie, en un peligroso viaje que le
llevó al exilio en India.
Unos
80.000 tibetanos le acompañaron,
mientras Mao ponía en el gobierno del Tíbet al Panchen Lama
-al que sin embargo no consiguió manejar a su
gusto y encarceló en 1964.
Desde entonces ha vivido a
los pies de los Himalayas en Dharamsala, India, el asiento del Gobierno
Tibetano en el exilio, una democracia
constitucional desde 1963. Dharamsala, felizmente conocida como
la Pequeña Lhasa posee también
instituciones culturales y educativas y sirve de Capital en Exilio
de 130.000 refugiados tibetanos que viven
principalmente en la India. Otros viven en el Nepal, en Suiza, en el
Reino Unido, en Los Estados Unidos, en el Canadá y otros 30 países.
En Lhasa, la mítica capital del Tíbet, comenzó sus
estudios, y a los 25 años logró su doctorado en filosofía budista.
El Dalai Lama se
abocó a la inmediata y urgente tarea de preservar la cultura tibetana.
Fundó asentamientos agrícolas para que los refugiados viviesen en ellos,
un sistema autónomo de educación y otros institutos culturales para
preservar las artes y la ciencia, sin descuidar la fundación de más de
200 monasterios para mantener la tradición budista, esencial al espíritu
tibetano.
En 1963, promulgó una
constitución democrática, basada en el budismo y en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, como modelo para un Tíbet libre.
Desde entonces, ha sido el más vigoroso defensor de este experimento
democrático, presentando permanentemente propuestas para resolver la
situación de la independencia. La oposición de las autoridades chinas,
sin embargo, ha impedido toda solución.
En 1982 Deng Xiaoping invitó
a regresar al Dalai Lama, que prefirió permanecer en el exilio,
dedicándose a preservar en el norte de la India, Nepal, Bután y Sikkim
la cultura tibetana destruida por las autoridades chinas en su país de
origen, al tiempo que asumía públicamente los ideales de la democracia y
el pacifismo.
En la década
de los ochenta el Dalai lama trató de
abrir puertas al diálogo con los chinos. Propuso
un Plan de Paz de Cinco Puntos en 1987-1988 con
el que se estabilizaría toda la región asiática,
siendo muy elogiado por estadistas y cuerpos
legislativos de todo el mundo, pero que los
chinos no han entrado todavía a negociar.
Desde entonces ha venido
testificando en todos los foros internacionales la pérdida de la
soberanía de su nación, pero se ha opuesto al uso de la violencia y
ha propiciado soluciones basadas en la tolerancia y el respeto mutuo,
con el objetivo de preservar la herencia histórica y cultural de su
pueblo... Ha desarrollado
su filosofía de la Paz a partir de un enorme
respeto por todos los seres vivos, y basado en el concepto de la
responsabilidad universal que compete a toda la humanidad, así como a la
naturaleza... se ha destacado proponiendo soluciones constructivas para
resolver los conflictos internacionales, los temas de derechos humanos y
los problemas ambientales del planeta. Esta
última cita textual pertenece al comité del Parlamento noruego que le
concedió el premio Nobel de la Paz en 1989. En 1990 publicó su
autobiografía, Freedom in Exile. |
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Recientemente, los más
importantes Iíderes políticos mundiales, haciéndose eco de la opinión
pública internacional, han insistido en que el gobierno de China entable
discusiones serias con el Dalai Lama, a fin de terminar con más de
cuarenta años de opresión política, religiosa y cultural en el Tíbet.
Mientras tanto el Décimo Cuarto Dalai Lama a diferencia de su
predecesor, quien nunca vino a occidente, continúa con sus viajes a lo
largo del mundo.
En sus viajes, no trata de
convertir a los occidentales al budismo, si no más bien inspirar en su
interior un compromiso con los valores espirituales universales del
amor, la compasión y la sabiduría.
Él dijo en cierta ocasión:
mi religión es el amor y la compasión, porque estas son cualidades que
todos los seres conscientes necesitan. Independientemente de si sigue o
no una tradición religiosa, el amor y la compasión son apreciados por
todos.
Siempre
abierto e interesado en todos los puntos de vista del pensamiento
humano, ha tenido frecuentes encuentros con los Iíderes de casi todas
las religiones, incluyendo al precedente Papa
Pablo VI y SS Juan Pablo II. Su prédica constante
es poner la sabiduría de las religiones al servicio del bien de todos
los seres, integrando sus valores a la política o la ciencia. Firme
defensor de la no violencia, el Dalai Lama, humildemente suele decir:
soy simplemente un monje budista.
En muchas ocasiones se han
acercado monjes cristianos para pedirle que le dieran la ordenación
budista, pero él rehusó, diciendo que con ser buenos monjes cristianos
era suficiente, y que si estaban interesados en el budismo solo tenían
que estudiar y practicar cualquiera de los aspectos de la doctrina
budista que les resultara de utilidad, e incorporarlos a su
adiestramiento cristiano habitual a modo de elementos complementarios.
Buscando el Refugio interior*
Desde el punto de vista
budista, la mente de una persona común está debilitada y distorsionada
por la fuerza de los errores y los conflictos emocionales que acarrea en
sí misma. Por esta debilidad y distorsión es incapaz de ver las cosas
tal y como ellas son. Lo que percibe es una visión deforme y determinada
por sus propias neurosis emocionales y sus prejuicios.
El propósito del
budismo, como religión, es eliminar de la mente esos elementos
distractivos y facilitar así, una percepción válida. Mientras que tales
elementos distorsionantes no hayan sido arrancados de raíz , la
percepción de la persona siempre estará empañada. Pero una vez que los
errores sean eliminados, el individuo entrará en un estado en el que la
realidad es percibida siempre tal y como es. Entonces, al existir la
mente en perfecta sabiduría y liberación, el cuerpo y la palabra fluyen
de un modo perfectamente positivo y natural.
Los tibetanos somos
afortunados por haber nacido en una sociedad donde el conocimiento
espiritual, estaba al alcance y era altamente apreciado. Sin embargo,
por el hecho de haber nacido en un medio así, quizá algunas veces lo
dimos como garantizado. El mismo Buda dijo: "comprueba mis enseñanzas
como un mercader de oro analiza antes de aceptarlo y comprarlo". El
Buda enseñó durante un largo tiempo a gentes de todo tipo y nivel de
inteligencia. Consecuentemente, cada una de sus enseñanzas debe ser
cuidadosamente calibrada en su significación para determinar si es
cierta literalmente, o sólo en circunstancias particulares o a seres de
limitado entendimiento. Aceptar cualquier doctrina o aspecto de ella sin
analizarla será como construir un castillo sobre hielo. Haciéndolo así,
la práctica de la persona permanecerá siempre inestable y carecerá de la
fuerza y profundidad necesaria.
También es un error
practicar sin un entendimiento y conocimiento de la doctrina. El
practicante debe saber muy bien lo que hace y por qué lo hace. Aquellos
que somos monjes o monjas, y que dedicamos nuestra vida entera la
práctica del Dharma (enseñanzas del Buda), debemos ser muy cuidadosos en
practicar inmaculadamente. La Sangha (comunidad de practicantes) es muy
importante para la estabilidad de la doctrina, por lo tanto, debemos
hacer todo lo posible para emular al mismo Buda. Cualquiera que
considere la posibilidad de ordenarse, debe, en primer lugar, pensarlo
muy bien; no hay necesidad alguna de hacerse monje, para convertirse en
un monje inferior. La Sangha tiene responsabilidad de ser la encarnación
de los preceptos. Si lo que en el fondo se desea es continuar viviendo
la vida ordinaria, es mejor no hacerse monje, dejar la ordenación para
aquellos de mayor inclinación espiritual y practicar simplemente como un
laico lo mejor que se pueda.
Todas las religiones del
mundo son parecidas, en cuanto que proveen los métodos para cultivar los
aspectos positivos de la mente y eliminar los negativos. El budismo es
una religión de un carácter particular, de un especial sabor, debido a
que, habiéndose desarrollado en la India, cuando ésta era un país de un
elevado nivel espiritual y filosófico, presenta tanto un abanico
completo de ideas espirituales, como métodos de aproximación racional al
desarrollo del espíritu.
Esto es particularmente
importante en nuestra era, en la que se concede a la mente racional tal
relevancia. Debido a esta faceta de racionalidad, el budismo encuentra
muy poca confrontación con el mundo moderno. En verdad, muchos de los
hallazgos de la ciencia moderna, tales como los de la física nuclear,
que son considerados como nuevos descubrimientos, han sido debatidos
hace mucho tiempo en las antiguas escrituras budistas. Debido a que el
último consejo de Buda fue que no aceptaran nada por la simple fe, sino
mediante la investigación racional. Así el mundo budista ha mantenido
muy vivo, dentro de su ámbito, el espíritu de investigación.
Que una persona sea
budista o no, viene determinado por si ha tomado refugio o no en las
Tres Joyas Budistas -el Buda, su
doctrina, el Dharma, la
ley que emerge en nosotros -en otro contexto, la voz de la conciencia.
y La Sangha, las practicas
propias de la comunidad monástica- de una
forma pura, desde lo más profundo de su corazón. Por el mero hecho de
recitar oraciones budistas, jugar con rosarios mántricos o caminar
alrededor de los templos, no se es budista. Incluso un mono puede ser
adiestrado en estas cosas. El Dharma es una cuestión de mente, de
espíritu, no de actividades externas. Es por esto que para ser budista,
uno debe entender exactamente lo que son las tres Joyas: El Buda, el
Dharma y la Sangha, y cómo se relacionan con la propia vida espiritual.
Se dice, que el Buda es el maestro, el Dharma es camino y la Sangha los
compañeros espirituales que ayudan a recorrerlo.
De estos tres, el más
importante para nosotros como individuos, es el Dharma, porque en última
instancia sólo nosotros podemos ayudarnos a nosotros mismos. Nadie puede
alcanzar la Iluminación por nosotros o cedérnosla. La Iluminación llega
para aquellos que practican bien el Dharma, para los que toman el Dharma
y lo aplican en el desarrollo de su propio continum mental. De las tres
Joyas, es el Dharma el refugio último. Escuchándolo, reflexionando y
meditando, nuestras vidas pueden devenir una con él y la Iluminación
puede ser una posibilidad inmediata.
La mente de una persona
ordinaria es indisciplinada y descontrolada. Para ser capaces de
enfrentarnos a prácticas budistas más elevadas, tales como el desarrollo
del samadhi o la visión profunda de la vacuidad, o comprometernos en los
métodos yóguicos de los diferentes sistemas tántricos, debemos,
primeramente, desarrollar una mente disciplinada. Con refugio y
autodisciplina como bases, podremos fácilmente desarrollar una
experiencia progresiva en prácticas dhármicas más elevadas. Sin un
fundamento de disciplina, las prácticas elevadas no fructificarán. Todos
desean practicar las técnicas más elevadas, pero debemos preguntarnos si
antes hemos dominado los prerrequisitos elementales, como la disciplina.
El objetivo del Refugio es transformar a la persona ordinaria en un
Buda. Una vez que esto se ha conseguido, el propósito del refugio ha
sido cumplido. En el momento en que nuestra mente deviene Buda, nuestra
palabra se convierte en el Dharma y nuestro cuerpo en la Sangha.
La esencia del Dharma es
el desarrollo de la mente, ya que todo el Karma negativo y positivo
acumulado mediante las acciones de la palabra, el cuerpo, es originado y
dirigido por la mente. Si no desarrollamos una alerta consciente de
nuestros procesos mentales y la habilidad de cortar las tendencias
negativas del pensamiento en el momento mismo en que nacen, veinte años
de meditación en una cueva remota serán de muy poco valor. Antes de la
cueva, debemos buscar las buenas actitudes mentales y desarrollar la
capacidad de vivir de acuerdo con el Dharma. Solamente entonces nuestro
retiro en la cueva remota será mejor que al hibernación de un oso.
Aquellos que hablan de retiros tántricos mientras que las diez acciones
positivas, fundamento del Dharma, están aún remotas, no hacen sino
reírse de ellos mismos.
Como humanos somos
capaces de obtener la Iluminación en una sola vida. Sin embargo, la vida
es corta y la mayor parte de elle ha pasado ya. Debemos preguntarnos
cuánto hemos progresado espiritualmente. La muerte puede llegarnos en
cualquier momento, y cuando llegue habremos de dejar atrás todo excepto
las huellas mentales que nuestras acciones han dejado. Si hemos
practicado el Dharma en nuestra existencia, hemos tratado de vivir con
las directrices Dhármicas o hemos obtenido realizaciones espirituales,
esa energía estará ahí con nosotros. Si por el contrario, nuestra
existencia ha sido empleada en la negatividad, la conciencia viajará a
mundos futuros y estará inmersa en pensamientos negativos y memorias
obsesivas de nuestras andanzas samsáricas.
Ahora que tenemos
todavía el poder de practicar el Dharma, debemos hacerlo pura e
intensamente. La práctica del Dharma trae la paz para nosotros y para
los que nos rodean, e incluso aunque no alcancemos la Iluminación en
esta vida, nos proporcionará la joya que satisface todos los deseos, que
puede ser llevada a las vidas futuras y ayudarnos en el camino
espiritual.
En última instancia, el
futuro está en nuestras manos.
La
mayoría de las personas hacen los planes más fantásticos para mañana, la
semana que viene o el próximo año, pero lo que verdaderamente cuenta es
practicar el Dharma aquí y ahora. Si se hace esto, todos los planes
serán llevados a cabo. Cuando cultivamos hoy la actividad virtuosa, la
ley de la originación dependiente asegura que una corriente de cambio
positivo se pone en marcha. Esa es la preciosa característica de la vida
humana. La humanidad es capaz de influir dinámicamente en su propio
estado futuro mediante la aplicación de la sabiduría discriminativa a
todas las actividades del cuerpo, la palabra y la mente. Usar y
desarrollar esa sabiduría que distingue correctamente es extraer la
esencia misma de la vida humana. |
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