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Tierra, Alma y Sociedad
son tres aspectos que se nutren, retroalimentan e
interactúan mutuamente. El desarrollo del ser no se concibe fuera de una
sociedad y la sociedad no está fuera de la tierra. En lo que
se concibe como la era de la sostenibilidad,
puede representar la emergencia de un auténtico pensamiento holístico que reúna
la naturaleza, lo humano y lo espiritual como cuestiones completamente
indivisibles. Se nutre la
tierra cuando se compensa la pérdida que le hemos causado,
de tal forma que ésta se convierta finalmente en un bien. Es bueno recordar,
igualmente, que desde nuestro nacimiento hasta la muerte
estamos inmersos en una sociedad que se hace cargo de algunas de nuestras necesidades. Para
agradecer este regalo podemos ofrecer alegre y serenamente nuestro trabajo,
creatividad, arte o artesanía, nuestro huerto o arquitectura a la sociedad,
y por el equilibrio del planeta, a las generaciones presentes y futuras.
Tierra, Alma y Sociedad conforman un triángulo indivisible, un todo
interconectado. Necesitamos dedicar tiempo y atención a estos tres aspectos de
nuestra vida cada día, día tras día.
NUTRIR LA TIERRA
REPONIENDO: Al respetar la tierra estamos restaurando el daño que de algún otro
modo se le haya causado, restableciendo así el equilibrio. Cuando cultivamos la
tierra año tras año se produce un empobrecimiento de sus minerales. Si nosotros
permitimos que la tierra descanse un año, recobrará su
fertilidad y estaremos respetándola y nutriéndola. Se nutre la tierra cuando se
compensa la pérdida que le hemos causado,
de tal forma que ésta se convierta finalmente en un bien. Talar unos árboles
para construir una casa supone una pérdida para la naturaleza. Mas si nosotros
plantamos después no un sólo árbol -eso sería una mera
reposición- sino cinco ó más árboles, estaremos
nutriéndola.
NUTRIR LA
SOCIEDAD CON NUESTROS DONES: Es bueno recordar que desde nuestro nacimiento
hasta la muerte estamos inmersos en una sociedad. En la mayoría de los casos o
bien la familia o bien la comunidad se ha hecho cargo de algunas de nuestras
necesidades. En la escuela los profesores se han dedicado a transferirnos sus
conocimientos. El arte, la cultura y la ciencia son un regalo al colectivo de la
generación presente y pasada. Darse cuenta del gran valor que tiene todo este
legado cultural nos ha de llevar a un profundo agradecimiento y este
agradecimiento a una actitud de querer corresponder este servicio con nuestra
aportación personal, nuestros talentos, nuestro trabajo, nuestro conocimiento…
como una ofrenda a la sociedad.
NUTRIR EL ALMA, EL CUIDADO DE
UNO MISMO: Cuidamos nuestro cuerpo y nuestro espíritu (llamado por los griegos
psique o alma, formado por nuestra mente y emociones) a través del
ejercicio del silencio, la meditación, el estudio, el ayuno, la austeridad y el
contacto con la naturaleza.
En realidad
estos tres aspectos son el mismo, no son distintos. Los tres se nutren,
retroalimentan e interactúan mutuamente. El desarrollo del ser no se concibe
fuera de una sociedad y la sociedad no está fuera de la tierra. Los tres unidos
componen el hermoso orden del planeta.
Esta trinidad de
nutrir la naturaleza, a uno mismo y a la sociedad me ha dado mucho que pensar
desde que leí por primera vez sobre ella en el Bhagavad Gita, el libro
sagrado de la tradición hindú. Desde entonces ha permanecido dentro de
mí y se ha convertido en la base de todo mi
pensamiento y acción. Yo he elegido mis propias palabras para ella: Tierra,
alma y sociedad (en inglés soil, soul and society).
Los valores
humanos se han expresado muy a menudo en trinidades: El Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo inspiran la tradición cristiana; Vida,
Libertad y Búsqueda de la felicidad constituyen el ideal americano;
Libertad, Igualdad y Fraternidad fueron los lemas de la Revolución Francesa;
Mente, Cuerpo y Espíritu son el corazón del movimiento nueva era… En lo que yo
concibo como la era de la sostenibilidad, Tierra, Alma y Sociedad puede
representar la emergencia de un auténtico pensamiento holístico que reúna la
naturaleza, lo humano y lo espiritual como cuestiones completamente
indivisibles
Padre, Hijo y
Espíritu Santo forman una trinidad de carácter espiritual. Libertad Igualdad y
Fraternidad fue un lema en reacción al orden social establecido en aquel tiempo.
Mente, Cuerpo y Espíritu atiende fundamentalmente al estado interior de cada
persona. Algunas veces las propuestas de crecimiento personal o de búsqueda de
plenitud espiritual se asemejan al camino ascético de los monjes pero de una
forma más confortable y autoindulgente, en la que podemos mirarnos al espejo
preguntándonos ¿Porqué no estoy bien? mientras olvidamos la fragmentación de la
sociedad y la degradación del planeta que indudablemente tienen un impacto en
nuestro bienestar personal. La trinidad propuesta quiere ser holística e
inclusiva.
Nutrir la Tierra
La Tierra es lo primero, puesto que procedemos de la tierra y tarde o
temprano volveremos a ella, puesto que todo el alimento que nos sustenta se
cultiva en ella al igual que el algodón o la lana con la que se hace la ropa que
nos cubre. Todos los combustibles que empleamos proceden de ella, aceite,
carbón, gas, madera… El arte y la cultura se inspiran en la naturaleza para
crear… La tierra representa a todo el planeta en el que se recrea nuestra Vida
gracias también al aire, al fuego, al agua. Nuestra existencia depende de la
tierra y, por ello, la tierra es mucho más que un objeto,
es el símbolo de la Vida.
Tanto los
clásicos griegos como los textos de los Upanishads,
antiguos filósofos indios, compusieron obras de teatro de carácter profundamente
filosófico en las que se proclamaba que cada cosa, fuera lo que fuera, era
morada de lo divino y que todas las cosas en su estado natural son puras,
sagradas. Esa santidad no provenía de un Ser ajeno reinando en un lugar lejano
sino de la esencia inherente a la propia naturaleza. Los animales, ríos,
vientos, dioses y diosas vivían en una relación de absoluta interdependencia que
parecemos haber perdido con el devenir de los años.
Los seres
humanos somos parte de la naturaleza. Se supone que deberíamos vivir en
un estado de humildad y gratitud hacia la tierra. Cuidarla y conservarla es
nuestra responsabilidad, no sólo porque nos es útil, ya
que subsistimos gracias a ella, si no porque es buena en sí misma, sagrada. Esto
se ha llamado en la actualidad Ecología reverencial. El humanismo que
emergió del Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Industrial y el progreso
científico y tecnológico trajo grandes beneficios a la humanidad, aunque el
excesivo antropocentrismo (el hombre como centro de todo el universo) generó una
arrogante convicción de que la naturaleza existe para el uso y el beneficio del
ser humano. Que el ser humano es superior a las otras
formas de vida y que puede controlar, apropiarse y utilizar la tierra como le
venga en gana. Este punto de vista es la raíz de la situación ecológica,
psicológica, espiritual y social actual.
En este sentido las antiguas
tradiciones, muy en contacto con la exaltación de la naturaleza sagrada, pueden
servirnos de vía para reequilibrar esa arrogancia excesiva y destructiva. Según
el libro de Bhagavad Gita, la resolución de esta crisis pasa por tomar de la
tierra sólo aquello que cubra nuestras necesidades más básicas, reponiendo de
alguna u otra forma la pérdida que hemos causado para subsistir.
Una vez, Gandhi estaba alojado
en casa del Sr. Nehru -que posteriormente fue Primer
Ministro de India- en la ciudad de Allahabad. En esa
época todavía no había agua corriente en las casas, así que Nehru trajo a Gandhi
una jarra de agua para su baño matutino. Nehru se dedicó a verter agua en el
barreño mientras mantenían una animada conversación sobre la situación política
en india. Cuando terminó de verterla toda,
vio que Gandhi estaba todavía enjabonándose. Nehru dijo: un momento, voy por
más agua. Gandhi se quedó atónito y dijo: ¿Qué? ¿He utilizado una jarra
entera y todavía no he terminado? ¡Qué derroche! ¡Yo nunca utilizo más de una
jarra entera y todavía no he terminado! Gandhi dejó
de hablar. Nehru no podía comprender la reacción de Gandhi ni
por qué se había puesto tan serio.
Poco después se sorprendió aún
más cuando vio lágrimas en los ojos de Gandhi. ¿Porqué lloras?,
le preguntó. Soy descuidado y derrochador.
Estoy avergonzado. Nehru le disculpó: Aquí
en la ciudad de Allahabad hay dos grandes ríos, el Ganges y el Yamuna. No hay
falta de agua. No estamos en tu pueblo, Gujarat, tierra de desierto.
Pero Gandhi contestó: Tienes razón.
Os han bendecido con dos ríos atravesando la ciudad,
pero mi limite de gasto de agua para lavarme es de sólo
una jarra por día y no más.
Esto es una
actitud ejemplar hacia la naturaleza. Gandhi no quería derrochar ni una gota de
agua. El derroche es uno de los errores más habituales de nuestra sociedad
moderna. Derrochar de este modo engendra falta de conciencia y, a la larga,
violencia. Va contra la naturaleza.
En las ciudades modernas se producen montañas de
basura. La producción masiva causa el ciclo gasto/consumo/derroche. Aunque nadie
necesite esos productos, las fábricas deben continuar produciendo para mantener
el sistema y a los trabajadores en sus empleos. Extraemos sin cuidado los
recursos naturales de la tierra y los convertimos en productos sintéticos que
tiramos muy a menudo de forma que no pueden ser reutilizados por la naturaleza.
Cuando
trabajamos con la tierra no ha de producirse derroche. Si nos acostumbramos a
reutilizar, reciclar, restablecer recursos y a utilizarlos con cariño y
restricción no habrá tanta carestía. Como decía siempre Gandhi: en el
mundo hay suficiente como para satisfacer las necesidades de todos, sin embargo no
hay suficiente como para satisfacer la ambición de unos pocos. El cuidado y la
restricción conducen a la abundancia.
Nutrir el Alma
Si no cuidamos
el alma, no podremos cuidar la tierra y la sociedad.
Hay muchas luces
y sombras en nuestra alma. Puede haber sido herida por la rabia o el rencor,
dañada por la ansiedad o el miedo. La envidia y el resentimiento pueden hacerla
enfermar. Si negamos alguna parte de nuestro mundo interior queda fragmentada.
La tentación del poder puede corromper nuestra mente. Necesitamos sanar
nuestra alma para volver a ser un todo pleno y unido. Hay formas de autosanarse y autopurificarse.
Cuando nuestro
cuerpo suda o se ensucia rápidamente lo purificamos lavándonos, al igual que
lavamos la ropa cuando se mancha. Dedicamos horas a limpiar nuestras casas,
barremos, pasamos el plumero… estas prácticas nos ayudan a purificar el entorno
exterior. Sin embargo ¿limpiamos del mismo modo el interior?
Necesitamos
recurrir a alguna práctica para purificarnos internamente. Nuestras mentes se
contaminan con información dañina, los periódicos y la TV a menudo agitan
nuestra mente. La conciencia se ve en muchas ocasiones limitada por el orgullo,
los deseos, la angustia.
Necesitamos
limpiar el interior. La soledad y el silencio son una buena forma de
limpieza y recuperación. Al estar continuamente en contacto con todos los
problemas del mundo -políticos, económicos, domésticos- podemos terminar
profundamente afectados por ellos. El contacto ininterrumpido con gente, con sus
opiniones, la ideología variada de todas las instituciones con las que nos
relacionamos pueden constituir una cadena que pese en nuestras almas. Por ello,
cuando hacemos silencio, cuando nos retiramos, cuando hacemos una peregrinación,
somos capaces de recuperar nuestra serenidad y volver a nuestro centro.
El silencio y la soledad son particularmente
necesarios en estos tiempos modernos, el los que estamos de
continuo ocupados
con diferentes quehaceres, constantemente preocupados y con prisa. El
silencio es la ausencia de conversación externa, el aquietamiento del discurso
interno, la quietud del cuerpo y del pensamiento. Es estar en calma, en estado
de descanso.
El ayuno
también forma parte de la limpieza interna. Una de las intenciones que subyace
en esta práctica es desactivar la pulsión del consumo excesivo e inconsciente.
Comer un poquito menos de lo habitual es una forma de practicarlo, tomar por
ejemplo una tostada para desayunar en lugar de dos. Los monjes jainistas
practican el ayuno para combatir la confusión mental.
Abstenerse de consumir en exceso
es también una vía de limpieza. Dentro de esta idea general de ayuno, sencillez
y ausencia de voracidad está el reducir la cantidad excesiva de ropa, zapatos,
adornos u otras posesiones. También implica poner un limite razonable a los
viajes y a los lujos. La austeridad es buena para ti y para la posteridad. Si no
consumimos tantos recursos no privamos a las generaciones futuras ni nos
dejamos esclavizar por una pulsión al consumo incontrolado. Una vida simple y
mínima es muy buena para la salud.
Es importante no
confundir este sano limite y autorrestricción por sensibilidad y solidaridad con
un control represivo. Esta práctica tiene un sentido constructivo, sanador y ha
de llevarse a cabo con una actitud positiva. El sentido profundo del ayuno y la
austeridad emergen de la toma de conciencia profunda de los limites de uno
mismo, y esta restricción ha de surgir a partir de esta toma de conciencia, de
forma natural. El placer y la restricción son gemelos y van juntos de la mano.
Ser excesivamente autoindulgente no es un buen camino para disfrutar de la
vida. Quien saber quedarse solo con lo que les es suficiente, está satisfecho
con ello y no necesita más se ha liberado del consumismo obsesivo.
Después de
limpiar el interior hay varias formas de nutrirse: la humildad, el servicio, el
estudio y el sueño. La humildad nos libera del peso de la importancia
personal; el servicio despeja la obsesión por nuestros propios problemas y
preocupaciones. No hablamos de caridad, filantropía o altruismo, hablamos de
hacer esto para renovación personal. El estudio de textos inspirados y la
contemplación del significado profundo de sus palabras es una forma
insustituible de nutrición. También lo es el canto o el escuchar buena música.
Cuando hablo del
estudio me refiero a aquel que propicia el estudio interior, el estudio de
textos sobre el Ser, para Ser. Este estudio no tiene nada que ver con adquirir
información, conocimientos o entretenimiento para pasar el tiempo. El Estudio
del Ser es particularmente importante. ya que puede transformar completamente
nuestra vida. Es fácil estudiar desde el ejercicio intelectual, pero ese no es
el propósito. Buscamos adentrarnos, gracias a libros sabios, en la esencia
vital que se recrea, utilizar el texto para atisbar nuestro propio reflejo y así
descubrir nuestra naturaleza…
A parte de la
lectura de textos inspirados, tú eres tu mejor texto para ti mismo. ¡Conócete a
ti mismo! Tu eres el microcosmos y el macrocosmos. Cuando te conoces a ti
mismo, conoces el universo.
Pintar o mirar
un cuadro o un paisaje son otras formas de contemplación y reflexión que
renuevan el espíritu. Dormir tranquilo es absolutamente reparador y es una forma
imprescindible de nutrirse uno mismo.
Una vez el
Emperador de Persia preguntó a un Maestro Sufi: Maestro:
|
- ¿Qué
puedo hacer para recuperar y renovar mi
alma? |
|
- Mi señor
-respondió él- duerma tanto como pueda.
|
|
- ¿A qué
te refieres? ¡No puedo eludir mis deberes! He de impartir justicia, recibir a
los embajadores, recaudar impuestos. Hay
mucho que hacer, no tengo tiempo para dormir
-dijo el Emperador. |
|
- Pero
señor, cuanto más duerma, menos oprimirá al Pueblo. |
En muchas ocasiones, cuando estamos
superactivos es cuando más oprimimos a otras personas y dañamos la tierra. Por ello, el
sueño es una forma importante de nutrir el Ser.
En el Ramayana,
un texto épico Indio, hay un gigante llamado Kumbhakarna que era hiperactivo.
Su madre rezó a los dioses:
|
- Mi hijo es
demasiado activo. El puede hacer todo en la mitad del tiempo, así que cuando
termina de hacerlo se vuelve destructivo y no puede parar. Ayúdenme a encontrar
algo que le pueda parar. |
|
La diosa Shiva
escuchó sus oraciones:
|
|
- Desde ahora tu
hijo solo estará despierto seis meses y permanecerá dormido otros seis. |
El ritmo de
trabajo moderno es como ese gigante. Aunque gracias a la eficiencia tecnológica
hacemos mucho trabajo en la mitad de tiempo, no podemos parar, y el no parar es
algo destructivo. No olvidéis reservar una parte del
tiempo al día para actividades culturales, contemplativas, creativas y
recreativas.
Creo que
aprender a nutrir la tierra, nuestra alma y la sociedad es el gran trabajo de
nuestro tiempo. Estas tres cosas no pueden estar en compartimentos estancos.
Deben considerarse unidos porque uno complementa el otro y forman un todo, un
todo implícito en la trinidad.
Nutrir la Sociedad
El respeto a la
sociedad supone establecer un orden social basado en el dar y recibir. Esto
implica reciprocidad y entrega mutua.
Todos hemos
recurrido al legado intelectual y cultural universal para enriquecer nuestras
vidas. Este legado se ha ido acumulando de generación en generación. Hemos
aprendido mucho de los indios americanos, de los aborígenes australianos, de los
advatis indios y de los bosquimanos de África. Hemos sido guiados por los
valores de Cristo, Buda, Mahoma… Hemos sido inspirados por Cervantes,
Shakespeare, Tolstoi y muchos otros escritores. Nos hemos beneficiado de las
vidas de Gandhi, la Madre Teresa, Martin Luther King… Ellos no perseguían fama,
fortuna o poder sobre todas las cosas, no. Buda nunca reclamó el copyright de
sus enseñanzas ni Shakespeare recibió royalties.
Nos hemos deleitado
gratuitamente con la música, la pintura, la arquitectura y la artesanía de
muchas culturas desde tiempos inmemoriales. Hemos recibido el tesoro de su
tradición como un regalo. Para agradecer este regalo podemos ofrecer alegre
y serenamente nuestro trabajo, creatividad, arte o artesanía, nuestro huerto
o arquitectura a la sociedad, a las generaciones presentes y futuras.
Esta actitud es
buena para todos, para otros y para nosotros mismos. Cuando estamos motivados
por el espíritu, el trabajo no es una carga, un deber o una pesada
responsabilidad; no somos ni siquiera los artífices de nuestra obra, el trabajo
fluye a través de nosotros. No consideramos como una posesión nuestra
creatividad o habilidades sino como un don, un regalo que hemos recibido y que
nosotros a su vez ofrecemos.
Es como si todos
estos talentos formaran un caudaloso río que siempre fluye. Todos somos
intermediarios y colaboramos añadiendo algo. Mas si los intermediarios cortan
el flujo y se vuelven ante todo individualistas, egoístas o comienzan a poner
términos y condiciones previas, se terminarán secando tanto ellos como el río. Para que el río siga corriendo caudaloso, dinámico, todos los contribuyentes han
de unirse a él con alegría, sin condiciones. No podemos bloquear el río de la
Vida, hemos de establecer una unión incondicional con él. Esta es la forma de
enriquecer nuestra sociedad y nuestra civilización.
La poesía de
Goethe, Milton, Salinas, las leyendas del Rey Arturo, el Mio Cid, el
Mahabharata, las pinturas de Van Gogh, Picasso y Boticelli, la música de Mozart,
las pirámides de Egipto, el Taj Mahal y miles de otras maravillas del mundo nos
han enriquecido. Nos sentimos completamente agradecidos.
Si estamos llenos de
agradecimiento, cada momento es un momento idóneo para expresarlo.
Este legado es nuestra verdadera herencia, nuestro auténtico capital. No podemos
vivir negando esta herencia para siempre y si no hacemos algo para enriquecerla
y reponerla ésta llegará a su fin.
Es bueno comer los frutos que nos han dejado
nuestros antepasados y también es un imperativo vital continuar aportando
nuestro granito de arena personal a esta cultura vital. No olvides que
cuando escribimos un poema, cuando pintamos un cuadro o construimos una bonita
casa, cuando cultivamos flores o cocinamos algo exquisito... estamos haciendo un
regalo al mundo.
Y cuando todas
estas actividades se realizan como algo sagrado, todas ellas enriquecen la
sociedad. Cuando actuamos sin deseo de reconocimiento personal o recompensa,
cuando nuestro trabajo emerge de un corazón puro como el de un niño, nuestras
acciones se convierten en un regalo para la sociedad. Pero si nuestra acción
está preñada de motivos impuros y razones exclusivamente egoístas, por muy bueno
que sea el resultado final del trabajo, éste no formará parte de una sociedad
constructiva.
El trabajo
generado desde un estado mental puro nunca es una fuente de stress, sino que se
convierte en un servicio, en un motivo de alegría y de placer.
IMAGENES
01: El Hombre y La
Tierra. |