La Musicoterapia rompió con los rígidos esquemas
tradicionales permitiendo el descubrimiento de los ritmos naturales en el ser humano,
único punto de partida para la comunicación con el enfermo. El
precursor de la Musicoterapia fue Emile Jacques Dalcroze. Sostenía que el organismo
humano es susceptible de ser educado eficazmente conforme al impulso de la música. Unió
los ritmos musicales y corporales, siendo sus discípulos pioneros de la Terapia Educativa
Rítmica. Actualmente se ha convertido en una terapia para el
tratamiento, rehabilitación y educación de adultos y niños que padecen trastornos
físicos, mentales y emocionales.
La acción de la música
es una eficaz terapia que actúa sobre el sistema nervioso y en las crisis emocionales,
aumentando o disminuyendo las secreciones glandulares, activando o disminuyendo la
circulación de la sangre y, por consiguiente, regulando la tensión arterial. La música
actúa dentro de nosotros, de nuestra mente por medio de vibraciones naturales que
encontramos en cualquier tipo de manifestación material. En este caso, estas vibraciones
se filtran en nuestra mente y a su vez ésta envía la orden afectando a nuestro
organismo.
Juliette Alvin (1967), una de las pioneras de esta especialidad científica,
la define como el uso dosificado de la música en el tratamiento, rehabilitación,
educación y adiestramiento de adultos y niños que padecen trastornos físicos, mentales
y emocionales. La Facultad de Ciencias de la Recuperación de la Universidad de Museo
Social Argentino, la define como una rama de la medicina recuperativa, que mediante la
música se ocupa de coadyuvar en la recuperación orgánica, espiritual y emocional de
personas con diversas deficiencias.
Para otros autores, la Musicoterapia tiene un verdadero sentido
psicoanalítico y lo enmarcan dentro de lo psicoterapéutico de inspiración
psicoanalítica, encuadrándolo entre las psicoterapias de corta duración y de
activación. Estudia el complejo sonido-ser humano en un enfoque de diagnóstico y lo
utiliza para fines terapéuticos, sea este sonido musical o no. Así Benenzon (1976) la
define como la especialización científica que se ocupa del estudio e investigación
del complejo Sonido-Ser Humano, sea el sonido musical o no, tendiente a buscar los
métodos diagnósticos y los efectos terapéuticos de los mismos... Es el hacer música
entre el paciente y el terapeuta, para tratar de reestablecer la comunicación perdida.
Todas estas definiciones enfocan bajo diversos aspectos el verdadero
significado terapéutico de la música, pero no alcanzan a cubrir todas las posibilidades
que ésta implica. Todos los componentes provocan reacciones y cambios aprovechables
dentro del tiempo de diagnóstico y rehabilitativo. El término Musicoterapia se presta a
confusión, porque la música en sí no tiene verdadero efecto curativo. Se podría
utilizar mejor el término de Técnicas psicomusicales de rehabilitación o de
estimulación musical para el desarrollo.
HISTORIA DE LA MUSICOTERAPIA
El uso de la música es tan antiguo como el mismo hombre, podemos diferenciar
dos grandes etapas en la evolución de esta práctica.
De lo Mágico-Religioso a lo Terapéutico
Ya en los papiros médicos egipcios del año 1500 a. C. se hace referencia al
encantamiento de la música relacionándola con la fertilidad de la mujer. En la Biblia
encontramos como David efectuaba música curativa frente al rey Saúl. En muchas leyendas,
cosmogonías y ritos sobre el origen del universo en diversas culturas, el sonido juega un
papel decisivo.
Así pues, la música fue para el hombre primitivo un medio de comunicación
con el infinito. Por ejemplo, para los egipcios, el Dios Thot creó el mundo con su voz;
para S Juan, el Verbo, es decir, la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros... Los
médicos brujos solían y suelen utilizar en sus ritos mágicos, canciones y sonidos para
expulsar los espíritus malignos que existen en el individuo enfermo y se ayudan con la
danza, la expresión corporal y la ejecución instrumental.
Los griegos dieron a la música un empleo razonable y lógico, sin
implicaciones mágicas religiosas, utilizándola como prevención y curación de las
enfermedades físicas y mentales. Aristóteles hablaba del valor médico de la música y
Platón la recomendaba con las danzas para los terrores y las fobias.
En el siglo XV, Ficino se esfuerza por una explicación física de los efectos
de la música, uniendo la filosofía, medicina, música, magia y astrología. Ficino
aconsejaba que el hombre melancólico ejecutara e inventara aires musicales. A mediados
del siglo XVII, Burton reunió todos los ejemplos disponibles de curación por medio de la
música. Así mismo, en este siglo se realizan gran cantidad de estudios y tratados.
En el siglo XVIII, se habló de los efectos de la música sobre las fibras del
organismo, se le atribuyó un efecto triple a la música. En el siglo XIX, Esquirol,
psiquiatra francés, ensayó la música para curar pacientes con enfermedades mentales.
Tissot, médico suizo, diferenciaba la música incitativa y calmante y estimaba que en el
caso de epilepsia estaba contraindicada la música.
La Musicoterapia Hoy: La Etapa Científica
Entre 1900 y 1950 el creador de la rítmica y precursor de la Musicoterapia
fue Emile Jacques Dalcroze. Sostenía que el organismo humano es susceptible de ser
educado eficazmente conforme al impulso de la música. Unió los ritmos musicales y
corporales, siendo sus discípulos pioneros de la Terapia Educativa Rítmica. Dalcroze
rompió con los rígidos esquemas tradicionales permitiendo el descubrimiento de los
ritmos del ser humano, único punto de partida para la comunicación con el enfermo.
Edgar Willems, pedagogo, educador, y terapeuta ha realizado profundos estudios
los cuales giran alrededor de la preocupación por investigar y profundizar acerca de la
relación hombre-música a través de las diferentes épocas y culturas. Karl Orff, tomó
como base de su sistema de educación musical, el movimiento corporal, utilizando el
cuerpo como elemento percusivo y el lenguaje en su forma más elemental. Para Orff la
creatividad unida al placer de la ejecución musical permite una mejor socialización y
establecimiento de una buena relación con el terapeuta, así como un aumento de la
confianza y autoestima.
En Estados Unidos desde la Primera Guerra Mundial, los hospitales de veteranos
contrataban músicos como ayuda terapéutica, preparando así el camino para la
Musicoterapia. Esta valiosa experiencia sirvió para que los médicos la tomaran en cuenta
y en 1950 se fundó la Asociación Nacional de Terapia Musical, la cual edita una revista,
realiza un congreso anual e inicia la formación de terapeutas musicales. En la actualidad
esta formación se da en varias universidades de este país y los musicoterapeutas tienen
alto rango de acción profesional.
En Inglaterra se fundó en 1958 la Sociedad de Terapia Musical y Música
Remedial dirigida por Juliette Alvin. Luego cambió su nombre por Sociedad Británica de
Musicoterapia que extiende el grado de musicoterapeuta y también edita un boletín. Desde
1958 en la Academia de Viena, se dictan cursos especializados en Musicoterapia con
práctica en hospitales psiquiátricos y neurológicos. En Salzburgo, Herbert Von Karajan,
fundó un instituto de Musicoterapia, con una orientación hacia la investigación Neuro y
Psico-Fisiológica. |
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En
América Latina se han desarrollado en los últimos tiempos varias asociaciones tales
como: La de Argentina fundada en 1966 y en 1968. Se realizaron allí las primeras jornadas
Latinoamericanas de Musicoterapia. En el transcurso del mismo año se fundó la
Asociación Brasileña, al año siguiente la Uruguaya, Peruana y Venezolana. En el año de
1970 se fundó la Sociedad Antioqueña de Musicoterapia y en el año de 1972 la
colombiana. En febrero de 1987 se refundieron estas dos Sociedades en una, que controle y
estimule los trabajos en este campo de Terapia Musical.
EL PODER DE LA MUSICOTERAPIA **
La noción de musicoterapia ha sido aceptada dentro del vocabulario médico en
tiempos relativamente recientes. Sin embargo, los efectos benéficos que puede ejercer la
música sobre la salud humana son conocidos desde hace siglos. En las principales ciudades
del mundo actual ya existen centros de musicoterapia que brindan atención especializada a
enfermos físicos y mentales, teniendo como fundamento el poder efectivo e inductivo de la
música cuando se emplea con fines terapéuticos.
Tratamientos de este tipo se han aplicado con éxito tanto en pacientes
psicóticos cuanto en neuróticos, angustiados, estresados o agotados por exceso de
trabajo o tensiones. También se han obtenido resultados alentadores en niños tímidos,
introvertidos en exceso, inestables o disminuidos físicamente. Es que no puede negarse
que la música, esa expresión artística que conjuga sensibilidad con inspiración e
imaginación, es una fuerza muy poderosa que puede llegar a incidir -y de hecho llega e
incide- en la dinámica de los procesos psíquicos más profundos.
La música está presente en toda la vida de las personas y, desde aquellas
amorosas canciones de cuna hasta las marchas fúnebres, puede decirse que acompaña al
hombre en todos sus momentos, desde los más sagrados hasta los más profanos y tampoco
falta en la mayoría de los actos rituales, los cuales pareciera que, sin música, no son
lo que debieran ser.
Obviamente que, partiendo del punto de vista de la salud humana, la música
ejerce un predominio que depende de muchos factores, empezando por su calidad y siguiendo
por el modo de emplearla. Cabe también aclarar, de entrada, que ciertos ritmos como el
rock u otros de tipo afro-cubano, en vez de provocar o conducir hacia la distensión y el
relajamiento emocional y mental, estimulan inversamente a la psiquis dando impulso a los
instintos reprimidos por la conciencia y fomentan ciertos comportamientos agresivos.
La influencia positiva y terapéutica de la música es una complicada
cuestión, condicionada por la estructura y las funciones del sistema nervioso central y
el sistema neurovegetativo, las glándulas de secreción interna y los propios órganos
internos del cuerpo humano. Todo ello se conjuga, en una compleja construcción,
con la obra musical, con su melodía, su armonía, su ritmo, el timbre y la disposición
psíquica particular del paciente. La música, según esas características señaladas,
puede poner en movimiento o bloquear la sensibilidad emocional del sujeto, su memoria, su
imaginación, sus representaciones mentales y hasta sus contenidos ideicos. El terapeuta
que utiliza la música como método de tratamiento debe saber con exactitud cuándo y
cómo debe reforzar o debilitar, según sea necesario, esas cualidades inherentes al ser.
La musicoterapia constituye un método para liberar a las personas de
situaciones de angustia, tristeza, duda, a través de la inducción de ciertos estados
emocionales que influyen correctivamente sobre el ánimo deteriorado. Se ha demostrado
científicamente que la música puede ejercer acciones sobre diversos órganos y sistemas,
como el ritmo cardíaco, la tensión arterial, la secreción de los jugos gástricos e
intestinales, la tonicidad muscular, el funcionamiento de las glándulas sudoríparas, el
equilibrio térmico de la piel, etcétera.
Las experiencias obtenidas demuestran que la musicoterapia es útil en
situaciones que afectan profundamente al enfermo, produciendo en él sentimientos de
angustia por el destino de su vida, temores y fobias a ciertas situaciones
inconscientemente traumáticas, miedo a la impotencia, la invalidez o la soledad. Los
sitios de aplicación de la musicoterapia deben ser los mismos en que comienza y
transcurre el proceso de enfermedad y curación del hombre tratado.
En todos los individuos del género humano, aún en ciertos discapacitados
profundos, existen fuerzas creadoras y de imaginación que habitualmente no son
utilizadas. La música y el color influyen poderosamente para el desarrollo de estas
fuerzas. En el trascendental reino de la imaginación, los niños siempre encuentran
soluciones creadoras. En cambio los adultos, con una mente mucho más mecanizada,
encuentran dificultades para transitar ese gigantesco sendero que lleva hacia el centro de
las facultades de crear, el hemisferio derecho del cerebro humano.
Los niños, en sus primeros años de vida, se conectan con toda facilidad con
sus áreas cerebrales creativas pero, apenas comienzan sus estudios sistemáticos, es
decir la escuela primaria, dejan o son obligados a abandonar eso que se llama pensamiento
mágico para introducirse en el mundo de la lógica, las reglamentaciones, las
obligaciones y el miedo. Un miedo, en especial hacia los adultos, representado por sus
padres y sus educadores, que hace que esa imaginación que se mostraba brillante termine
perdida en el fondo del subconsciente, por lo general cargada de culpas y de más miedos.
La música y el color son los dos grandes ayudantes para romper ese círculo
del miedo inconsciente a la falta y de ahí a la culpa. Con la música y el color se puede
crear el sueño o ensueño a voluntad, que es un mecanismo muy importante para
conectarnos con nosotros mismos, o con esa parte de nuestro ser que hemos escondido en un
freezer por temores que provienen de la realidad.
En las antiguas culturas se observaban conexiones entre música, canción y
curaciones, a veces en medio de ritos cargados de contenidos simbólicos. Egipcios,
griegos y persas, entre otros, aluden en sus leyendas a curaciones que hoy podrían
calificarse de milagrosas, provocadas por medio de la música. Se dice, por
ejemplo, que Herófilo, médico del famoso conquistador Alejandro Magno, regulaba la
tensión arterial de acuerdo a una escala musical propia que él confeccionaba en
consonancia con la edad del paciente. Demócrito, por su parte, afirmaba que las picaduras
de serpientes muy venenosas podían curarse con música de flauta tocada en forma hábil y
melodiosa.
De todo esto se desprende que, la musicoterapia tal como hoy es entendida y
practicada, no es tan moderna que digamos, pese a lo cual su trascendencia sigue siendo
relativamente limitada. Ultimamente, se ha hablado mucho de las alteraciones en los
estados de conciencia que se pueden provocar a partir de cambios en la frecuencia
respiratoria. Pero se ha descubierto también que la música y ciertos sonidos poseen
capacidad propia para provocar modificaciones en los ritmos de las ondas cerebrales.
Ciertas pautas sónicas pueden generar per se ondas cerebrales alfa. Cuando uno
escucha una melodía, o una sinfonía, el cuerpo también está presente en ese proceso y
tiende a seguir el ritmo. No hace falta una concentración profunda en lo que está
ocurriendo, sino que debe dejarse que se produzca como una sintonía automática y
sincrónica con la música.
De esa manera, el efecto de la música se irá convirtiendo en una especie de masaje
sónico que ayudará a eliminar las tensiones provocadas por una vida cotidiana
cargada de estrés y ansiedad. |
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