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En sus pinturas himalayas, las montañas representan las metas
que la humanidad se debe fijar para sí misma, exhortándonos a la búsqueda de lo
espiritual y recordándonos la obligación de prepararnos para la Nueva Era, en la que
Rigden Jyepo vencerá a las huestes de la oscuridad. Pax Cultura era el lema de su
Estandarte de la Paz, pues creía que la evolución espiritual y la paz sobre la Tierra
eran requisitos previos para la sobrevivencia planetaria unidos en el lenguaje común de
la Belleza y el Conocimiento.
PRIMEROS AÑOS
Nicholas Konstantinovich
Roerich nació en San Petersburgo, Rusia, el 9 de octubre de 1874, primogénito de un
abogado-notario, Konstantin Roerich y su esposa María en el ambiente acomodado de una
familia rusa de clase media alta, con las ventajas de establecer contacto con escritores,
artistas y científicos que visitaban a la familia Roerich con frecuencia. A temprana edad
demostró curiosidad y talento hacia una serie de actividades distintas. Cuando tenía
nueve años, un conocido arqueólogo realizó exploraciones en la región y llevó al
joven Roerich a sus excavaciones de los túmulos locales.
La aventura de revelar
los misterios de las eras olvidadas con sus propias manos, despertó un interés en la
arqueología que habría de durarle el resto de su vida. Mediante otros contactos
desarrolló interés por coleccionar artefactos prehistóricos, monedas, y minerales, y
construyó su propio vivero para el estudio de plantas y árboles. Mientras aún era
joven, Roerich demostró una habilidad particular para el dibujo, y cuando cumplió
dieciseis años comenzó a considerar entrar a la Academia de Bellas Arte y seguir una
carrera artística. No obstante, su padre no consideraba la pintura una vocación
apropiada para un miembro responsable de la sociedad, e insistió en que Nicholas siguiera
sus pasos en el estudio de derecho. Se logró un acuerdo, y en el otoño de 1893 Nicholas
se matriculaba simultáneamente en la Academia de Bellas Arte y en la Universidad de San
Petersburgo.
En 1895, Roerich conoció
al destacado escritor e historiador Valdimir Stasov. Este le presentó a muchos de los
artistas y compositores de la época: Musorgski, Rimski-Korsakov, Stravinski, y el bajo
Feodor Chaliapin. En los conciertos del Conservatorio de la Corte escuchó los trabajos de
Glazunov, Liadov, Arensky, Wagner, Scriabin y Prokófiev por primera vez, y desarrolló un
entusiasmo ávido por la música. Wagner llamó su atención en particular, y más
adelante, durante su carrera como diseñador teatral, creó diseños para la mayoría de
las óperas del compositor. Es más, a la pintura de Roerich se pueden aplicar
adecuadamente términos y analogías musicales. Con frecuencia relacionaba la música al
uso del color y de las armonías de color, y aplicó esta sensación a sus diseños para
la ópera. Nina Selivanova en su libro The World of Roerich escribe: La
fuerza original del trabajo de Roerich consiste en una simetría magistral y marcada, y un
ritmo definido, como la melodía de una canción épica.
A finales del 1890 hubo
un florecimiento de las artes rusas, particularmente en San Petersburgo, donde la
vanguardia formaba grupos y alianzas, dirigidas por el joven Serguei Diaguilev, quien
estaba uno o dos años por encima de Roerich en la Facultad de Derecho y quien además
estuvo entre los primeros en apreciar su talento como pintor y estudiante del pasado ruso.
Uno de los primeros
logros de Diaghilev fue la fundación, junto a la Princesa María Tenisheva y otros, de la
revista El Mundo de Arte. Esta revista disfrutó una corta vida aunque tuvo una
influencia importante en los círculos artísticos rusos. La revista se declaró la
enemiga de los académicos, los sentimentalistas, y los realistas. Presentó a sus
lectores, compuestos en su gran mayoría de la clase intelectual, los elementos
principales de los círculos artísticos rusos, el post-impresionismo europeo, y el
movimiento modernista. Roerich contribuyó con la revista y formó parte de su junta
editorial. Otros de los pintores rusos que estuvieron involucrados fueron Alexandre Benois
y León Bakst, quien más adelante se convirtieron en compañeros de trabajo de Roerich
durante los comienzos del Ballet Ruso Diaghilev.
Al terminar su tesis
universitaria, Roerich planificó viajar durante un año por Europa para visitar museos,
exhibiciones, estudios y salones de Paris y Berlín. Justo antes de partir conoció a
Helena, hija del arquitecto Shaposhinov y sobrina del compositor Mussorgsky. Parece que
hubo una atracción mutua inmediata, y enseguida se comprometieron en matrimonio. Se
casaron a su regreso de Europa.
Helena Roerich fue una
mujer dotaba de habilidades poco comunes, una pianista talentosa, y autora de varios
libros, entre éstos Fundamentos del Budismo y una traducción al ruso de Doctrina
Secreta de Helena Blavatsky. La recopilación de sus Cartas, en dos
volúmenes, son un índice para la sabiduría, profundización espiritual, y consejos
simples que compartía con una multitud de personas con las que mantenía correspondencia,
tanto enemigos como amigos y compañeros de trabajo.
Juntos, Nicholas y Helena
Roerich fundaron la Sociedad Agni Yoga, la cual adoptó una ética activa que abarcaba y
resumía las filosofías y enseñanzas religiosas de todas las eras. Impulsado por la
necesidad de proporcionar ingresos para su nuevo hogar, Roerich solicitó y obtuvo el
puesto de Secretario de la Sociedad de Incentiva del Arte, convirtiéndose más adelante
en su director, primero de los muchos puestos que ocuparía como maestro y portavoz de las
artes.
Roerich tomó la
determinación de examinar detenidamente la Sociedad y rescatarla de la mediocridad
académica en la que había caído durante tantos años. Instituyó un sistema de
adiestramiento en arte que aún hoy día parece revolucionario: enseñar todas las artes
-pintura, música, canto, danza, teatro, y las llamadas «artes industriales», como
cerámica, pintura sobre porcelana, alfarería y dibujo mecánico- todo bajo el mismo
techo, y dar a la facultad rienda suelta para que diseñara su propio currículo.
La fecundación cruzada
de las artes que promovió Roerich, fue evidencia de su inclinación para armonizar, unir,
y encontrar correspondencias entre los conflictos aparentes u opuestos en todas las áreas
de la vida. Esta era la marca distintiva de su pensar, y uno lo ve demostrado en todas las
disciplinas que exploró. Buscó constantemente romper con la división en compartimentos,
y, de hecho, aún su propio arte desafió la categorización y creó un universo personal
único. También en sus escritos sobre ética se puede ver que buscaba constamente
conectar los problemas éticos con el conocimiento científico del mundo a su alrededor.
El don de Roerich fue que
estas conexiones le parecieran tan naturales y se presentaran en todas las
manifestaciones de la vida. Y fue este talento para la síntesis, la cual admiraba en los
demás y estimulaba en los jóvenes, lo que le permitió correlacionar lo subjetivo con lo
objetivo, lo filosófico con lo científico, la sabiduría oriental con el conocimiento
occidental, y construir puentes de entendimiento entre estas contradicciones aparentes.
Nos recordó que con frecuencia estas contradicciones eran el resultado de la ignorancia
del hombre, y de que una conciencia desarrollada, la cual todo individuo estaba obligado
de buscar, guiaría al reconocimiento eventual de lo ilusorio, o de la relatividad, de las
cosas. Como Garabed Paelian afirma en su libro Nicholas Roerich: Roerich aprendió
cosas ignoradas por otros hombres; percibió las relaciones entre fenómenos aparentemente
aislados, e inconscientemente sintió la presencia de un tesoro desconocido. Quizás
es este tesoro desconocido que en las pinturas de Roerich habla al observador que
está armonizado con el significado implícito, y más aún explica los sentimientos
transcendentales que algunos experimentan por medio de sus cuadros.
En 1902, los Roerich
celebraron el nacimiento de su primer hijo, George, y en los veranos de 1903 y 1904,
emprendieron un largo viaje por cuarenta ciudades a lo largo de Rusia. El propósito de
Roerich era contrastar los estilos y el contenido histórico de la arquitectura rusa. El
viaje fue uno de descubrimiento: por dondequiera que fueron logró localizar los restos de
los monumentos del pasado ancestral, iglesias, murallas de ciudades, y castillos. Se dió
cuenta de que en muchas ocasiones éstos habían sido desatendidos durante siglos. Como
arqueólogo e historiador de arte estaba consciente de la importancia clave que tenían
para la historia cultural de Rusia. Decidió captar la atención sobre esta situación y
en alguna manera lograr que fueran protegidos y conservados, y con esta meta en mente
pintó una serie de setenta y cinco cuadros que representaban las estructuras.
La experiencia de este
viaje tuvo un efecto duradero, ya que a su regreso en 1904, Roerich hizo público su plan
con la esperanza de que esto creara protección en todas partes para los tesoros
culturales, algo que se consumó treinta y un años más tarde con el Pacto de Roerich.
Esta forma de pensar no era común en esos días, y anticipó la importancia que, hoy en
día, la mayoría de las naciones del mundo le dan a la conservación de su herencia
cultural.
En 1904, Roerich pintó
la primera de sus obras con temas religiosos. Estos trataban principalmente de santos y
leyendas rusos, e incluyen Mensaje a Tirón, El Horno de Fuego, y El
Ultimo Angel, temas a los que regresó con númerosas variantes muchos años
después. El Tesoro de los Angeles fue descrito por un escritor: Una multitud
de ángeles con vestimentas blancas están parados silenciosamente fila tras fila
guardando un tesoro misterioso con el cual están unidos todos los destinos del mundo. Es
una piedra negra-azulada con una imagen del crucifijo grabada, brillando con matices
esmeralda. Los ángeles son una representación temprana de los Maestros jerárquicos
que poblaron el corazón de la creencia de Roerich en la Gran Hermandad, vigilando y
guiando a la humanidad en su viaje eterno de la evolución. La piedra creada por
Roerich, es la representación de una imagen recurrente de distinta forma en sus pinturas
y, a lo largo de sus escritos. La palabra tesoro figura notablemente en los
títulos de muchas de las pinturas de Roerich, como, por ejemplo, en El Tesoro de la
Montaña y en Tesoro escondido. |
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Claramente no es a la riqueza material a lo que se refiere, sino a los tesoros
espirituales que yacen escondidos, aunque disponibles para aquellos con la voluntad para
desenterrarlos. Mientras tanto la búsqueda de Roerich de tesoros arqueológicos
continuó. La Edad de Piedra le intrigaba particularmente, y amasó una gran colección de
artefactos de esa era. Con frecuencia sus pinturas reflejaban este interés, como en Tres
Espadas en la cual el tema es arqueológico, y alude a una leyenda antigua. Roerich
escribió sobre la extraordinaria similaridad de las técnicas y los métodos de
ornamentación de la Edad de Piedra en regiones muy distantes del globo. Al comparar estas
correspondencias, llegó a conclusiones instructivas en cuanto a la coincidencia de la
expresión y creatividad humana. LOS AÑOS TEATRALES
En 1906, en el primero de
uno de los muchos esfuerzos empresariales que captaría la atención de Europa hacia el
arte y la música rusa, Serguei Diaguilev organizó una exposición de pinturas rusas en
Paris. En esta se incluían dieciseis trabajos de Nicholas Roerich. Al año siguiente,
Diaghilev presentó a Fyodor Chaliapin ante el público parisino, junto a la música de
Mussorgsky, Rimsky-Korsakov, Borodin, Rachmaninov, Scriabin, Glazunov, Stravinsky y otros.
En 1909, presentó a
Chaliapin en Ivan el Terrible de Rimsky-Korsakov, con vestuario y escenografía
diseñados por Roerich. Con las Danzas Polovtsianas de El Príncipe Igor, de
Borodin, también con diseños de Roerich, y con otros ballets, Diaghilev introdujo un
cuerpo de bailerines rusos que más adelante se convertirían en los famosos Ballets
Rusos, entre los que estaban Pavlova Fokine y Nijinsky. Los diseños de Roerich aumentaron
su reputación por la representación significativa de las culturas antiguas y sus
prácticas.
Diaghilev fue pionero de
una forma artística que abarcaba la colaboración del diseñador como auteur. De
este modo Alexandre Benois influenció la creación del ballet de Petrouchka, y
Nicholas Roerich fue el promotor, y con Igor Stravinsky, el co-creador del ballet La
Consagración de la Primavera.
Titulado al principio El
Gran Sacrificio: un Retrato de la Rusia Pagana, el motivo del ballet surgió de la
absorción de Roerich con la antigüedad y, de acuerdo a lo que le escribió en una carta
a Diaghilev: La hermosa cosmogonía de la tierra y el cielo. En el ballet Roerich
buscó expresar los ritos primitivos del hombre antiguo al éste darle la bienvenida a la
primavera, la otorgadora de vida, y hacer un sacrificio a Yarilo, el Dios del Sol. Era una
historia totalmente distinta a la de cualquier otro ballet. La partitura de Stravinsky y
la coreografía de Nijinsky fueron una sorpresa por igual, y provocaron una gran
controversia que continuó por muchos años.
La noche del estreno en
Paris, el 29 de mayo de 1913, una de las personas que estaba entre el público describe la
escena: Nothing that has ever been written about the battle of Le Sacre du Printemps
has given a faint idea of what actually took place. The theater seemed to be shaken by an
earthquake. It shuddered. People shouted insults, howled and whistled, drowning out the
music. There was slapping and even punching...the ballet was astoundingly beautiful.
Al interpretar lo que
podría haberse descrito como un comportamiento negativo, bárbaro, Roerich escribió
después: Recuerdo como durante la primera función el público silbó y gritó de
manera en que nada podía oirse. Quién sabe, quizás en ese momento estaban disfrutando
de la misma emoción que la gente primitiva. Pero hay que decirlo, esa primitividad
salvaje no tenía nada en común con el primitivismo refinado de nuestros antepasados,
para los que el ritmo, lo simbólico sagrado y el refinamiento del gesto eran conceptos
grandiosos y sagrados.
La Consagración de
la Primavera representó la culminación de la colaboración de Roerich con
Diaghilev. Reconoció en el empresario un verdadero defensor del arte ruso, y a la muerte
de Diaghilev en el 1929 escribió: Podríamos considerar el logro de Diaghilev como el
de un gran individuo, pero sería aún más correcto considerarlo como el verdadero
representante de todo un movimiento de síntesis, un representante eternamente joven del
momento histórico en que el arte moderno rompía con tantos convencionalismos y
superficialidades.
LAS NUBES DE LA GUERRA
Pocos años antes de que
empezase la Primera Guerra Mundial, Roerich sintió una catástrofe inminente, y sus
cuadros representaban simbólicamente la terrible escala del conflicto que sentía
descendiendo sobre el mundo. Estos trabajos marcaron el nacimiento de Roerich el
profeta.
En La Batalla de los
Cielos Roerich usó el contraste violento de luz y oscuridad para sugerir los
terribles sucesos que pronto arroparían a Rusia y a toda Europa. Para esta época, en sus
representaciones tanto de temas históricos como naturales, el simbolismo y el uso de la
alegoría se habían vuelto ingredientes esenciales de su trabajo. Como escribió un
crítico: Pobló su mundo no con participantes de dramas transitorios, sino con
portavoces de las ideas más constantes acerca de la verdad de la vida, la lucha milenaria
del bien y el mal, la procesión triunfante de un futuro brillante para todos.
VIAJES A OTROS PAISES
En 1915, Roerich se
enfermó con pulmonía, y su doctor lo mandó con su familia a Sortavala, Finlandia, para
que se recuperara. Este fue un período de gran incertidumbre en el mundo, igual que para
la familia Roerich. En las pinturas de Roerich de ese período, como Karelia--Expectativa
Eterna y La Mujer en Espera, el paisaje frío y austero de las rocas y las
costas deshabitadas del norte parece expresar una sensación de añoranza intensa. En La
Mujer en Espera, su mirada está fija en el horizonte como si esperase por alguna
señal del regreso de viajeros que se fueron hace mucho tiempo.
Para el 1917 la
revolución rugía en Rusia y regresar hubiera resultado peligroso. La familia comenzó a
hacer planes para visitar India, cuya atracción magnética había ido en aumento en los
últimos años. Esto se volvió una posibilidad en el 1919 cuando Roerich fue invitado por
un empresario sueco para que exhibiera sus cuadros en Estocolmo. Desde ahí la familia
siguió hasta Londres, donde Sir Thomas Beecham había invitado a Roerich a diseñar una
nueva producción del Príncipe Igor para el Covent Garden Opera.
Por América
Mientras tanto, recibió
una invitación del Chicago Art Institute para visitar America. La aceptó, y la gira
comenzó éxitosamente en la Galería Kingore, en Nueva York, en 1920. Además de exhibir
más de 400 cuadros ahí y en muchas otras ciudades estadounidenses, Roerich diseñó la
escenografía y el vestuario para producciones de La Doncella de Nieve, y de Tristán
e Isolda para la Chicago Opera Company. Durante sus viajes por América, Roerich
pintó una serie en Nuevo México, y una serie Océano en Monhegan, Maine, donde
la familia pasó un verano. Respondió al espíritu de carácter emprendedor que encontró
en América y con frecuencia escribió sobre la influencia positiva que su tecnología en
desarrollo tendría sobre el mundo. Roerich dejó huellas en las vidas de los individuos
que quedaron influenciados por su magnetismo y sentido de misión.
En 1921, en Nueva York,
fundó el Master Institute of United Arts, con el cual planeaba poner en práctica los
conceptos educacionales que había incorporado en el currículo de San Petersburgo. Atrajo
a un grupo de instructores talentosos. Entre éstos estaban Deems Taylor, enseñando
teoría musical y composición, Robert Edmund Jones y Lee Simonson, enseñando diseño
teatral, y instructores de primera calidad en cursos que incluían todos los instrumentos
musicales, aspectos de la pintura y el dibujo, diseño e ilustración, escultura,
arquitectura, ballet, drama, periodismo, e idiomas; las conferencias estaban a cargo de
individuos reconocidos, como por ejemplo George Bellows, Claude Bragdon, Norman Bel
Geddes, y Stark Young.
El Master Institute
floreció, pero no sobrevivió más allá del 1937. Mientras el país se encontraba en las
garras de la Gran Depresión y la familia Roerich estaba en una expedición por el Lejano
Oriente, los fondos se agotaron, provocando un colapso total de la organización por la
que Roerich y sus seguidores habían luchado.
No fue hasta el 1949 que,
bajo la dirección de Sina Fosdick, uno de los miembros de la junta fundadora y un miembro
de la facultad, la institución renació como el Museo de Nicholas Roerich, en una
residencia particular en la Calle 107 del Oeste de la Ciudad, donde ha permanecido hasta
el presente. Muchas de las pinturas de la colección original pueden verse en la
actualidad, y con el pasar de los años se han ido añadiendo otras, convirtiéndola en
una de las colecciones más abarcadores del trabajo del artista en el mundo.
Durante su estadía en
América, los Roerich continuaron con sus planes de viajar a India. Una orientación hacia
los valores espirituales del Este, se refleja en gran parte del trabajo creativo de
Roerich durante ese período. Esto se aprecia en la serie «Océano»: los tres cuadros Vino
El Mismo, El puente de Gloria, y Milagro, demuestran el poder
espiritual que empezaba a caracterizar su trabajo. En El Puente de Gloria, San
Sergio de Redonezh camina en la contemplación ante un puente azul formado por la aurorea
boreal, la metáfora de Roerich del puente espiritual futuro que conectará el cielo y la
tierra. |
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Entre el 1916 y el 1919 Roerich había escrito una colección de sesenta y
cuatro poemas en verso libre que fueron publicados en Berlín, en ruso, bajo el título de
Flores de Morya, y subsecuentemente publicados en inglés como La Flama en el
Cáliz. En éstos encontramos el viaje interno de Roerich constituido y su compromiso
con la búsqueda espiritual afirmado. Estos poemas evocan algunas de las imágenes que
Roerich usó después en sus pinturas, y en cierto modo nos ayudan a entender los
símbolos y los significados escondidos en algunos de ellos. En su ensayo Flores de Morya:
el tema del Peregrinaje Espiritual en la Poesía de Nicholas Roerich, Irina Corten
escribe: Como eje del sistema de creencia de Roerich, está el concepto hindú de un
universo sin comienzo y sin fin, que se manifiesta en círculos recurrentes de creación y
destrucción de las formas materiales, provocados por el látido de la energía divina. En
el plano humano, esto significa la grandeza y decadencia de las civilizaciones y, en
términos de la vida individual, la reencarnación de un alma. Como Roerich, el
poeta, escribe, en el poema En lo Eterno:
Hermano,
dejemos lo que es transitorio,
Pues de otra manera no tendremos tiempo
De pensar en eso que todos estiman
Que es inmutable
Piensa en lo eterno.
En mayo de 1923, los
Roerich por fin se encontraban de camino hacia India, donde, en esa tierra siempre joven,
rodeada por la nieve de los Montes Himalaya, buscaron dirigir sus pensamientos hacia lo
Eterno.
En India
Los Roerich llegaron a
Bombay en diciembre y comenzaron una gira por los centros culturales y lugares
históricos, reuniéndose con científicos, erúditos, artistas y escritores indios por el
camino. Para finales de diciembre ya estaban en Sikkim, en la ladera sur de los Himalayas,
y es evidente por la rapidez con que llegaron a las montañas que los Himalayas era lo que
realmente les interesaba.
Comenzaron un viaje de
exploración que los llevaría hasta el Turquestán chino, Altai, Mongolia y Tibet. Fue
una expedición por regiones sin recorrer, donde planeaban estudiar las religiones,
idiomas, costumbres y la cultura de los habitantes.
Roerich escribió sobre
esta primera Expedición por el centro de Asia en su libro El Corazón de Asia, y
crea para el lector un recuento vivo de las maravillas de la región y su gente. Sin
embargo, las imágenes no son tan vívidas como en las aproximadamente quinientas pinturas
resultado de ese recorrido. En Kangchenjunga, El Sendero de Sikkim, Su
Nación, El Gran Espíritu de los Himalayas y la serie Los Estandartes
de Oriente, podemos apreciar los conceptos filosóficos y las ideas que daban origen
a las imágenes visuales, y el esplendor que el norte de la India le proporciona a la
ambientación física.
En El Sendero,
la figura de Cristo muestra el camino a lo largo de un sendero tortuoso a través de los
riscos y picachos de los Himalayas, una metáfora para los obstáculos peligrosos que
confronta el viajero espiritual. Figuras y conceptos de las religiones orientales aparecen
en las pinturas; entre éstos son importantes las imágenes del Señor Maitreya -el
Mesías del Budismo-, el Kalki-Avatar de los Puranas, Rigden Jyepo de Mongolia, o el
Burkhan Blanco de Altai; todos ellos descritos en leyendas en las que se les vincula con
el Soberano de Shambhala, quien está destinado a aparecer en la tierra para la
destrucción final de lo malvado, la renovación de la creación y la restauración de la
pureza (citado de El Glosario Teosófico, de H.P. Blavatsky)
El recorrido a veces fue
arduo. Roerich nos cuenta que cruzaron treinta y cinco desfiladeros de catorce a veintiún
mil pies de altitud. Pero éstos eran desafios para los que se sentía haber nacido,
creyendo que el rigor de las montañas ayudaba al hombre a encontrar la valentía y
desarrollar la fortaleza de espíritu. Y a pesar de los obstáculos, dondequiera que
fueron, la creencia de los Roerich en el bien esencial de la vida y en la espiritualidad
del hombre se reforzaba. La serie Estandartes de Oriente de Roerich, compuesta de
diecinueve cuadros representando los maestros religiosos del mundo, Mahoma, Jesús,
Moises, Confucio, y Buda, y los santos y sabios indios y cristianos, fue un testimonio de
la unidad en el esfuerzo espiritual y las raíces comunes de la fe humana.
Como contrapunto a estos
temas, en las pinturas de Roerich está la imagen de la Mujer y su función predestinada
en la era por venir, y podemos asumir que lo que Helena Roerich escribió a una amistad en
1937, refleja el punto de vista de Nicholas en sí: La mujer debe darse cuenta de que
ella contiene en sí misma todas las fuerzas, y en el momento en que se sacuda de esa
hipnosis secular de su subyugación aparentemente legítima y de esa inferioridad mental,
y se ocupe en una educación variada, podrá crear en colaboración con el hombre un mundo
nuevo y mejor. El Cosmos afirma la grandeza del principio de la creatividad de la mujer.
La mujer es una personificación de la naturaleza, y es esta naturaleza la que enseña al
hombre, no el hombre a la naturaleza. Por lo tanto, ojalá que las mujeres entiendan la
grandeza de su origen, y ojalá que se esfuercen por alcanzar el conocimiento.
(publicado en Las Cartas de Helena Roerich 1935-1939, vol. II)
Nicholas Roerich
representó las grandes deidades femeninas en pinturas como La que Guía, Madonna
Laboris, y La Madre del Mundo. Este último concepto, equivalente a Lakshmi
y Kali de India, es una de las imágenes de Roerich de mayor inspiración, interpretada
con majestuosidad en tonos violeta y azul profundos. La contribución de Helena Roerich a
la vida y trabajo de Nicholas no se puede sobreestimar. Su unión podría describirse
mejor como una colaboración de vida en los campos del esfuerzo en común. Su filosofía,
que incluía una ética de vida, era compartida por Nicholas y motivaba a éste en su
trabajo y su vida.
En algún momento al
final de sus vidas, cuando se acercaba un aniversario, él escribió en su diario: Cuarenta
años, ni un año menos. En un viaje tan largo, enfrentándonos a muchas tormentas y
peligros desde afuera, juntos vencimos todos los obstáculos. Y los obstáculos se
convirtieron en posibilidades. Dediqué mis libros a Helena, mi esposa, amiga, compañera
de viaje, inspiración. Cada uno de estos conceptos fue puesto a prueba en el fuego de la
vida. Y en Petersburgo, Escandinavia, Inglaterra, América, y en toda Asia trabajamos,
estudiamos, ampliamos nuestras conciencias. Juntos creamos, y no sin razón se dice que el
trabajo debe llevar dos nombres: uno femenino y uno masculino.
Al final de su
expedición principal, en 1928, la familia se instaló en el Valle Kullu a una altura de
6,500 pies, en las colinas al pie de los Montes Himalaya, con una vista magnífica del
valle y las montañas a su alrededor. Aquí establecieron su hogar y el centro de
operaciones del Instituto Himalayo de Investigación Urusvati, el cual estaba
organizado para estudiar los resultados de su expedición, y de las exploraciones que
estaban por venir. Las actividades del Instituto incluían estudios en botánica y
etno-lingüística, y la exploración de yacimientos arqueológicos. Bajo la dirección de
Roerich, sus dos hijos, George y Svetoslav, establecieron una colección de hierbas
medicinales, y realizaron amplios estudios en botánica y antiguos conocimientos médicos,
así como en farmacopea tibetana y china.
Al año siguiente, en un
viaje de regreso a Nueva York para la inauguración del nuevo Museo de Roerich, Roerich
planteó un tema que había estado preocupándole hacía años. Usando la Cruz Roja como
ejemplo, propuso un tratado para la protección de los tesoros culturales tanto en tiempos
de guerra como de paz: una propuesta que había tratado de promover sin éxito en 1914. Al
consultar con abogados versados en leyes internacionales, redactó un Pacto, y sugirió
que una bandera fuera ondeada en los lugares que estuvieran bajo su protección. Esta
bandera se llamaría Estandarte de la Paz.
El diseño del Estandarte
muestra tres esferas rodeadas por un círculo, en rojo púrpura sobre un fondo blanco. De
muchas de las interpretaciones nacionales e individuales, quizás las más comunes sean
las de la Religión, Arte y Ciencia como aspectos de la Cultura, que es el círculo que
los rodea; o la de los logros pasados, presentes y futuros de la humanidad resguardados
por el círculo de la Eternidad. El símbolo puede verse en el escudo de Tamerlán, en
joyas tibetanas, caucáseas y escandinavas, y en artefactos bizantinos y romanos. La
imagen de la Virgen de Estrasburgo está adornada con el mismo. Puede apreciarse en muchas
de las pinturas de Roerich, sobre todo en Madonna Oriflamma, en la cual la Mujer
es representada como la portadora y la defensora del Estandarte. En este signo y en el
lema que lo acompaña, Pax Cultura, está simbolizada la visión de Roerich
acerca de la humanidad.
Como escribió: Unámonos.
Usted preguntará, ¿en qué forma? Usted estará de acuerdo conmigo: en la forma más
fácil, para crear un lenguaje común y sincero. A lo mejor en la Belleza y el
Conocimiento. Los esfuerzos de Roerich para proclamar este tratado dieron resultado,
finalmente, el 15 de abril de 1935, con la firma de las naciones americanas -miembros de
la Unión Panamericana- del Pacto Roerich, en la Casa Blanca en Washington. Este tratado
aún está vigente. Muchos individuos, grupos y asociaciones alrededor del mundo
continúan promoviendo el conocimiento del pacto, el estandarte, y sus principios
fundamentales.
Es en sus pinturas
himalayas donde uno puede encontrar con mayor facilidad evidencias de su distinción
espiritual y el sentido de misión que le guiaban para intentar las tareas que el mismo se
fijaba. En estos cuadros se puede apreciar el sentido de drama, la urgencia de un mensaje
por mandar o recibir, de un viajero que recibir, de una misión que realizar, un camino
que recorrer. Las montañas altísimas representan las metas espirituales que la humanidad
se debe fijar para sí misma. Roerich exhorta a la gente a buscar su destino espiritual y
le recuerda su obligación de prepararse para la Nueva Era en que Rigden Jyepo reunirá su
ejército y bajo el Estandarte de la Luz vencerá a la hueste de la oscuridad. Roerich el
guerrero ya fue armado y montado; buscó alistar a su ejército para la batalla, y ordenó
que sus petos portaran la palabra cultura.
La búsqueda del
refinamiento y la belleza era sagrada para Roerich. Creía que aunque los templos y
artefactos terrestres puedan perecer, la creencia que los trae a la vida no muere, sino
que forma parte de la corriente eterna de la conciencia -las aspiraciones humanas,
alimentadas por su voluntad dirigida y por la energía del pensamiento. Por último,
creía que la paz sobre la Tierra era un requisito previo para la sobrevivencia planetaria
y el proceso contínuo de la evolución espiritual, y exhortó a los hombres, sus
compañeros, a que ayudaran a lograr esa paz uniéndose con el lenguaje común de la
Belleza y el Conocimiento.
Nicholas Roerich murió
en Kullu, el 13 de diciembre de 1947. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas enterradas en
una ladera, frente a las montañas que tanto amó y retrató en muchas de sus casi siete
mil obras. |
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