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No hay duda de que Palenque es
una de las ciudades mayas más cautivadoras. Descubierta
en 1773 por un grupo de soldados y misioneros españoles, fue
fundada hacia el 200 dC, siendo su apogeo entre el
600 y el 750 dC, para decaer poco después entre el 850 y
el 900. Es imposible
visitarlo sin encontrarse con dos de sus
excelsos señores, Pakal y su hijo Chan Bahlum,
quienes fueron grandes estadistas y le
dieron sus mejores momentos de esplendor.
La investigación histórica actual considera que el nuevo Palenque fue fundado
por Fray Pedro Lorenzo (o Laurencio) en el año de 1567, a cierta distancia de
las ruinas del mismo nombre. El padre dominico integró el pueblo con muchas
familias choles dispersas en la selva lacandona. Se sabe que los nativos
llamaban a palenque Otulún, palabra de origen chol que significa Sitio cercado
o fortificado, y hasta existe un arroyo con este nombre, que atraviesa las
ruinas. La misma sinonimia connota la palabra Palenque, voz castellana que
significa: lugar cercado por una estacada.
EL DESCUBRIMIENTO
DE PALENQUE
Breve Cronología
de los Hechos
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- 603-798: Época de florecimiento del antiguo Palenque |
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- 1567: El fraile dominico Pedro Lorenzo funda el nuevo pueblo de Palenque. |
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- 1773: Fray Ramón Ordóñez de Aguilar visita las ruinas de Palenque y comunica
la noticia a don José de Estachería, presidente de la Real audiencia de
Guatemala. |
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- 1821: Don Cayetano Ramón de Robles y don Antonio Vives, por instrucciones de
la Sociedad Económica de la Provincia, construyen un camino de Bachajón a
Palenque y de este lugar a Catazajá. |
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- 1822: Thomas Mckay envía a Londres dibujos a lápiz, dando al mundo la noticia
del gran hallazgo maya. |
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- 1828: Se funda la escuela de primeras letras, de gran trascendencia para todo
el municipio. |
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- 1840: Expedición de
John Lloyd Stephens. |
Los Primeros Exploradores*
Un hombre
encuentra un libro donde se habla de una ciudad perdida en lo más recóndito de
la selva. El hombre va entonces tras ese lugar misterioso, haciendo caso omiso
de los críticos que consideran su búsqueda una locura. Después de enfrentar
muchos peligros y penalidades, descubre la ciudad perdida y, con ello, toda una
civilización. Este romántico argumento es tema recurrente en la imaginación de
los occidentales y ha inspirado libros y películas. Por muchos conceptos, la
exploración que realizó John Lloyd Stephens en la antigua ciudad maya de
Palenque es el prototipo de esta clase de aventura.
Hacia 1835, Stephens era un famoso escritor de viajes que había publicado varios volúmenes
sobre sus descubrimientos en Egipto, Arabia, Grecia, Turquía y Rusia. Llamó la
atención cuando en 1839 anunció su propósito de efectuar una investigación
imparcial de Palenque y otros lugares mayas de México y Centroamérica; el
público se entusiasmó con la idea, pero los eruditos lo desdeñaron.
Como eran
muchos quienes ansiaban tildarlo de mentiroso, sabía que iba a necesitar pruebas
contundentes de sus descubrimientos. Entonces propuso integrarse a la expedición
al dibujante Frederick Catherwood, el cual tenía fama de habilidoso ilustrador y
erudito que no se dejaba llevar por las fantasías de muchos otros artistas
viajeros. Llegaron a Belice el 3 de noviembre de 1839 y les tomó seis meses más
arribar a Palenque. Ingresaron a Chiapas durante de la temporada de lluvias.
Stephens describió el viaje como arduo y lento, pues se vieron obligados a
abrirse paso por una selva tan poblada de matorrales y arbustos que era
impenetrable...
Llevando a
lomo de mula sus pertenencias, soportaron diez días de lluvia que los calaba,
tuvieron que combatir la fatiga, lodazales, hordas de mosquitos y empinados
cerros. Stephens consideraba las montañas de Chiapas las peores que había
encontrado en ese o en cualquier otro país. Llegaron a Santo Domingo de
Palenque, remoto pueblo situado al oeste de la ciudad maya, en condición
desastrosa causada por enfermedades, hambre y agotamiento. El poblado también
sufría una hambruna y no era el lugar ideal para descansar.
Tras procurarse
las provisiones más básicas, los exploradores salieron en busca de la ciudad
perdida. Luego de tres horas de deslizamientos y resbalones por una gran
carretera atestada de gente llegaron a Palenque. Sus guías gritaron el
palacio, el palacio y Stephens y Catherwood, mirando entre los árboles,
divisaron la fachada de un edificio ricamente adornado. Arrastrándose por las
escaleras penetraron en el patio del Palacio y dispararon cuatro cargas para
celebrar la llegada. Stephens asentó:
por primera vez estábamos en un edificio levantado por los habitantes
aborígenes antes que los europeos supieran de la existencia de este continente.
El Palacio
sirvió de campamento base. Catherwood comenzó sus esbozos mientras Stephens
exploraba los macizos laberintos de habitaciones abovedadas, angostos corredores
y cámaras subterráneas del complejo residencial. Juntos descubrieron una
pirámide escalonada en la esquina suroeste del Palacio, bajo una maraña de
vegetación. Ascendieron penosamente por los escalones para descubrir cinco
puertas decoradas con relieves de estuco. Las inscripciones, tableros de
jeroglíficos y pilastras de dibujos esculpidos los dejaron sin aliento. Ni
descripción ni dibujo alguno pueden reflejar la sublimidad moral de aquel
espectáculo, escribió Stephens en su diario. Acababan de descubrir el Templo de
las Inscripciones. Al llegar a la bóveda examinaron antorcha en mano los
jeroglíficos. No podían saber que se encontraban arriba de lo que llegaría a ser
uno de los descubrimientos arqueológicos más famosos del Mundo Maya. Bajo sus
pies estaba la tumba de Pakal, el gran gobernante palencano, que sería hallada
solamente un siglo después.
Las
condiciones del campamento eran primitivas. De noche, los exploradores no
conseguían dormir mucho debido a los voraces mosquitos; la comida se les echaba
a perder rápidamente en medio del húmedo calor y durante el día tenían que estar
a la defensiva de serpientes venenosas y escorpiones. En determinado momento, Stephens se vio obligado a regresar al pueblo para recuperarse del ataque de
unas pulgas tropicales llamadas niguas. Catherwood se había enfermado también
por las crisis intermitentes de paludismo. No obstante, ambos continuaron su
trabajo hasta descubrir el Templo de la Cruz, el Templo del Sol y el Templo de
la Cruz Foliada. Catherwood, con esmero, copiaba cada bajorrelieve y las
fachadas, mientras Stephens redactaba las descripciones.
El 30 de mayo
de 1840, Palenque se vio azotado por una tormenta tropical, que Stephens
describe como sublime y terrible... La tormenta amenazó la existencia misma de
los edificios. Todos se empaparon y enfermaron, hasta el punto que el 1 de
junio tuvieron que abandonar la ciudad. El 31 de julio del mismo año llegaban a
Nueva York. Stephens comenzó a trabajar en su libro Incidentes de viaje por
Centroamérica, Chiapas y Yucatán, ilustrado con los meticulosos dibujos de Catherwood.
A su
publicación, el libro causó sensación, desconcertando a muchos historiadores y
eruditos, los cuales de inmediato se dispusieron a revisar sus opiniones
respecto de los mayas. El público se entusiasmó con la idea misma de que acababa
de ser descubierta una civilización. De sus hallazgos en Palenque, Stephens
concluyó: Aquí están los restos de un pueblo cultivado, refinado y peculiar que
pasó por todas las etapas propias del auge y caída de las naciones, alcanzó una
edad de oro y pereció, quedando por entero desconocido.
El tiempo
probaría lo atinado que John Lloyd Stephens estuvo en sus conclusiones.
CIUDAD DE
REYES*
No hay duda de
que Palenque es una de las ciudades mayas que más cautiva tanto a turistas como
a arqueólogos. Numerosos factores contribuyen a ese encanto: el lujurioso verdor
de la selva chiapaneca, con su eterno paisaje de niebla; la arquitectura
palencana, tan fina y elegante, que se distingue como de las más bellas en el
Mundo Maya; la fascinante biografía de sus reyes, y la abundancia de
jeroglíficos, en los cuales se narra la historia del lugar.
Palenque tiene
una
extensión de 4.5 km de
este a oeste y 2 km de norte a sur. Se ubica a 230 m sobre el nivel del mar, en
la primera serranía del norte de Chiapas y es alimentada por varios arroyos que
circulan entre los edificios. La ciudad fue descubierta en 1773 por un grupo de
soldados y misioneros españoles, quienes llegaron al lugar cuando ya estaba
abandonado. Fundada hacia el 200 d.C., tuvo su apogeo entre el 600 y el 750
d.C., para después decaer entre el 850 y el 900, al igual que sus vecinas Tikal,
Copán y Bonampak.
La ciudad posee
un distintivo estilo arquitectónico que lo diferencia de cualquier otro sitio
maya. Alfonso Morales, arqueólogo en jefe del Instituto de Investigaciones de
Arte Precolombino en Palenque, cree que la posición de este lugar como
emplazamiento fronterizo pudo haber contribuido a la claridad de su técnica.
Importante centro comercial cercano al río Usumacinta y confinante con las
tierras bajas de Yucatán (México) y del valle del Petén (Guatemala), Palenque
tuvo que haber recibido numerosas influencias del exterior, las cuales enfrentó
desenvolviendo su propio estilo.
Aquí en
Palenque hay culto a la personalidad, reconoce Morales, señalando que la
presencia de sus dos máximos soberanos está indeleblemente plasmada en la
ciudad. En efecto, es imposible visitar Palenque sin encontrarse a los dos
excelsos señores. Aunque con perfiles personales diferentes, Pakal y su hijo
Chan Bahlum fueron grandes estadistas y visionarios. A lo largo del gobierno
ininterrumpido de ambos el lugar floreció como una gran potencia.
La devoción a la
construcción de templos no fue algo inusual, puesto que todo rey maya utilizaba
los monumentos públicos como una especie de propaganda. Los templos eran
decorados con relieves que afirmaban el derecho del monarca al trono. Lo que
distingue a Pakal y a Chan Bahlum es la duración de sus respectivos reinados, la
coherencia de su visión y la pervivencia de su legado. Pakal subió al trono en
el 615 d.C., a la edad de doce años, y se mantuvo en él sesenta y ocho. Le
sucedió en 684 su hijo Chan Bahlum, quien gobernó durante dieciocho. Ochenta y
seis años de estabilidad dieron origen a la época de oro de Palenque, donde
religión e historia se fundieron con la arquitectura.
Cronológicamente,
la zona excavada de Palenque se divide en tres grandes áreas: el Grupo Norte,
que alberga los edificios más antiguos; la Gran Plaza, en la que destacan dos
construcciones monumentales: El Palacio y el Templo de las Inscripciones; y el
Grupo de las Cruces. En el Grupo Norte hay cinco edificios sobre plataformas a
diferentes niveles. Aquí se muestran las estructuras típicas de Palenque: una
elevación natural que sirve de base de terrazas y escaleras artificiales por
tramos superpuestos que aprovechan el declive. El edificio más occidental es el
Templo del Conde, llamado así en honor al conde Frederick Waldeck, quien a
principios del siglo XIX vivió durante tres años en este templo. Cerca de ahí
hay un pequeño juego de pelota, en su mayoría sin excavar, que data del 250 d.C.
EL PALACIO
Esta área
cubre construcciones más antiguas ya que sus habitantes creían que sus
constantes rituales en sus plazas y templos acumulaban sacralidad, por esta
razón construían o renovaban sobre los edificios ya existentes; así conservaban
las energías sagradas y facilitaban el acceso a los dioses, además de tener
comunicación con las deidades celestes. Cuenta con cuatro patios interiores de
diferentes tamaños y niveles, en la parte sur se construyeron galerías
subterráneas, cámaras, pasillos, escaleras, un baño de vapor y retretes
conectados con un caño de desagüe, ésto nos muestra la urbanización de la ciudad
y el uso habitacional que se le daba.
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Es la pieza
central de Palenque.
Es un conjunto de estructuras construidas sobre una
plataforma artificial, su superficie es de 100 por 80 metros. Su acceso
principal es por la escalinata del lado norte.
Como
centro del área ceremonial, o como reloj solar, no se
sabe, lo cierto es que los mayas buscaban una armonía con el cosmos íntegro y
elegían para la construcción de sus palacios la orientación que les permitiera
la unión de elementos físicos, culturales y místicos con el fin de vivir en
armonía con las fuerzas cósmicas.
Se trata en
realidad de un complejo de edificios construidos en diferentes épocas, de donde
resultó una serie irregular de patios y aposentos. Al igual que la mayoría del
resto de las estructuras del sitio, posee un techo curvo que estuvo por completo
recubierto de estuco y rematado con cresterías. Con sus altares, tronos, bancas,
respiraderos, altos techos y patios, El Palacio tiene el aire de haber sido muy
funcional. Las docenas de cuartos indican que aquí vivía el rey con la nobleza,
jefes, sacerdotes y altos funcionarios. De seguro fue una cómoda residencia: el
uso de techos de doble bóveda, los pórticos y puertas le dan una atmósfera
liviana y etérea, sobre todo en comparación con las reducidas y oscuras
habitaciones que se encuentran en otros edificios. En las secciones norte y
este, los cuartos son más grandes, quizá porque pertenecieron a la familia real,
mientras que las piezas más pequeñas de la sección sur habrían sido destinadas a
los huéspedes y a nobles menores.
El Palacio fue
una de los primeros proyectos de renovación de Pakal una vez en el poder. A las
galerías porticadas les añadió bóvedas y paneles labrados, abrió cámaras
subterráneas que dan a los patios, mandó hacer nuevos bajorrelieves al patio
este y construyó los anexos conocidos como Casas E, B y C.
El flanco oeste
del Palacio tiene una escalinata que conduce a un aposento porticado. Las
pilastras que enmarcan las puertas muestran relieves de estuco donde aún hay
figuras de nobles vestidos con sus galas y en las cuales aún se adivinan los
colores originales.
Una de las
singulares características del Palacio es el gran arco triple que da al patio
este. Dicho patio se distingue por los paneles de finos bajorrelieves dispuestos
a lo largo de las escaleras. Estos paneles narran una escena: del lado derecho
hay cinco figuras humanas; las dos más próximas a la escalera tienen la cabeza
hacia arriba, como si orasen, mientras las otras miran al frente. Seis de las
figuras pueden ser sacerdotes o nobles. La figura más a la derecha está sin
ropas y debido a su expresión, de profunda angustia, parece que ha sido
condenada por las demás.
La galería oeste
es un aposento porticado conocido como Edificio E; se llamaba antes Zac Nuc Nah
o Gran Casa Blanca. Sobre la pared del fondo puede verse la famosa Tabla Oval,
en la que está representada la entronización de Pakal. Del lado izquierdo se ve
a su madre, la Señora Zac Kuk, con un tocado de plumas, propio de los reyes de
Palenque. Pakal, sentado con las piernas cruzadas sobre un trono de jaguar
bicéfalo, lleva joyería ritual.
Zac Kuk destaca
como una de las pocas mujeres mayas que llegaron a reinar. La sociedad maya era
patriarcal y el trono pasaba de padre a hijo; cuando Pakal fue ungido por su
madre, se produjo una ruptura de la tradición y los enemigos políticos alegaron
que no tenía derecho a ser rey. En realidad, Pakal se pasó mucho tiempo de su
mandato justificando el derecho al trono y resultado de ello fueron los relieves
y las construcciones que proliferan en Palenque.
Otra peculiaridad
del Palacio es la torre de cuatro pisos que se levanta en la esquina suroeste.
La angosta escalera comienza en el segundo nivel y es muy cuadrada. Se cree que
Kan Xul, hermano de Chan Bahlum, fue el constructor de la torre, pero no está
muy claro su propósito. Pudo haber sido una atalaya de vigilancia, aunque
también un observatorio astronómico. Durante el solsticio del 21 de diciembre el
sol, al ponerse, se alinea desde la torre hasta el Templo de las Inscripciones,
donde está enterrado Pakal.
EL TEMPLO DE
LAS INSCRIPCIONES
Esta pirámide
tiene 22.8 m de altura y es el edificio más alto de Palenque. Se considera la
obra maestra de Pakal y rinde testimonio de la legalidad de su dinastía.
Espectacular muestra de ingeniería creadora, la pirámide está formada por ocho
terrazas, con una moldura que recorre la parte superior de cada terraza. Una
escalera conduce a la parte superior, donde hay cinco puertas separadas por
cuatro pilastras con decoraciones de estuco, semejantes a las del Palacio. Por
cualquiera de las puertas se penetra a una gran cámara abovedada, con tres
paneles que contienen la segunda inscripción jeroglífica más larga del Mundo
Maya. Consta de cuatro listas que asientan la estirpe dinástica de Pakal a lo
largo de diez generaciones.
El verdadero
secreto de la pirámide quedó al descubierto en 1952, cuando el arqueólogo
Alberto Ruz Lhuillier levantó la losa del piso interior. Bajo el cascajo
aparecieron unos peldaños de piedra que conducían al corazón de la pirámide,
donde había una tumba. A lo largo de la escalera hay un psicoducto, tubo
hueco en forma de serpiente que supuestamente hacía las veces de conducto al
inframundo. La tumba estaba cubierta por una losa de caliza labrada, con un peso
de cinco toneladas, y en el interior de la tumba descansaba el cuerpo de Pakal,
recubierto de joyería.
Hay miles de
otras sepulturas repartidas por todo Palenque. En el modesto Templo XIII, anexo
al de las Inscripciones, destaca una tumba real que se cree pertenece a la madre
o abuela de Pakal.
GRUPO DE LAS
CRUCES
Con la muerte de
Pakal ascendió al trono Chan Bahlum. Su primera responsabilidad fue concluir el
Templo de las Inscripciones. Renovó las pilastras exteriores, ahora con relieves
de él mismo, donde aparece elegido, todavía muy joven, como heredero legítimo.
No puede haber duda sobre su identificación: el niño está representado con seis
dedos en las manos y en los pies, deformidad que se le atribuye a Chan Bahlum.
Al tiempo que
concluía las Inscripciones, Chan Bahlum comenzó a trabajar en el Grupo de las
Cruces, frente al Palacio. Aquí puso en práctica la misma fórmula de Pakal: usar
los templos para glorificar su vinculación a los dioses, afianzando así su
derecho al trono. Tuvo la ingeniosidad de sacar provecho a los motivos
religiosos mayas, en particular la poderosa estructura triangular.
En efecto, los
edificios del grupo están distribuidos de tal forma que simulan un triángulo: el
más alto, el Templo de la Cruz, se encuentra al norte; el de talla media, el
Templo del Sol, está al oeste; y el más bajo, el Templo de la Cruz Foliada, se
localiza al este. Cada uno tiene tres puertas en la pared frontal, y su interior
está dividido en una antecámara con tres cámaras traseras.
Cada templo posee
una cámara central, o cella, con relieves donde se representa la transformación
de Chan Bahlum de heredero en monarca de Palenque. Y en cada relieve, Pakal
entrega a Chan Bahlum un objeto sagrado que simboliza sus deberes como nuevo
gobernante del reino palencano. Un edificio menor, el Templo XIV, situado al
lado del Templo del Sol, completa la plaza. Esta construcción tiene sólo un
panel principal, donde aparece la madre de Chan Bahlum entregándole el glifo de
un dios (identificado como el dios K), mientras el nuevo rey sale del Inframundo
danzando triunfalmente, luego de derrotar a los Señores de la Muerte.
Palenque cautiva
tanto por su arquitectura como por su historia. A través de los relieves en sus
edificios no sólo podemos reconocer los rostros y los nombres de quienes
estuvieron aquí antes que nosotros, sino que podemos enterarnos de cómo fueron
sus vidas y cuáles fueron sus principales obras. Esta conexión entre pasado y
presente vuelve a Palenque, sin lugar a dudas, la más íntima y personal de las
ciudades mayas.
El Templo del Sol
Está situado al lado oeste de la plaza, su entrada
queda al este. Su fachada con jeroglíficos y fragmentos de figuras humanas en
estuco da la impresión que se realizaron con fecha de serie inicial. Su
santuario ocupa el cuarto central de la crujía dos; sus tres tableros son de
piedras calcárea, con el escudo solar y un motivo central. Como en todos los
Templos de Palenque se encontraron relieves de estuco, figuras de barro,
partes de ollas e incensarios.
En el friso
principal hay un personaje sentado en forma oriental, teniendo detrás una
serpiente bicéfala, también en estuco así como la crestería.
El Templo de la Cruz
Está situado en el extremo norte de la plaza con el
frente al sur, éste ha sido el más destruido por el hombre a causa de sus
hallazgos como son: tres tumbas, en 1991 por Holmes; un
monolito conocido como La Muerta, encontrado por Blom, este monolito
representa a un hombre de pie sobre un jeroglífico, con fecha 9.13.0.0.0., 8
Ahua 8 Uo (18 de marzo de 692 d.C.); dos lápidas esculpidas con inscripciones en
las alfardas de la escalera, bastante deterioradas; varios cuartos sobre el
quinto cuerpo, así como 18 cilindros de barro que representan deidades.
El Templo no
cuenta con fachada por lo que se puede ver la pared central, ésta da acceso a
tres cuartos dos pequeños a los extremos y el central donde hay un santuario el
cual contaba con un tablero esculpido con un motivo cruciforme. También tiene un
profundo agujero hecho a causa del hallazgo de una olla funeraria así como cajas
con vasijas de barro con cuenta de jade y concha marina.
El Templo de la Cruz Foliada
Se construyó sobre el cerro llamado Cerro de
Miramar, su galería frontal ha caído así como parte de la crestería a causa
de un deslizamiento del basamento. El muro central y la galería interior no
tienen deterioro. El muro tiene tres puertas con acceso a tres cuartos como en
los templos de las Inscripciones, El Palacio,
del Sol. Su santuario conserva en su friso fragmentos de
estuco, también se conservan tres lápidas de piedra éstos forman el tablero de
la Cruz Foliada, el tema es una cruz con hojas de maíz.
En este
templo excavaron, por lo que se cubrió con tierra, se reforzó el techo
utilizando una viga de chicozapote, ya que su puerta estaba destruida. En dichas
excavaciones se encontraron en el piso cabezas de estuco, restos de esculturas,
pedazos de inscripciones y vasijas de barro, una caja de ofrendas, semejante a
las del Templo de la Cruz; en su basamento dos lápidas esculpidas con
inscripciones, un fragmento de yugo de piedra y cilindros de barro rojizo con
decoración modelada y policromada, que se denominan incensarios.
LA TUMBA DE
PAKAL**
Una de las piezas
más significativas de Palenque es la tumba del rey Pakal. Ésta fue descubierta
en 1952 por Alberto Ruz Lhuillier en el interior del Templo de las
Inscripciones. Pakal murió el 31 de agosto del 683 d.C., a los 80 años de edad.
Ascendió al trono en el 615, a los 12 años, y gobernó sesenta y ocho. Durante su
largo reinado convirtió a Palenque en la ciudad más importante de finales del
Clásico (250-900 d.C.). Ya mayor, sintiendo cercana la muerte, inició la
construcción de su templo funerario hacia el 675.
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Como la cripta es
más grande que la entrada a la misma, los especialistas consideran que fue
construida antes que se hiciera la pirámide. El cadáver de Pakal descansó en un
sarcófago de piedra caliza con silueta de cuerpo humano que fue sellado con una
lápida de 3.8 por 2.2 metros. Una vez completados los ritos funerarios y sellada
también la cámara, se colocaron cinco o seis víctimas sacrificiales en un
pequeño recinto delante de la puerta cubierta de yeso. La escalera que conduce
por el interior de la pirámide hasta la tumba, fue rellenada con cascajo y
ofrendas de jade, cerámica y conchas. También se colocó un respiradero de
piedra, o psicoducto, que sube por las escaleras hasta el piso superior del
templo. Según la investigadora Linda Schele, los mayas consideraban que el
psicoducto
permitía a una mitológica serpiente el paso desde la tumba hacia el mundo de los
vivos.
La escena
representada sobre la lápida que cubre el sarcófago representa el instante de la
muerte de Pakal y su caída al Inframundo. Todo el evento está enmarcado por una
franja celeste, con kin (día, sol) en la parte superior derecha o noreste y
akbaal (noche, oscuridad) en el extremo izquierdo o noroeste. El paso de Pakal
de la vida a la muerte es representado con el movimiento del sol de este a
oeste. El fondo de la escena está lleno de signos -conchas, abalorios de jade y
otros- que se encuentran sobre volutas de sangre.
En la parte
inferior se simbolizan las fauces abiertas del Inframundo. El esqueleto de dos
dragones, unidos por la mandíbula inferior, integran el recipiente en forma de U
que representa la entrada al mundo de los muertos. Sus labios se curvan hacia
adentro, como si estuvieran por cerrarse sobre el cuerpo en caída de Pakal. De
ahí arranca el Árbol del Mundo, centro del Universo. Un Pájaro Celestial,
símbolo del reino celeste, se halla sobre la copa del árbol.
El Árbol del
Mundo está marcado especialmente como una entidad sagrada: los signos te (árbol)
confirman que es una ceiba. Los signos nen (espejo) lo señalan como algo
brillante y poderoso. Una enorme figura del Dios C, símbolo de la sangre y lo
sagrado, está inserta en la base del tronco y unida al cuerpo de Pakal. Los
extremos de las ramas son los recipientes de la sangría del sacrificio; los
dragones de narices cuadradas que salen de aquéllos están rodeados de cilindros
y abalorios de jade, lo que los distingue como especialmente sagrados. Cubiertos
de joyas, estos dragones contrastan con los dragones esqueléticos que tienen
debajo. Los de arriba representan al Cielo, el más sagrado de los tres niveles
del cosmos maya; los otros al Inframundo, al que cae Pakal.
Las ramas del
Árbol del Mundo son recorridas por una serpiente bicéfala en barra, símbolo maya
de la realeza. El cuerpo está hecho de segmentos de jade, lo que de nuevo les da
especial valor. Las cabezas que hay a cada extremo de la barra corresponden,
rasgo por rasgo, a los de los dragones esqueléticos de las fauces del
Inframundo. De éstos salen, al oeste, el Dios K (oscuridad), y al este el Dios
Bufón (luz).
Mientras cae
por el Árbol del Mundo, Pakal se asienta sobre un monstruo solar. Éste aparece
en un estado de transición entre la vida y la muerte: es esquelético de la boca
para abajo, pero sus ojos tienen las pupilas dilatadas de los seres vivos. En la
vida real, el sol entra en ese estado de transición al amanecer y al ocaso.
Aquí, sin embargo, el emblema del monstruo solar contiene un cimi, o signo de la
muerte, lo que especifica que la imagen marca la muerte del sol o puesta del
sol. El astro, situado en el horizonte, está listo para zambullirse en el
Inframundo... y llevará consigo al rey difunto.
Pakal parece
tambalearse sobre la cabeza del monstruo solar en una posición irregular. Esta
extravagancia señala que también él está en transición de la vida a la muerte.
Se desprende de su taparrabo y de las pesadas cuentas de su collar (tiene una
parte delantera y otra dorsal), que flota escapándosele del cuerpo; va con las
rodillas flexionadas, las manos relajadas, el rostro bien compuesto: no cae
aterrado, porque espera vencer a la muerte. Un hueso prendido de su nariz
significa que incluso en la muerte lleva consigo la simiente del renacimiento.
En maya, los vocablos hueso y semilla grande son homófonos; así
pues, el hueso es la semilla de la resurrección de Pakal. Finalmente, Pakal cae
como deidad: su frente está penetrada por el cuchillo del dios K. El rey fue
dios durante su vida y es dios al caer en la muerte.
LA LÁPIDA DEL SARCÓFAGO DEL
REY PAKAL
El Nivel de los Cielos
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-1.
En la parte
superior de la lápida nivel de los cielos, o el mundo de una criatura en forma
de pájaro una cruz central. Según apuntan estudiosos, el ave es en parte
serpiente parte pájaro, con lo que representa intermedio entre los cielos y la
de su cabeza y cola hay dos representaciones del dios sol. |
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-2.
La cruz es en
realidad una ceiba, sagrado de los mayas, y se le considera doblemente sagrado
cuando brota entrada de una cueva. En la lápida, es la ceiba y la tumba, la
caverna, vez significa la entrada al inframundo. |
El Mundo de los Vivos
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-3.
La ceiba
gigante tiene una serpiente dos cabezas que enreda su cuerpo las ramas. Estos
elementos pertenecen al mundo de los vivos, o mundo. |
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-4.
De las fauces
de la serpiente salen dos dioses del mundo medio: el Llamarada, del lado
izquierdo, dios Bufón, del lado derecho. |
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-5.
El rey Pakal
aparece esculpido su descenso al inframundo, camino que siguen todos los que
pasan el mundo de los vivos. Para los mayas el inframundo era, en muchos
aspectos, más importante que el mundo de los vivos. |
El Inframundo
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-6.
El signo de
cuatro partes sobre cual está sentado el rey simboliza su condición real. Este
elemento es el sombrero en la cabeza del gran monstruo que se encuentra
en la base de la lápida. Esta criatura es el dios sol del inframundo; su
sombrero (muy hundido, a la altura de los ojos) muestra el signo Kin del
sol, que es una flor de cuatro pétalos. La nariz del monstruo es la imagen de la
del mono araña, que es el Ahau o dios solar. Las quijadas del monstruo son
huesos descarnados. |
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-7.
El marco que
sostiene la figura de Pakal, como si estuviera en las
fauces, son las quijadas superiores de dos serpientes descarnadas. En el centro
de éstas, desciende el rey al inframundo. |
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