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Cuando el corazón lleno de Amor se calma por el Conocimiento en un éxtasis
tranquilo pero sólido, cuando las fuertes manos del Poder trabajan por un
mundo jubiloso y radiante, cuando el cerebro luminoso del Conocimiento
transforma las inspiraciones oscuras del corazón plegándolas a una Voluntad
superior, entonces ahí está la condición necesaria para que la humanidad
trascienda integralmente. Ésta y solamente ésta, es la
forma divina de la Superhumanidad y no la cultura arrogante, fuerte y
deslumbrantemente egoísta del Poder que se corona sobre una humanidad
esclavizada.
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La
idea del prototipo de un Súperhombre ha obtenido recientemente mucha atención,
y ha creado muchas discusiones, algunas de las cuales, no con muy buenos
resultados y con una gran cantidad de difamación y confusión. El promedio de la humanidad está
propensa a resentirse por eso, porque a los hombres se les ha informado o
tienen el presentimiento de que ese prototipo es la
demanda de unos cuantos para ascender a las
alturas, de las cuales los muchos no son capaces, y concentrar privilegios
morales y espirituales, disfrutando de
una dominación y unos poderes e inmunidades dañinos
para
la dignidad y libertad de la
humanidad.
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- Así que,
consideran, que el superhombre no es nada más importante que la glorificación
de un raro y solitario ego que le ha ganado a los otros, en la fuerza de
nuestras cualidades humanas comunes. Pero este significado del superhombre, es
una parodia intolerante y mezquina. El evangelio de la verdadera humanidad nos
presenta a ese superhombre como un ideal magnánimo, misericordioso y noble
para la raza humana en desarrollo, y ese significado no debe ser confundido o
cambiado por la demanda arrogante de una clase
privilegiada y elitista o de algunos individuos.
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- Al hombre
se le ha requerido a hacer lo que ninguna especie ha hecho todavía o ha
aspirado hacer en la historia de la tierra, evolucionar conscientemente
en su especie hacia el próximo
nivel superior, el superhombre,
por el desarrollo cíclico o gradual del mundo -idea y aspiraciones fructíferas
de la Naturaleza. Y cuando lo
imagina y comprende, no cabe duda que la
idea llega a ser la semilla más potente que puede ser sembrada o tirada en la
tierra de nuestro crecimiento humano.
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- Nietzsche
fue el primero que la tiró, el místico del culto de la Voluntad, el
controvertido, el profundo, el
casi luminoso Eslavo Helénico (el término Helénico implica un amor pagano y
sin restricciones en contraste con los Judaísmo que implica una austeridad
moralista, una manera de vivir menos sensual de la vida) con sus claridades
extrañas, sus ideas violentas, sus raras intuiciones centelleantes que venían
marcadas con el sello de una absoluta verdad y soberanía de la luz. Pero
Nietzsche fue un apóstol que nunca entendió enteramente su propio mensaje.
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- Su estilo
profético era como el de los oráculos de Delfos, que convertían la verdad en
mentira para satisfacer a sus oyentes y creyentes. Pero no siempre fue así,
definitivamente; algunas veces se levantó sobre su temperamento personal y su
mente individual, su herencia europea,
su rebelión contra la idea de Cristo, en contra de los valores morales de
su momento, y predicó la
Palabra como él la había escuchado, la Verdad como él la había visto, simple,
luminosa, impersonal y por lo tanto imperecedera y sin mancha.
En gran parte, este mensaje que
había llenado su oído
interno vibrando desde la distancia infinita como la tonada salida de la lira
de los Dioses lejanos, lo obtuvo en su esfuerzo para apropiarse y tenerlo
cerca de él, mezclándolo con algo turbulento surgido de ideas colaterales que
ahogaron las puras notas originales.
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Especialmente en su concepto del Súperhombre el nunca aclaró
la mente de su confusión
preliminar. Porque si esa clase de humano divino es la meta por la cual la
raza debe avanzar, la primera dificultad que nosotros tenemos, es decidir cual
de los dos diferentes tipos de divinidad es la idea a la cual debemos ser
leales. Porque la deidad en nosotros puede confrontarnos con el claro,
jubiloso y radiante aspecto de Dios o con la severa y convulsiva visión de un
Titán, propio de un dios menor.
Nietzsche cantó al Olimpo pero lo presento con el aspecto de Asura. Su
preocupación por la idea de
un Cristo crucificado
fueron quizás responsables de
esta distorsión tanto como su sujeción a las ideas imperfectas de los griegos.
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- Él nos
presento un superhombre que fiera y arrogantemente repele la carga de la
tristeza y el servicio, no el que se levanta victorioso sobre la mortalidad y
los sufrimientos y asciende vibrante con el himno de triunfo de una humanidad
liberada. Perder el vínculo
de la evolución moral de la Naturaleza es una falta capital en el apostolado
de la superhumanidad; porque solamente en
la línea de la evolución puede en el capullo de la humanidad,
por tanto tiempo puesta a prueba, emerger, madurar y purificarse a través del
fuego del sufrimiento egoísta y altruista.
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- Dios y
Titán, Deva y Asura, son en verdad parientes cercanos con sus diferencias; la
evolución no podía haber prescindido de ninguno de ellos. No obstante, ellos
residían en polos opuestos de una existencia y naturaleza común. Uno descendió
de la luz y del infinito, satisfecho con el juego; el otro, ascendió de la
oscuridad e indefinido,
encolerizado por la contienda. Toda la fuerza mayor de Dios se deriva de lo
universal y se inclina hacia lo universal. El nació de la armonía victoriosa.
Sus cualidades se unen como las manos puras y bondadosas enlazándose ellas
mismas naturalmente y con delicia del Krishna divino dominando y sosteniendo
juntos todos los anillos de la serpiente Kaliya en el pastoral ingenuo de
Brindavan.
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Evolucionar en el sentido Divino, es crecer en la intuición, en la luz, en el
goce, en el amor, en la maestría feliz; servir por la ley y por el servicio;
ser capaz de valentía y
raudo sin herir ni abusar,
suave y gentil e inclusive indulgente con
uno mismo sin ser laxo o flojo, inmoral o débil; ser uno mismo una unidad
completa, brillante y feliz por simpatía con la humanidad y todas su
criaturas. Al final, eso es
evolucionar hacia una gran
totalidad impersonal y
elevar el amor
a una experiencia constante de la
unidad del mundo. Porque así son los Dioses, conscientes siempre de su
universalidad y por ello
divinos.
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Ciertamente, el poder está incluido. Ser
divino, en el hombre, es
regirse a sí mismo y regir al mundo, pero no en un sentido externo. Esta es
la ley que depende de la
afinidad secreta de la unidad que conoce la ley del otro ser y del ser del
mundo y lo compele a realizar sus grandes posibilidades propias, pero por un
mandato divino y esencialmente interno. Esto es, tomar todas las cualidades,
energías, goces, tristezas, pensamientos, conocimiento y las metas del mundo
alrededor de nosotros, en nosotros mismos, y devolverlas enriquecidas y
trasmutadas en servicio y
aprovechamiento divino.
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- Tal
imperio no necesita una vulgar y ostentosa jaula de oro. Los dioses trabajan
frecuentemente velados por la luz o a través del impulso de la tormenta; ellos
no desdeñan vivir entre los hombres en el aspecto de un pastor o un artesano;
ellos no retroceden ante la
cruz y la corona de espina,
ni de su evolución interna o de su visible y superficial fortuna. Porque ellos
saben que el ego debe ser atenuado,
pero cómo consentirán
los hombres esto, si Dios
no les enseña el camino? Tomar todo lo que es esencial en el ser humano y
elevarlo a su
expresión más absoluto, de manera
que llegue a ser un elemento de luz, goce y poder para uno mismo y para los
demás, eso es la divinidad.
Esto también será la
voluntad del superhombre.
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Pero el Titán no tiene nada de esto,
es demasiado grande y sutil
para su entendimiento. Sus instintos claman por lo visible
y ostentoso, por una maestría tangible y una
dominación sensacional. Cómo se sentirá seguro de su
poder a menos que pueda sentir algo desvalido a
sus pies -y si está agonizante, todavía mucho mejor. ¿Qué aprovechamiento
hay para él, a menos que
se disminuya al explotado?
Ser capaz de coaccionar o forzar, exigir, imponer, matar, abiertamente,
públicamente e irresistiblemente -eso es lo que le
confiere un sentido de gloria y dominio. Porque él
es el hijo de la división y del
gran florecimiento del Ego.
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Sentir la limitación comparativa de los demás
es necesario para que pueda
imaginarse inconmensurablemente superior,
porque no tiene sentido de la existencia real de lo
infinito que ninguna circunstancia exterior pueda invalidar. Contraste,
división, negación de la voluntad y la vida de otros son esenciales para su
propio desarrollo y afirmación. El Titán unificará devorando, no armonizando;
el debe conquistar, pisotear y atropellar sacando fuera de su existencia lo
que no es él mismo, o subordinar de manera que su propia imagen se alce sobre
todas las demás cosas con
su impronta de dominio.
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- En la
Naturaleza, dado que todo comenzó de la división y el egoísmo, el Titán tiene
que venir primero; él está aquí en nosotros como el dios más antiguo, el
primer gobernante del cielo y de
la tierra del hombre. Después
llega Dios liberando y armonizando. Aunque la leyenda nos dice que Deva y
Asura trabajaron juntos para agitar el océano de la vida llevando a cabo el
plan supremo de la inmortalidad, una vez que la inmortalidad fue ganada,
Vishnu la guardó para Dios y así engañó
al trabajador más violento
y fiero.
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- Y esto
parece injusto; porque Asura tiene la porción de la carga más pesada y menos
agradable. El es el que comienza la tarea y la dirige; él va en su camino
macheteando, dando forma y plantando, mientras que
después Dios continua
enmendando, concluyendo, cosechando. Él Titán
prepara fieramente, con angustia y en contra de miles de
obstáculos, la fuerza que nosotros usaremos: el otro disfruta de la victoria y
de la delicia. Y por lo tanto, para el gran Dios Shiva, el tormentoso y
desdorado Titán le es muy importante y querido -Shiva
tomó por el mismo el fiero, oscuro y agrio veneno que limpió el mar de la vida
y dejó el néctar para los otros. Pero la elección que Shiva hizo con sabiduría
y amor, los Titanes la hacen desde la oscuridad y la pasión
-deseoso realmente de algo muy diferente
fraudulento por su egoísmo tormentoso. Por ello,
Vishnu nos dice que, a
menos que el orgulloso y acérrimo Asura se divinice, el reino y la
inmortalidad serán para el Dios divino.
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- Pero, qué
es la Superhumanidad sino lo
absoluto divino y armonioso de todo lo que es esencial en el hombre.
El está hecho a la imagen y semejanza de Dios, pero hay una diferencia entre
la Realidad divina y su manifestación humana.
Y es que todas las cosas
que son del Uno son
ilimitadas, espontáneas, absolutas, armoniosas, y sólo
cuando son poseídas por el
Ego y, por tanto disgregadas, llegan a ser
limitadas, relativas, trabajosas, discordantes, deformes, obtenidas por las
luchas, guardadas para subordinarlas a la posesión de un individuo o grupo,
perdidas por la transitoriedad e inseguridad que trae el no saber usarlas.
Pero en esta constante imperfección hay siempre una ilusión y una aspiración
hacia la perfección.
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- El
hombre, limitado suspira por el infinito; lo relativo es atraído en todas las
cosas hacia su absoluto; lo artificial hacia lo natural, se impulsa con una
tranquilidad superior, un conocimiento y una naturalidad que debe por siempre
serle negada a sus fuerzas
inconscientes.
Lleno de discordias, insiste en la
armonía; poseído por la Naturaleza y para su esclavitud está convencido que su
misión es poseerla y dominarla. Lo que el aspira, es la señal de lo que él
puede ser. Tiene que pasar
por la transmutación del
metal terráqueo que ahora es,
y fuera de la humanidad defectuosa,
hacia un símbolo superior. Porque el Hombre es el término de transición más
grande de la Naturaleza, en
la que ella crece
consciente de su meta.
En él,
la Naturaleza mira
a través de los ojos de
la bestia su ideal divino.
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- Pero Dios
es complejo, El no es simple; y la tentación del intelecto humano es escoger
el camino más corto y fácil hacia la naturaleza divina profesando
exclusivamente uno de sus principios.
Conocimiento, Amor o, lo
que es lo mismo, su palabra
secreta: Delicia, Poder y
Unidad son algunos de los nombres de Dios. Pero aunque ellos son todos
divinos, seguir cualquiera de ellos exclusivamente es
afirmar, después de que la primera energía y
fuerza se termina, su negación y nuestra
partida.
Lo contrario es un error
que cometemos continuamente. ¿Es acaso
el Amor el templo en el que
nos regocijamos? Si es así,
debemos entonces cerrar el portón al Poder.
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- Como los
niños del mundo, que por su falta de conocimiento prefieren los placeres
materiales que les apartan
del fervor de su corazón, del
Conocimiento que los llevaría a la comprensión,
hacemos un ídolo del Poder, y
somos capaces de quemar todo lo
demás a través del melancólico
fuego de Moloch, expulsando al
Amor con desprecio como una
nodriza incompetente o un lacayo que
desempeñara
un cargo en la nobleza. O cultivamos el Conocimiento con un severo alejamiento
emocional y una
austeridad egoísta,
encontrando al final un
corazón embotado, muerto o
marchitado -parados
mientras los truenos de Rudra
devastan el mundo que hemos organizado tan bien con nuestra mente clara,
victoriosa y eficiente. O corremos detrás de un vago y mecánico cero, de la
nada, a la que la llamamos
unidad, sin darnos cuenta que
hemos esterilizado nuestras raíces y secado el pozo de nuestra vida interior,
para descubrir
que hemos alcanzado la muerte y no la gran
existencia. Y todo esto pasa porque no reconoceremos la complejidad del enigma
que debemos de resolver aquí. Es un enigma grandioso y divino, pero no es
ningún nudo Gordiano ni su audaz
Autor, un rey muerto que nos haría sufrir por mofarnos de su intención
cortando nuestra voluntad con la impaciencia fiera de un
agonizante conquistador moral.
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- Ninguna
de estas contradicciones es más constante que la del Poder y la del Amor.
También ninguna de estas deidades puede ser seguramente descuidada. ¿Qué puede
ser más divino que el Amor? Pero adorado y respetado exclusivamente es
impotente para resolver las discordias del mundo. El Avatar adorado del Amor y
el santo tierno de todos los santos dejan detrás de ellos un ejemplo divino
pero imposible de seguir, una memoria luminosa e imperecedera pero ineficaz.
Ellos han añadido un elemento a las potencialidades del corazón, pero la raza
no lo puede utilizar eficazmente para la vida, porque no ha sido armonizado
con el resto de las cualidades que son esenciales para nuestra perfección.
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¿Podríamos por lo tanto, cambiar de dirección y darnos al Poder con su acción
y manos de hierro y su duro y claro intelecto práctico? Los hombres de poder
pueden decir que ellos han hecho un trabajo más tangible por su raza que las
almas de Amor, pero es una ventaja vana. Porque ellos ni siquiera han tratado
de elevarnos sobre nuestra
humanidad imperfecta. Ellos han erigido una forma temporal o han dado un
ímpetu secular. Su imperio
ha sido creado una era,
pero el nivel de la humanidad
no ha sido elevado
ni un palmo del nivel de un
Cesar o de un Napoleón.
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- El
Amor falló porque impacientemente
repelió las discordias materiales del mundo en un éxtasis
individual o no colectivo; y el Poder, porque
tan solo busca organizar y arreglar lo exterior
con un absoluto abandono de si-mismo. Las
discordias del mundo tienen que ser entendidas, aprovechadas y trasmutadas. El
Amor debe llamar al Poder y al Conocimiento en el templo y sentarlos
a su lado en una igualdad
unificada, en la Unidad; el Poder debe inclinarse ante el yugo de la Luz y el
Amor, antes de que realmente pueda hacer algo por su
raza o estirpe.