01. |
En
interpretación de los Transhumanistas, la biotecnología
nos hará más fuertes, inteligentes y longevos, y menos inclinados a la
violencia.
Tanto en los
planteamientos iniciales de Asimov o de Julian Huxley,
que le da nombre en 1957, como en la reciente tipología de Pentti Malaska
y Paul Wildman, que clasifican las
futuribles especies híbridas que saldrán de todo esto, se trasluce una ingenua
presunción sobre la culminación de la condición humana y de su evolución como
especie.
Loable al fin y al cabo en cuanto a
las mejoras médicas o científicas que se puedan derivar, pero en
definitiva no más que de lo mismo. Y por tanto insuficiente, dado que no lleva
parejo una respuesta del salto evolutivo hacia una humanidad mejor -en términos,
en este caso, éticos, morales o espirituales.
Según los
transhumanistas, los seres humanos deberán
sustraer su destino biológico del
ciego proceso evolutivo, para pasar a la siguiente fase
como especie. En su interpretación, la biotecnología
nos hará más fuertes, más listos y longevos, y menos
inclinados a la violencia.
Tanto en los planteamientos iniciales de Asimov, que exponía en 1950 el
cyberdecálogo de la robótica en Yo, Robot, como en la denominación que
del movimiento hacia poco después Julian Huxley... hasta
la nueva tipología de Pentti Malaska y Paul Wildman, en relación a la
clasificación de las futuribles especies híbridas que saldrán de todo esto, se
rezuma una ingenua presunción sobre la culminación de la condición humana y de
su evolución como especie.
El debate está servido... prótesis biotecnológicas para
mejorar las condiciones psicobiológicas del hombre. Una evolución ingenua y
desangelada, sin alma, dado que deja desatendida una vez más los aspectos
relativos al propósito del Hombre y de la Vida. Más calidad de vida, nos dicen,
en cuanto a la prevención y extinción de la enfermedad, o en relación a nuestras
limitaciones psicomotoras, e incluso mayor longevidad... loable al fin y al
cabo, pero en definitiva no más que de lo mismo. Por tanto insuficiente, dado
que no lleva parejo una respuesta del salto evolutivo hacia una humanidad mejor
-en términos, en este caso, éticos, morales o espirituales.
Tras una descripción del planteamiento Transhumanista, lo
acompañamos de posturas encontradas -la de dos notables transhumanistas
españoles, así como la replica de Fukuyama- con el objeto de informarnos sobre algo
cuya viabilidad es ya inmediata. Posturas ambas que, sin embargo, considero no dan con la clave de la
cuestión antes mencionada.
LA ESPECIE HUMANA, EL COMIENZO DE LA
EVOLUCIÓN (*)
La tecnología nos permitirá pronto resideñarnos a nosotros mismos y el
transhumanismo es la primera cultura de este cambio.
Nuestra especie no cambiará en el futuro por una lenta evolución
biológica, sino por una nueva, rápida y directa evolución tecnológica que
nos permitirá rediseñarnos a nosotros mismos en muchos sentidos. Esta
aproximación futurista es conocida como transhumanismo y se basa en la
premisa de que la especie humana no representa el fin de la evolución, sino el
comienzo. La humanidad ya está empezando a conocer las implicaciones de esta
evolución tecnológica, particularmente aquellas en el área de la moral. Es el
camino hacia el demiurgo racional permanente en el espacio y el tiempo.
La cultura popular está familiarizada con una
nueva terminología: ingeniería genética, cyborgs, inteligencia artificial,
singularidad, posthumanismo. El término
posthumano parece estar ganando más y más importancia año tras
año, especialmente en los medios y círculos académicos, y entre la tecnointelectualidad.
Futuristas como
Alvin Toffer sugieren
que el mundo se mueve rápidamente hacia una cuarta ola en la cual los seres humanos van a devenir ellos mismos en
posthumanos, gracias a los numerosos y simultáneos avances tecnológicos. Tal
cambio ha sido descrito por algunos expertos como análogo al cambio
experimentado en la evolución de los simios a humanos.
Sin embargo, ya que los futuristas hacen estos grandes pronósticos, -y
nosotros utilizamos el término posthumano con toda normalidad- ¿sabemos
realmente lo que le espera al
Homo Sapiens.
Sencillamente, ¿cómo nos vamos a mejorar a nosotros mismos? ¿Qué queremos
decir cuando nos referimos a la condición física de lo posthumano? ¿Cuál
exactamente es el gran potencial para la vida inteligente? ¿A qué se parece
la inteligencia avanzada?
Organismos posthumanos
Ya que estamos empezando a estar en la onda del rediseño humano, el destino
es todavía muy desconocido. Pero a pesar de todas las preguntas no
contestadas, tenemos unas cuantas pistas que nos pueden ayudar a especular
sobre lo que realmente queremos decir por organismo posthumano
-incluso
siendo conscientes de que, con toda posibilidad, no nos espera un solo tipo
de posthumano, sino varios.
Vamos a reinventar nuestras constituciones biológicas e introducir silicio,
acero y microchips dentro de nosotros. Algunos quizás escojan residir como
patrones de onda conscientes, mientras otros se convertirán a sí mismos en
robots perdurables y lanzarse al espacio. Simultáneamente, crearemos formas
de vida completamente nuevas, incluyendo la
inteligencia artificial, incluso quizás una conciencia global.
El monopolio de la Humanidad como la única forma de vida consciente en el
planeta pronto llegará a su fin, reemplazado por un gran número de
reencarnaciones posthumanas. Además, la forma en la que nos rediseñemos a
nosotros mismos podría cambiar fundamentalmente las formas en las que
nuestra sociedad funciona, y plantear una cuestión crucial sobre nuestra
identidad y moralidad como seres humanos.
Tecnologías y posibilidades
Los nuevos desarrollos en la ciencia y la tecnología ocurren tan
rápidamente, que algunos podríamos empezar a soterrar nuestras capacidades
de adaptación al cambio. Los ordenadores personales no existían hace 30
años, los teléfonos móviles no existían hace 20 años y la
World Wide Web no existía hace 10 años.
En las ciencias biológicas, se han conseguido logros similares desde el
descubrimiento de la estructura del
ADN en 1953, incluyendo nuevos medicamentos, bioingeniería y
técnicas de clonación.
Adicionalmente, en 2002, una criatura viviente -el polio virus- se ensambló
pieza por pieza con varios elementos bioquímicos por científicos de la
Universidad de New York. Hemos construido vida en el laboratorio.
Con el descubrimiento del genoma humano, la clonación y la creación de vida
en un laboratorio, tareas ya tachadas en las listas de deberes de los
biólogos, estamos empezando a ponderar las posibilidades futuras. Hoy, cosas
como la nanotecnología y la
criogenización parecen más plausibles que nunca.
Cambio acelerado
El cambio es no sólo muy rápido, sino que se está acelerando. Algunos
expertos como
Ray Kurzweil especulan sobre una venidera
singularidad, en la cual la inteligencia artificial y las formas
de vida artificiales darán alcance a la vida inteligente y la vida humana.
La lenta evolución biológica parece acercarse rápidamente a su fin: nuestras
especies van a continuar cambiando, no mediante una lenta evolución
biológica, sino mediante una nueva, rápida y dirigida evolución tecnológica.
En la actualidad muchas fronteras ya son confusas. Las fronteras entre el
nacimiento y la muerte, entre lo virtual y lo real, entre la moralidad y la
inmoralidad, entre lo verdadero y lo falso, entre mundos interiores y mundos
exteriores, entre el yo y el no yo, entre la vida y la no vida, incluso
entre lo natural y lo no natural. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la no vida?
¿Qué es la vida natural? ¿Qué es la vida no natural? ¿Qué es la vida
artificial?
Estas son cuestiones profundas para el nuevo y profundo mundo del
transhumanismo y consiguiente posthumanismo. Las respuestas son
complicadas. Y quizá sean más difíciles para nosotros comprenderlas que para
los monos, o incluso las hormigas, comprender nuestros problemas actuales.
De transhumano a posthumano
Tal y como ha emergido la posibilidad para el rediseño de la consciencia
humana, también lo ha hecho un movimiento filosófico que considera las
implicaciones. Esta aproximación al pensamiento orientado al futuro,
conocido como transhumanismo, se basa en la premisa de que la especie humana
no representa el fin de la evolución, sino el comienzo.
Los que apoyan este movimiento creen que lo que se requiere para gestionar
el proceso es una aproximación interdisciplinaria para ayudarnos en el
entendimiento y en la evaluación de las posibilidades para vencer las
limitaciones a través del progreso científico.
Por último, los transhumanistas esperan ver oportunidades tecnológicas
puestas al servicio de las personas, a fin de que vivan más tiempo, con una
mejor salud, y mejorar sus capacidades intelectuales, físicas y emocionales.
El transhumanismo enfatiza que tenemos el potencial no de ser, sino de
llegar a ser. No sólo podemos utilizar los medios racionales para mejorar
la condición humana y el mundo exterior, sino también podemos usarlos para
mejorarnos a nosotros mismos, particularmente el organismo humano. Y no
estamos limitados sólo a los métodos, como la educación, la cual el
humanismo
(su predecesor filosófico) expone normalmente.
Nueva etapa humana
También el transhumanismo discute la disponibilidad de los medios que
eventualmente nos permitirán ir más allá de lo que más nos describe como
humanos.
Los transhumanistas creen que, a través la acelerada marcha del desarrollo
tecnológico y el entendimiento científico, estamos registrando toda una
etapa en la historia humana.
Los avances en inteligencia artificial,
robótica, bioingeniería, clonación, criogenización, nanotecnología, nuevas energías,
codificación del pensamiento, bebés de diseño,
cyborgs, química molecular, exploración espacial,
inmortalidad y realidad virtual, nos van a conducir a un
sustancial crecimiento físico y mental, posiblemente para converger a un
punto de singularidad.
El histórico deseo humano de trascender las limitaciones corporales y
mentales está profundamente entrelazado con la fascinación humana sobre el
nuevo conocimiento, el cual es tan inspirador como aterrador.
La forma en que estas tecnologías sean utilizadas podría cambiar
profundamente el carácter de nuestra sociedad, e irrevocablemente alterar
las definiciones de nosotros mismos, y cómo hemos determinado nuestro lugar
en el gran esquema de las cosas.
Especies emergentes
Si creemos que la evolución biológica ha alcanzado un limite, ¿qué es lo que
vendrá luego? El ingeniero finlandés Pentti Malaska intentó contestar esta
pregunta en 1997 durante un discurso en Brisbane, Australia, cuando era
presidente de la
Federación Mundial de Estudios sobre el Futuro. Malaska especula
sobre varias generaciones de no humanos biodiseñados en la cadena de
producción de la evolución.
Específicamente, describe el surgimiento de lo que él llama Bio-orgs,
cyborgs, Silorgs, Symborgs y Cerebro Global. Los bio-orgs, particularmente
el Homo Sapiens, son bioorganismos codificados proteínicamente, cuya
infraestructura terrenal es su circunstancia natural.
Los cyborgs, abreviación de organismos cibernéticos, son híbridos
biológicos y mecánicos que además de los entornos tradicionales, utilizan el
espacio cercano.
Los organismos de silicio también están surgiendo, conocidos como Silorgs.
Estas especies, reivindica Malaska, serán humanamente no humanos, adaptados
mediante un ADN artificial sobre compuestos de silicio con amoníaco como
disolvente, y diseñados básicamente para vivir en el espacio exterior.
Gran padre Internet
Los symborgs u organismos simbólicos, serán
conscientes, auto-reflexivos y
auto-reproductivos, programas vivientes que habitarán en
Internet como su infraestructura natural, y utilizando interfaces
avanzados para la comunicación con otras especies. También conocidos como
reencarnados, estos organismos residirán probablemente en superordenadores
como conciencias instaladas.
Finalmente, teorizaba Malaska, estará el Gran Padre Internet
-una mente
global con una inteligencia y sabiduría superiores. Tal intelecto podría ser
perfectamente un Cerebro Cuántico Global.
El economista australiano Paul Wildman, también un activo miembro del WFSF y
del Proyecto del Milenio (de la Junta Americana para la Universidad de las
Naciones Unidas), habla de las formas de vida alternas.
Wildman usa el concepto borg en su sentido histórico y genérico para
identificar un organismo biónico, y define cinco borgs terrenales: Orgoborgs,
Geborgs, Cyborg, Symborgs y Tecnoborgs.
Ya están aquí
Wildman describe a los Orgoborgs como formas de vida orgánica, incluyendo
Humborgs (humanos) y nuevos e híbridos Brioborgs biodiseñados. Geborgs son
organismos manipulados genéticamente, mientras los Cyborgs, Siliborgs, y
Symborgs son esencialmente como los describe Malaska. Wildman también
describe al Tecnoborg, una forma de vida con un esqueleto externo, como un
insecto.
Según Wildman, algunas de estas nuevas formas de vida ya existen en un
sentido técnico, ya que el 12% de la población actual de EEUU podrían ser
considerados cyborgs que utilizan marcapasos electrónicos, prótesis
artificiales, lentes de córnea implantadas, y piel artificial.
Todas las formas de vida son creaciones nuestras y poblarán nuestro mundo y
rehaciéndonos genética y mecánicamente, y con ello, cambiando nuestra
consciencia para siempre.
Implicaciones morales
Ya que la Humanidad se expresará indudablemente en un gran número de
encarnaciones diferentes, esto traerá subsecuentemente el nacimiento de toda
una nueva forma de vida: Inteligencia artificial.
El futuro estará habitado por diferentes formas de vida inteligente, y la
humanidad está empezando a conocer las implicaciones, particularmente
aquellas en el área de la moral.
La palabra robot fue creada en 1921 por el dramaturgo checo
Karel Capek en su
libro RUR2 (Rossum's Universal Robots). Fue
inmortalizada en 1950 por
Isaac Asimov en su
libro Yo, Robot.
Tres leyes robóticas
En todos los aspectos de su ficción, Asimov estableció la integración de los
robots en la sociedad. Desarrolló las famosas Tres Leyes de la Robótica:
|
1. Un robot nunca herirá a un ser humano, o, pasivamente, permitirá que un
ser humano sufra daño. |
|
2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto
cuando dichas órdenes estén en conflicto con la Primera Ley. |
|
3. Un robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando dicha
protección no esté en conflicto con la Primera y Segunda Ley. |
Asimov mejoró su sistema y extrapoló la
Ley Zero: Un robot no debe herir a
la humanidad, o pasivamente, permitir que la humanidad sufra daño. También
modificó las otras Tres Leyes consecuentemente.
Derechos de los robots
Por otro lado, los futuristas Phil McNall y el pakistaní Sohail Inayatullah
escribieron Los derechos de los robots en 1987, y la feminista
Donna Haraway publicó
Un Manifiesto Cyborg en 1984. Ambos son
documentos importantes que defienden los derechos de robots y cyborgs.
El experto en robótica
Han Moravec firmó dos
libros que trataban del surgimiento de los robots, y de las resultantes
implicaciones en el futuro, Mind Children en 1988 y Robot en 1999. Moravec argumenta que los robots serán nuestros
descendientes con derechos, y explica varias maneras de "cargar" una mente
en un robot.
Similarmente,
Marvin Minsky, uno de
los padres de la inteligencia artificial en el MIT, escribió su famoso artículo
¿Heredarán los robots la Tierra? en
1994, en Scientific American. Aquí, concluye: Sí, pero ellos serán
nuestros hijos.
Como estos autores y pensadores sugieren, necesitamos comenzar a prepararnos
para la venidera realidad de los robots y de la inteligencia artificial.
Para suavizar la transición a la condición posthumana, debemos prepararnos a
nosotros mismos para la posibilidad de que la Tierra sea heredada no por
una, sino varias formas de vida altamente inteligente y consciente.
Un buen comienzo
El cuerpo humano es un buen comienzo, pero podemos mejorar su calidad, y
trascenderlo.
La evolución a través de la
selección natural puede que esté acabando, pero la evolución
tecnológica no ha hecho más que empezar, acelerándose considerablemente muy
recientemente.
La tecnología, que empezó a mostrar dominio sobre los procesos biológicos
por primera vez hace 100.000 años, está finalmente dando alcance a la
biología como la ciencia de la vida.
Semilla humana
Tal y como el teórico en lógica
Bart Kosko ha dicho:
La Biología no es el destino. Nunca ha sido más que una tendencia. Ha sido
solamente una primera rápida y sucia forma en que la naturaleza ha computado con
carne. Los chips son el destino.
Y los fotoqubits probablemente vengan pronto después de los chips de silicio
standard, pero incluso ellos son simplemente un medio para la eternidad de
la vida inteligente en el Universo.
En el camino hacia el
demiurgo racional permanente en el espacio y el tiempo, es vital
estar al tanto de que más importante que crear es no destruir. Tal y como el
escritor norteamericano David Zindell ha escrito: ¿Qué es un ser humano,
entonces? Una semilla. ¿Una semilla? Una bellota que no tiene miedo de
autodestruirse a sí mismo creciendo en un árbol.
EL TRANSHUMANISMO (**)
Desde hace varias décadas, en el mundo desarrollado ha ido creciendo un
extraño movimiento de liberación. Sus seguidores apuntan mucho más alto que los
activistas de los derechos civiles, de las mujeres o de los homosexuales. Lo que
quieren es nada más y nada menos que liberar a la raza humana de sus
limitaciones biológicas. Según los transhumanistas, los seres humanos deben
arrebatar su destino biológico al ciego proceso evolutivo de la variación
aleatoria y la adaptación, para pasar a la siguiente fase como especie.
Es tentador descartar a los transhumanistas como si fueran una especie de
movimiento extraño, un poco de cienciaficción tomada demasiado en serio; no hay más
que ver sus extravagantes webs y sus recientes comunicados de prensa
-los
pensadores cyborg estudiarán el futuro de la humanidad, proclama uno
de ellos. Los planes de varios transhumanistas de hacerse congelar con la
esperanza de que les revivan en el futuro no parece sino confirmar el sitio que
ocupa el movimiento en la periferia intelectual.
Pero ¿es que el principio fundamental del transhumanismo
-que un día podremos usar la biotecnología para ser más fuertes, más listos y
longevos, y menos inclinados a la violencia- es tan descabellado? En gran parte
de las prioridades de investigación de la biomedicina contemporánea hay cierto
transhumanismo. Los nuevos procedimientos y tecnologías surgidos de
laboratorios y hospitales -fármacos que alteran el estado de ánimo, sustancias
para aumentar la masa muscular o borrar la memoria de forma selectiva,
diagnóstico genético prenatal o terapia genética- se pueden emplear tanto para
aliviar o mejorar las enfermedades como para mejorar la especie. Aunque los
rápidos avances en biotecnología, muchas veces, nos dejan vagamente incómodos,
la amenaza intelectual o moral que representan no es siempre fácil de
identificar.
Al fin y al cabo, la raza humana es un poco desastrosa, con
nuestras tercas enfermedades, nuestras limitaciones físicas y la brevedad de
nuestra vida. Si a ello añadimos las envidias, la violencia y las angustias, el
proyecto transhumanista empieza a parecer razonable. Si fuera tecnológicamente
posible , ¿por qué no íbamos a querer superar nuestra especie actual? La
aparente sensatez del plan, sobre todo si se proyecta hacer de forma gradual, es
una de las cosas que lo hace peligroso. La sociedad no va a caer de repente bajo
el hechizo de la concepción transhumanista. Pero es muy posible que
mordisqueemos las tentadoras ofertas de la biotecnología sin darnos cuenta de su
aterrador coste moral.
La primera víctima del transhumanismo
podría ser la igualdad. La Declaración de Independencia de Estados Unidos afirma
que todos los hombres son creados iguales, y las luchas políticas más intensas que ha habido en la
historia del país han sido las disputas sobre quién reunía los requisitos para
ser considerado plenamente humano. En 1776, cuando Thomas Jefferson redactó la
declaración, las mujeres y los negros no estaban incluidos. Poco a poco, con
esfuerzo y dificultades, las sociedades avanzadas han comprendido que el mero
hecho de ser humano da a alguien el derecho a la igualdad política y legal. De
hecho, hemos trazado una línea roja alrededor de la persona y hemos dicho que es
sacrosanta.
La idea de la igualdad de derechos se basa en que todos poseemos una esencia
humana más importante que las diferencias. Dicha esencia, y la opinión de que,
por consiguiente, los individuos poseen un valor intrínseco, constituye el
centro del liberalismo político. Sin embargo, la base del proyecto
transhumanista consiste en modificar la esencia. Si empezamos a transformarnos
en algo superior, ¿qué derechos reivindicarán esas criaturas perfeccionadas y
qué derechos poseerán en comparación con los que se queden atrás? Si unos dan un
paso adelante, ¿podrá alguien permitirse no imitarlos?
Inquieta ya en las
sociedades ricas y desarrolladas. La amenaza a la idea de igualdad preocupa más
aún si se piensa en los ciudadanos más pobres del mundo, que, seguramente, no
tendrán acceso a las maravillas de la biotecnología.
Si empezamos a transformarnos en algo superior,
¿qué derechos reivindicarán esas criaturas perfeccionadas y cuáles poseerán en
comparación con los que se queden atrás?
Los partidarios del transhumanismo creen saber lo que constituye un
buen ser humano, y están dispuestos a dejar atrás a los seres limitados a cambio
de algo mejor. ¿Pero de verdad lo comprenden? A pesar de nuestros defectos
visibles, los humanos somos productos milagrosamente complejos, derivados de un
largo proceso evolutivo; unos productos en los que el todo es mucho más que la
suma de las partes.
Nuestras buenas características están íntimamente
relacionadas con las malas: si no fuéramos violentos y agresivos, no podríamos
defendernos; si no tuviéramos sentimientos posesivos, no seríamos leales a la
gente cercana a nosotros; si no tuviéramos celos, tampoco sentiríamos amor.
Incluso nuestra mortalidad desempeña una función esencial, porque permite que la
especie, como tal, sobreviva y se adapte (y los transhumanistas son
prácticamente el grupo al que menos me gustaría ver vivir eternamente).
Modificar cualquiera de nuestros rasgos fundamentales entraña modificar un
conjunto complejo e interrelacionado de características, y nunca podremos
predecir el resultado final.
Nadie sabe qué posibilidades surgirán para que el hombre se modifique a sí
mismo, pero se pueden ver los primeros atisbos en los fármacos para alterar la
conducta que toman nuestros hijos. El ecologismo nos ha enseñado humildad ante
la naturaleza no humana. La necesitamos también frente a la nuestra, humana. Si
no, estaremos invitando a los transhumanistas a desfigurar la humanidad con sus
excavadoras genéticas y sus almacenes de psicotrópicos.
TRANSHUMANISMO, UNA PROPUESTA FILOSÓFICA PARA EL TERCER
MILENIO (***)
Fukuyama ha arremetido en un artículo contra el transhumanismo,
considerándolo como una de las ideas más peligrosas del pensamiento actual,
aunque reconociendo que ya no se le puede considerar como ciencia ficción
tomada demasiado en serio. El transhumanismo es un fenómeno social mucho más
complejo que se basa en los previsibles cambios venideros: un mundo nuevo en el
que la muerte ha desaparecido merced a las capacidades tecnológicas alcanzadas.
Cuestión de décadas.
Francis Fukuyama,
miembro del
Consejo Presidencial de
Bioética de EEUU y autor de
Nuestro
Futuro Posthumano: Consecuencias de la Revolución Biotecnológica,
ha publicado un articulo sobre
Las
ideas más peligrosas del mundo: el Transhumanismo en la prestigiosa
revista
Foreign Policy. Respuestas a la
opinión negativa de Fukuyama sobre el perfeccionamiento de los seres humanos
a través de la tecnología han sido publicadas por
Ron Bailey y
Nick Bostrom. Aunque no hace falta decirlo, a mí me parece que estas
respuestas tienen mucho más sentido que el artículo de Fukuyama, y quisiera
invitar a todos a leer las fuentes y a formarse su propia opinión.
Pero, ¿qué es el transhumanismo, esta idea peligrosa que tanto asusta a
respetados profesores y intelectuales como Fukuyama? En palabras muy
simples, el transhumanismo se puede definir como el reconocimiento del hecho
de que se puede utilizar la tecnología para mejorar radicalmente a los seres
humanos (como individuos, como sociedades, y como especie), así como pensar
que hacerlo es bueno. A pesar de que hoy en día los expertos no tienen
muchas dudas sobre el primer punto (se puede), el debate sobre el segundo
punto (se debe), se acalora siempre más, siendo el articulo de Fukuyama uno
de los últimos ejemplos.
Los argumentos en contra de la continua mejora de los seres humanos con
ayuda de la tecnología hacen a menudo referencias a malconcebidas y
nebulosas ideas de dignidad humana, humildad y reverencia
por la naturaleza. Es fácil reconocerlos como viejos argumentos
religiosos (por ejemplo si Dios hubiera querido que los hombres pudiéramos
volar, nos hubiera creado con alas) disfrazados. A pesar de esto, hoy en
día un nuevo tipo de bicho o parásito, el autoproclamado bioeticista, que
no tiene nada útil que aportar, encuentra un cómodo nicho en el que
parasitar quejándose de la posibilidad de extender y mejorar la vida humana. Estas palabras entrecomilladas son del nuevo libro de Robert
Ettinger,
Youniverse.
¿Qué quiere
decir mejorar? Una mejora muy importante será permitir que la gente
viva vidas mucho más largas y con mucha más salud. ¿Qué quiere decir
mucho más largas? Es un asunto de ingeniería médica: pueden ser
cientos de años. Tal vez, miles de años. Quizás, y esta es la posibilidad
asombrosa que estamos empezando a ver, un tiempo indefinido: si no nos ocurren
accidentes mortales, para siempre. Eso es el tema tratado en el ultimo libro
de Ray Kurzweil:
El
viaje fantástico: vivir bastante para vivir eternamente. En una
reciente charla a la que se ha referido el Washington Post, Kurzweil
dijo "La nanotecnología nos permitirá reconstruir radicalmente y
extender a nuestros cuerpos con la ayuda de nanobots, cachrarritos robóticos más
pequeños que las células que nadarán en nuestra sangre para reparar errores
en el ADN, combatir patógenos y expandir la inteligencias.
Llegados a este
punto, los seres humanos podrán vivir para siempre.
Una
protección de los accidentes mortales puede ser ofrecida por una
tecnología futura conocida como mind uploading: hacer una copia de
seguridad de la información contenida en tu mente, para permitir volver
a cargar la misma en un nuevo cerebro biológico o robótico. Aún si
esta idea puede presentar algún problema filosófico relacionado con los
conceptos de yo e identidad, su aplicación práctica está siendo analizada y
estudiada.
Ray Kurzweil piensa que para que lo que a la extensión de la vida se
refiere, opciones de semejante radicalidad podrían ser disponibles en unas
cuantas décadas. Eso quiere decir que tus hijos podrían vivir eternamente.
Sí, has entendido bien: tus hijos podrían vivir eternamente. Para nuestra
generación, y si el desarrollo de las tecnologías de extensión de la vida
tuviese que proceder más despacio, una opción disponible es el procedimiento
conocido como criónica: congelar tu cuerpo después de la muerte a la
temperatura del nitrógeno liquido (de tal manera que todo el proceso de
degradación biológica se para), con la esperanza que dentro de unas cuantas
décadas la ciencia médica sea capaz de devolverlo a la vida y a la juventud
eterna. Para realizar este sueño, más o menos doscientos pacientes
temporalmente muertos ya han sido congelados y muchos más se han apuntado.
Véanse los sitios web de
Alcor y del
Cryonics Institute para más
información.
La extensión
radical de vida, la criónica y el mind uploading son los
temas transhumanistas a los que la prensa popular se refiere más a menudo,
pero sólo representan a la parte visible del iceberg transhumanista. El
transhumanismo es ahora una visión del mundo comprensiva y intelectualmente
sofisticada, cuyos pensadores están, lenta pero continuamente, desarrollando
los fundamentos de un sólido sistema filosófico para este tercer milenio.
En el mundo de hoy, los transhumanistas fomentan al desarrollo de, y la
accesibilidad a, nuevas tecnologías que puedan permitir a todos de disfrutar
de mentes mejores, cuerpos mejores, y vidas mejores. Véase al respecto
los
sitio web de la
Asociación
Transhumanista Mundial para más detalles
o de
Extropy Institute. Las listas de
correo de estas dos organizaciones son los principales foros donde se
discute y elabora la visión del mundo transhumanista. Entre los sitios web
más completos en español, destacamos el Foro y Asociación Transhumanista Fast,
ad Astra (Fastra) y la
Asociación Transhumanista
Internacional.
¿Una idea peligrosa?
¿Es el transhumanismo una idea peligrosa? Seguramente lo es para aquellos
que valoran los conceptos abstractos por encima del bienestar de los seres
humanos. Para los demás, el transhumanismo es una hermosa visión y una
extensión natural del pensamiento humanista clásico. Es una visión de
libertad, la libertad de elegir qué persona quieres ser. A veces a los
transhumanistas se le acusa de olvidarse de las consecuencias sociales de
sus propuestas, y los críticos nos advierten de un Mundo Feliz con
demasiadas diferencias entre los que tienen y pueden, y los que no tienen y
no pueden. Semejantes opiniones negativas, que nacen probablemente de una
falta de comprensión deliberada del mensaje transhumanista, no podrían estar
más alejadas de la realidad. (véase, por ejemplo, el apartado
Preguntas Frecuentes (FAQ)
en el sitio web de la Asociación Transhumanista Mundial.
Quizás el
primer autor en utilizar explícitamente la palabra transhumanismo
fue Sir Julian Huxley (1887-1975). Hermano del autor Aldous Huxley, su padre fue Leonard
Huxley, y su abuelo de parte de padre fue el biólogo T H Huxley. También
fue amigo y mentor del biólogo Konrad Lorenz. Huxley fue el primer Director
General de la UNESCO y uno de los fundadores del World Wildlife Fund.
Escribió ensayos de ciencia popular, incluyendo Ensayos de un Biólogo y
Evolución: La Síntesis Moderna. Fue hecho Caballero (Knoght) in 1958.
En Nuevas Botellas para Vino Nuevo (Chatto
& Windus, 1957), Huxley escribió: La especie humana puede, si así quiere, transcenderse a sí
misma, no sólo enteramente, un individuo aquí de una manera, otro individuo
allá de otra manera, sino también en su integridad, como humanidad.
Necesitamos un nombre para esa nueva creencia. Quizás transhumanismo puede
servir: el hombre sigue siendo hombre, pero trascendiéndose a sí mismo,
realizando nuevas posibilidades de, y para, su naturaleza humana. Un
extracto mucho más largo de este excelente libro, lamentablemente no
disponible online en su integridad, se encuentra en el articulo
Transhumanismo,
de Julian Huxley en el sitio web de la
Asociación Transhumanista
Mundial.
Utilizar la
tecnología para mejorar radicalmente las capacidades de los
seres humanos se considera como una opción realista a medio plazo por la
Iniciativa NBIC en
EEUU: la convergencia de la nanociencia, la biotecnologia, las
tecnologias de la información y la ciencia cognitiva (NBIC), ofrece
inmensas oportunidades para mejorar las capacidades humanas, sus
consecuencias sociales, la productividad nacional y la calidad de vida;
también representa a una nueva e importante frontera en investigación y
desarrollos.
A pesar de
despreciar a los transhumanistas como algún tipo de secta rara, nada más que
ciencia ficción tomada demasiado en serio, que solía ser la postura
corriente, Fukuyama reconoce ahora que los nuevos procedimientos
y tecnologías que están emergiendo de los laboratorios de desarrollo y de
los hospitales -sean psicofármacos, medicamentos para mejorar el tono
muscular o borrar selectivamente algunos recuerdos, análisis genético
prenatal, o terapias genética - pueden fácilmente ser utilizados tanto para
mejorar la especie como para curar la enfermedad. Y ofrece una precisa y
compacta definición de la visión transhumanista: según el pensamiento transhumanista, los seres humanos tienen que rescatar su destino biológico
de las manos de los ciegos procesos de variación aleatoria y adaptación de
la evolución, y avanzar hasta la próxima etapa como especie.
Mejorar a los seres humanos a través de la
tecnología estará algún día en
el centro del debate político, que promete ser muy acalorado, y cuyos
resultados impactarán sobre el futuro de las biotecnologías y de las
tecnologías avanzadas de la información, así como sobre el conjunto de la
sociedad entera. Todos tenemos que empezar a pensar dónde nos queremos
situar en este debate. En las palabras del autor canadiense Christopher
Dewdney Lo que pasará, en la era transhumana, es que la mente y la materia
se mezclarán (Last
Flesh: Life in the Transhuman Era). Y eso es todo lo que podemos decir
con seguridad en este momento: la mente y la materia se mezclarán.
En otras palabras, con
herramientas integradas en nuestros cerebros,
todos, hombres y mujeres (o quién sabe, ¿quién ha dicho que seguirán
existiendo nada más que dos sexos?) van a poder controlar su entorno
material mucho más y mejor, existirán nuevos sistemas culturales, sociales y
económicos que hoy ni siquiera podemos imaginarnos, y las vidas de los
posthumanos se parecerán muy poco a nuestras vidas limitadas.
Viendo que
estos enormes cambios se van acercando, algunos hablan de una inminente Singularidad: el momento en el que el crecimiento exponencial de la
tecnología y de la cultura se hace tan rápido que provoca una ruptura
catastrófica con el pasado y el nacimiento repentino de un nuevo mundo.
Otros, como por ejemplo yo, creen que los humanos se adaptarán suavemente a
los cambios futuros, como siempre nos hemos adaptado a los cambios en el
pasado, y que las cosas seguirán pareciéndose a lo de siempre para
aquellos que vivan a través de los cambios.
IMAGENES
01: ¿Evolución
Biorobótica de la Humanidad? |